Autor: Echalar, Ignacio de . 
   El sentido de mi visita a Madrid es el proseguir y reforzar la política de amistad peninsular  :   
 Este viaje representa para mí la satisfacción de encontrar, por vez primera, al Generalísimo Franco. 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 18. 

«EL SENTIDO DE MI VISITA A MADRID ES EL DE PROSEGUIR Y REFORZAR LA POLÍTICA

DE AMISTAD PENINSULAR»

• "ESTE VIAJE REPRESENTA PARA MI LA SATISFACCIÓN DE ENCONTRAR, POR VEZ

PRIMERA, AL GENERALÍSIMO FRANCO"

• "Yo colaboré, hace veinte años, en el estudio del Pacto de Amistad, que es la piedra angular de las

relaciones luso-españolas"

Declaraciones especiales para ABC del ministro portugués de Negocios Extranjeros, embajador Marcello

Mathias, que, en visita oficial, llegará a Madrid el próximo lunes

LISBOA. Van a vivirse en fecha inmediata, en Madrid, unas jornadas de relevante significación política,

singularmente gratas para España y para la causa de nuestra fraterna amistad con Portugal. El próximo

lunes, día 15, llegará a nuestra capital,en visita oficial y para una permanencia de tres días, el ministro

portugués de Negocios Extranjeros, embajador Marcello Mathias. Figuran en su séquito, con otros altos

funcionarios del Departamento, el doctor Alberto Franco Nogueira, director general de Negocios

Políticos, y el doctor Rui Teixeira Guerra, director general de Negocios Económicos y Consulares. El

ilustre representante del Gobierno del doctor Salazar, que va a ser nuestro huésped, es una de las más

brillantes figuras de la diplomacia lusitana, a cuyo servicio viene laborando, hace treinta años,desde los

puestos de mayor relieve y responsabilidad. Entre los años lejanos en que inicia su carrera en Río de

Janeiro, como tercer secretario, hasta septiembre de 1958, en que el presidente del Consejo le reclama

para asumir la cartera que hoy desempeña, la activa y esforzada vida profesional de Marcello Mathias

constituye un ejemplo de dedicación fervorosa y de excepcional competencia. Director general de

Negocios Políticos y secretario general del .Ministerio en 1946, fue nombrado, en 1948, embajador de su

país en Francia, permaneciendo en este importante puesto durante once años. A lo largo de toda su carrera

presidió numerosas Delegaciones, destacándose su actuación en varias reuniones de la N. A. T, O., en

cuyo organismo goza de gran prestigio y popularidad. Ya como ministro, visitó, también oficialmente,

Alemania y Bélgica, en el pasado año. El embajador es un hombre de extraordinaria preparación técnica,

curtido y veterano en las lides de la negociación, que une a su agilidad intelectual una experiencia

diplomática poco frecuente. Es, en resumen y por los cuatro costados, un político, en la medida en que la

diplomacia es política. Que lo es, antes que nada y por encima de todo.

Une a tan destacadas cualidades, además, la de ser un sincero y dedicado amigo de España. Basta para

comprenderlo, si esa amistad no estuviese probada tantas veces a través de su actuación, el tono de

admiración y de entusiasmo con que habla de nuestra Patria, que ha visitado en innumerables ocasiones

desde su juventud y que conoce a fondo. Recuerda la primera de estas visitas, en su despacho oficial del

Ministerio, donde ha tenido la bondad de recibirme y de responder a unas preguntas formuladas en

nombre de ABC.

—Sí, conozco bien España—nos dice el ministro—. Mi primera visita fue en tiempos todavía

universitarios, en los que estuve en Madrid, en la Residencia de Estudiantes, invitado por algunos colegas

españoles. Más tarde, estudiante aún, volví con una "tuna" portuguesa y no olvidaré nunca nuestra visita a

Toledo y muy especialmente al célebre Alcázar, en el cual fuimos acogidos por compañeros de la

Facultad madrileña de Derecho y los cadetes que hacían su preparación militar en la Academia de

Infantería. La recepción fue de una cordialidad desbordante, y recuerdo que, después de unas palabras

emocionantes del director de la Academia, hablé yo en nombre de mis compañeros, y como la oferta más

significativa y entrañable, dejé allí la capa de nuestro clásico atuendo escolar. Fueron jornadas de

camaradería juvenil que quedan para siempre en la memoria;

—¿Podría decirnos, Excelencia, algunas palabras sobre su inmediato viaje a España?

