Autor: Calvo, Luis. 
   Declaraciones a ABC del nuevo embajador británico en Madrid, Sir George Labouchere     
 
 ABC.    08/07/1960.  Páginas: 2. Párrafos: 25. 

DECLARACIONES A «ABC» DEL NUEVO EMBAJADOR BRITÁNICO EN MADRID, SIR

GEORGE LABOUCHERE

TEMAS: España y Gran Bretaña, sus buenas relaciones presentes y sus puntos de fricción. El fracaso de

las primitivas teorías marxistas. La fusión de las Iglesias cristianas. Democracia y aristocracia. Progresos

económicos de España. La herencia del cristianismo, como razón de amistad entre los occidentales

El nuevo embajdor de Gran Bretaña en Madrid, Sir George Labouchere, es hombre joven, culto, animoso,

dotado de singular ingento, y, desde hace treinta años amigo sincero de España .En el curso de varias

conversaciones "informal", sin protocolo, sin preguntas ni respuestas escritas y revisadas, dentro del "fair

play" el ilustre diplomático británico ha abordado con el Director de "ABC" diversos problemas, referidos

a su Patria, a España y al mundo actual. Esas conversaciones han sido, luego, por nosotros condensadas

en el siguiente interrogatorio, en homenaje a la claridad y concisión periodísticas.»»

—¿Cuántos años ha pasado Su Excelencia en España antes de s e r nombrado embajador de Su Majestad

la Reina?

—Estuve aquí de 1930 a 1932, siempre en el servicio diplomático de la Embajada británica; parte de ese

tiempo con la Monarquía de Don Alfonso XIII y arte durante la

pública.

2 —¿Qué rasgos, qué costumbres le impresionaron entonces en mi país?

—Yo creo francamente, puesto que con toda franqueza vamos a hablar, que en aquella época, siendo yo

muy joven, me interesó lo que a todos los .británicos interesaba. Eran los años de la "Argentinita" y la

"Argentina". Eran los años de Domingo Ortega, de Marcial Lalanda, de Barrera. Me impresionó,

naturalmente, el flamenco. Me impresionaron los bailes regionales y las costumbres de Galicia, de

Cataluña, del País Vasco, de Aragón. Todo lo que veía me llamaba la atención. Era algo joven y

probablemente no pude apreciar, como ahora, los inmensos tesoros artísticos y arquitectónicos de España.

Recuerdo que también me impresionaron, pero no en el mismo grado que ahora.

3—¿Existen afinidades entre el pueblo español y el británico? —Yo creo que sí, y que muchas. Creo muy

de veras que nuestros dos pueblos poseen individualidad, tradición, caballerosidad, dureza frente a las

dificultades. Están fundamentalmente hechos para ser excelentes amigos. Y a este propósito quiero

decirle que, día tras día, me emociona la cantidad de amigos que hice hace treinta años y que tan gratos y

amables son conmigo desde que volví a Madrid.

4 —¿Cuáles son sus mejores propósitos de embajador británico en España, y qué perspectivas prevé S.E.

para el mejoramiento sólido y permanente de las relaciones entre los dos países?

—Yo veo buenas perspectivas en el horizonte. No creo que me equivoque al decir que durante la

Embajada de mi predecesor, Sir Ivo Mallet, se ha creado entre, España y Gran Bretaña una atmósfera más

amistosa. La intención de mi Gobierno es que se consolide esa política, esas relaciones de cordialidad, y

puedo asegurarle que me siento muy feliz de ser un instrumento en esos propósitos. Marchamos por la

buena vía. El ministro de Asuntos Exteriores, señor Castiella, va a visitar Londres. Creo que en lo futuro

tendremos otras visitas importantes de alcaldes, de gobernadores civiles, de hombres representativos.

Mi opinión es que también los intercambios culturales han de intensificarse, con danzas, con orquestas,

con conferencias, con libros de España. Ya sabe usted el gran éxito que Victoria de los Angeles ha tenido

en Londres, pero esto no es suficiente. Tenemos que llegar hasta el punto en que la Prensa de ambas

naciones haga un esfuerzo para apreciar todo lo que en cada una de ellas se está realizando y para

informar cabalmente de todo a sus lectores. No bastan los ademanes de amistad. Es necesario que nos

veamos unos a otros haciendo ademanes de amistad.

• —¿Cree Su Excelencia que hay puntos de fricción entre Gran Bretaña y España?

—Siempre hay diferencias entre todos los países. Pero no hay razón para que esas diferencias se

conviertan en puntos de fricción. En realidad, yo separo la palabra diferencia_ de la palabra fricción.

Y le digo de nuevo que a los Gobiernos y, sobre todo, a la Prensa de nuestros países incumbe la

obligación de que esas diferencias sean tratadas de tal modo que puedan llegar a ser comprendidas y, por

lo tanto, atenuadas y encauzadas por vías de posibles resultados ventajosos. De nuevo y siempre insistiré

en que la Prensa es en España y en Gran Bretaña un factor importante para la solución de todo.

