Autor: Bandrés Molet, Juan María. 
   Por qué rechazamos el Plan Zen     
 
 Diario 16.    24/05/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

JUAN MARÍA BANDRES

Diputado de Euskadiko Ezkerra

Por qué rechazamos el Plan ZEN

El proyecto del Ministerio de Interior para la pacificación del País Vasco está recibiendo una acogida

muy distinta por las diversas fuerzas políticas. Exponemos aquí la opinión del líder abertzale Juan María

Bandrés que, en nombre de su grupo, se opone al Plan ZEN, aun sin conocerlo en su totalidad.

El Plan ZEN —que nada tiene que ver con filosofías orientales y yo creo que sí, en cambio, con muy

concretas inspiraciones centroeuropeas— ha sido dado a conocer a la Junta de Seguridad de Euskadi y, en

consecuencia, al Gobierno vasco.

En un primer momento se nos anunció que el Gobierno vasco aprobaba las líneas teóricas del Plan, luego

se rectificó y el Gobierno vasco desmintió su apoyo total al ZEN. El Gobierno autónomo afirma que no

conoce el Plan en profundidad.

Político-policial

Lo mismo nos pasa a nosotros, que no conocemos al detalle el Plan, pero que desde hace muchos años

seguimos confiando más en las medidas políticas que en las policiales para normalizar Euskadi. Que no

nos gusta que estos planes se redacten en Madrid y luego se nos comuniquen pura y simplemente para su

cumplimiento a quienes los vamos a sufrir. Que seguimos manteniendo serias reservas frente a cualquier

proyecto gestado en el Ministerio de Interior. Que hemos visto fracasar tantos planes adoptados al margen

de las fuerzas políticas vascas y ejecutados con tanto desprecio para los derechos y libertades

individuales.

No conocemos el Plan en toda su extensión y nuestro juicio es, en consecuencia, más intuitivo que

científico, pero tenemos que ser sinceros: no nos gusta.

Habrá que estudiar más serenamente las consideraciones del ZEN sobre la ley de Reinserción Social de

Organización Armadas que abre las posibilidades de un debate profundo sobre algo tan importante y

decisivo para la paz en Euskadi como la existencia actual de presos y exiliados políticos.

Pero hoy prefiero hacer algunas consideraciones sobre el único capítulo del ZEN que ha llegado íntegro a

mis manos: «Motivaciones e incentivos.»

El Plan presenta a Euskadi (Navarra incluida) como país de misiones. «Ha de promocionarse la idea de

que los mejores deben ir al País Vasco», dice el Plan.

Pero que los mejores (los más valientes, los más audaces y por qué no decirlo, los más ambiciosos)

vengan a Euskadi nos va a costar a todos los contribuyentes mucho dinero. Catorce mil millones de

pesetas.

Usted y yo les vamos a pagar, además del sueldo, una gratificación por estancia en zona especial, un

complemento de responsabilidad, un premio colectivo de hasta diez millones mensuales para grupos

operativos, un complemento de permanencia en la zona a partir del tercer año y un complemento especial

de vivienda.

Les vamos a conseguir —lo que usted y no no podremos alcanzar— préstamos para la adquisición de

viviendas a bajo interés y largo plazo.

Les vamos a pagar la «adecuada defensa jurídica» por hechos cometidos en acto de servicio. Si a alguno

de ellos se le va la mano y le tortura a usted, eso sí, en acto de servicio, usted también participará en el

pago de los honorarios del abogado que defienda al policía.

Les facilitaremos colonias y residencias veraniegas, les concederemos becas de estudio y, finalmente,

entre otras ventajas que detalle el ZEN, les subvencionaremos para que sean socios de clubs adecuados a

sus aficiones, usted les pagará, pues, las cuotas del náutico, del tenis, del golf o de la hípica. Quince mil

millones dan mucho de sí.

Policías, descontentos

Pero todo esto sólo deja contenta a una ínfima parte de las Fuerzas de Seguridad del Estado. He hablado

con policías democráticos y me han dicho que «están indignados». Que estas ventajas «son para los de

siempre». Ni los cuerpos administrativos, ni auxiliares de seguridad, ni la Brigada de Seguridad

Ciudadana, ni la Policía Judicial, ni la Inspección de Guardia participan de estas ventajas, aunque sí lo

hagan de los riesgos de ser funcionarios del Ministerio de Interior.

En este aspecto —aunque sea parcial— del Plan se van a intensificar las diferencias de clase entre

compañeros de profesión. Se va a consolidar un cuerpo de élite. Una nueva clase de conquistadores que el

pueblo no va a aceptar, ¿y en todo esto qué pinta la Policía autónoma?; no, definitivamente, este Plan no

nos gusta.

 

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