—Se trata, evidentemente, de una muy grata visita de amistad, prosiguiendo las cordiales relaciones

lusoespañolas. Mi presencia en Madrid se incluye en el cuadro de los contactos que son tradicionales en-

tre los hombres de .Gobierno de los dos países de la Península y que corresponden a los lazos de íntima

amistad, que tanto se estrecharon entre nosotros a lo largo de los últimos veinte años.

—¿Conoce S. E. personalmente a su colega español, nuestro ministro de Asuntos Exteriores?

—Tuve el placer y el honor de conocerle por primera vez durante el viaje que realicé a Roma, en

diciembre de 1958, presidiendo la Misión extraordinaria que Portugal envió a la Coronación del Pontífice

Juan XXIII. El embajador de España ante la Santa Sede tuvo la gentileza de invitarme a un almuerzo en la

Embajada, al que asistieron todos los cardenales españoles que estaban en la Ciudad Eterna y también mi

gran amigo el embajador del Brasil en Lisboa, Negrao de Lima, en aquel tiempo ministro de Relaciones

Exteriores de su país. Fue, como le digo, en aquella solemne ocasión cuando conocí al señor Castiella,

con quien tanto me satisface .volver a encontrarme ahora en la capital española.

—¿Querría decirnos algo más, señor ministro, sobre su visita a Madrid?

—Muy especial y principalmente, que representa para mi la gran satisfacción de encontrar por vez

primera al Jefe del Estado, Generalísimo Franco.

Como ya le he dicho, el sentido de la visita es el de proseguir y reforzar la política de amistad peninsular,

continuando de esta manera las cordiales relaciones que aquí en Lisboa mantengo en todo momento con

el embajador de España, mi buen amigo el conde de Marín.

Quiero también señalar —prosigue el doctor Marcello Mathias—que siendo la piedra angular en que se

basan nuestras relaciones, el Pacto de Amistad y No-Agresión. firmado entre España y Portugal en marzo

de 1939, yo tuve la, satisfacción de colaborar en el estudio de este Tratado, por estar en aquella ocasión

destinado en la Dirección de Política del Ministerio.

Recordamos al ministro que existe una fotografía, que hoy es un verdadero documento histórico, del acto

de la firma del Tratado, en la que él figura junto a las personalidades que suscribieron aquel importante

instrumento diplomático.

—Si, en efecto, por la razón que lo digo aparezco allí, entre otros diplomáticos españoles y portugueses,

al lado del presidente Salazar y del embajador de España, don Nicolás Franco.

La cordial simpatía del ministro, su generosa deferencia, permiten que la conversación derive hacia temas

y recuerdos más personales. Hablamos de su larga permanencia en París como embajador.

—En los muchos viajes que durante años hice en coche desde la capital francesa a Lisboa, tuve

numerosas ocasiones de visitar, con reposo y atención, diversas regiones y ciudades de España. Siempre

me unieron lazos muy sinceros de amistad con los españoles. Me complace recordar las magníficas

relaciones que mantuve en París con los embajadores españoles don Manuel Aguirre de Cárcer y el conde

de Casa Rojas, excelentes colegas míos en todo momento.

Es necesario terminar la entrevista para no abusar de la gentilísima acogida del ministro. Le deseamos en

su misión en España un éxito que puede darse desde ahora por descontado. Ya en la puerta de su

despacho, todavía nos dice, en el tono más expresivo y amistoso:

—Siempre voy con interés y con emoción a su país. España, por el brillo y la belleza de su historia, por el

encanto único de sus tierras y sus paisajes, por la monumentalidad de sus catedrales y de sus tesoros

artísticos, es un verdadero lugar de peregrinación y por eso, con ese sentido de peregrinación, he

procurado recorrerla tantas veces.

La llegada a España de un portugués es siempre un motivo de júbilo para nosotros. Lo es doblemente si

ese portugués es un miembro del Gobierno que preside Oliveira Salazar. Lo es, en grado superlativo, si

ese ministro de Portugal siente hacia nuestra patria el afecto sincero y la entrañable admiración que se

hacen transparentes en las palabras del embajador Marcello Mathias, que, en visita oficial y fraterna,

llegará a Madrid el próximo lunes.

Ignacio DE ECHALAR

 

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