6— El fracaso de "El Capital", de Marx, se produce cuando se crean las Sociedades Anónimas por

acciones. Marx fue muy mal agorero.Actualmente vemos que las clases trabajadoras en Inglaterra y en

todo el Occidente, y. naturalmente, en mi país, ascienden, con facilidad al poder económico. ¿Quiere S. E.

hablarme de este tema trascendental?

—Me parece muy pertinente y muy interesante esa pregunta. Veo que sabe usted perfectamente que en

ella se encierra el desenvolvimiento de Gran Bretaña. Esa pregunta es la que tienen planteada los tres

partidos más importantes de Gran Bretaña y, sobre todo, el partido socialista británico. La realidad es que

en mi país la mayoría de las motivaciones que originaron el partido laborista y por las cuales lucho

valientemente carecen ahora de sentido. La lucha ha sido ganada y el pueblo británico vive con holgura;

quiero decir que forma parte de la sociedad, desahogada económicamente. Y así ocurre que empieza

ahora a plantearse el problema de que, en términos generales, las teorías primitivas del marxismo respecto

a los medios de distribución, de producción y de cambio, ya están tal vez anticuadas. Es discutible el

determinar si hay o no mejores modos de procurar una vida más rica para los más necesitados. Esto es,

precisamente, lo que ahora se debate con ardor en Gran Bretaña.

7 —¿Cree Su Excelencia que las religio- nes fundamentadas en el Nuevo Testamento pueden un día

fundirse?

—Me gusta pensarlo, pero ello me parece un poco utópico. Lo que ocurre es que las religiones de los

pueblos están tan íntimamente vinculadas a su historia y a sus tradiciones, que acaso sea toda-

vía prematuro esperar formas idénticas del culto religioso. Pero yo no considero esto muy importante. Lo

importante para mí es que creemos en el mismo Dios y en la Trinidad, y que cualesquiera que sean las

formas de nuestro culto, formas enraizadas en la tradición, los cristianos del mundo entero tienen que

coexistir y darse cuenta de la herencia común sin menoscabo de esas tradiciones históricas peculiares a

cada país.

—¿Qué opina S. E, de la democracia?

¿Es posible una democracia sin jerarquías?

—No. Eso sí que no. Una democracia sin jerarquías no puede existir. Siempre habrá una élite en todas las

formas de gobierno. La cuestión es en qué debe consistir esta élite.

—Gran Bretaña crea de continuo uno nueva aristocracia; ¿Cómo, se explica el funcionamiento de la

democracia en colaboración con el sentido aristocrático del pueblo británico?

—Si por aristocracia quiere usted significar una aristocracia de cuna, considero que esta parte de la

comunidad desempeña un papel al contribuir, con un sentido de tradición y ,de historia, a la principal

corriente del desarrollo británico. También, hablando en general, es justo decir, creo yo, que la

aristocracia británica sería la última que se contentase con tan pasivo papel. Con muy pocas excepciones,

posee un sentido de responsabilidad que la lleva a tomar parte en la vida política y administrativa del país.

Por la misma característica, la aristocracia en Gran Bretaña no es, me complace decirlo, estática, sino que

se amplía continuamente mediante el matrimonio y las nuevas creaciones de títulos concedidos como

premio por servicios al país. De este modo, Gran Bretaña, con su habilidad para la transigencia, se mueve

lentamente, pero con firmeza hacia una democratización de la aristocracia o, si usted prefiere, una

aristocratización de la democracia, y esto, creo, proporciona la estabilidad y el equilibrio.

10 —¿ Piensa S. E. que España, que continúa económicamente herida por las dificultades de su trágica

guerra civil y del aislamiento subsiguiente a la guerra internacional, tiene hoy un nivel de vida más

alentador?

_ —Lo creo firmemente. España está haciendo grandes progresos económicos. Á mí me parece que está

en una época en que le salen los dientes de la liberalización económica. E1 proceso sigue un curso seguro

y alentador. España ha demostrado mucho valor.El camino no será fácil, pero creo que el Occidente debe

alentarla y apoyarla.

11 — La amistad hispana-británica ha sido siempre exaltada por hombres de todos los matices

políticos. ¿Podría S. E. decirme los beneficios que esa amistad proporcionará a nuestras dos naciones?

—No quiero incurrir en lugares comunes. De verdad tengo el convencimiento, y lo tiene también mi

Gobierno, de que la amistad hispano-británica es muy importante. Son Gobiernos herederos de la

civilización cristiana, y ello nos induce a pensar que esa amistad es necesaria y conveniente. Si alguna vez

ha habido en la Historia del Mundo un momento en que los fieles del Cristianismo deben estar unidos, ese

momento es el actual, y España y Gran Bretaña son grandes naciones cristianas. El laberinto de

diferencias y de luchas que separan al mundo no deben destruir esa raíz inmortal del Cristianismo, sino

que tiene que estimularnos a la unión afectuosa y fecunda.

 

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