Ni España ni la Gran Bretaña pueden volver la espalda al desarrollo de Europa  :   
 Esperemos con confianza los horizontes que se abrirán para el comercio anglo-español. 
 ABC.    26/08/1959.  Página: 23-24. Páginas: 2. Párrafos: 27. 

A B C.MIÉRCOLES 26 DE AGOSTO DE 1959. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 23

NI ESPAÑA NI LA GRAN BRETAÑA PUEDEN VOLVER LA ESPALDA AL DESARROLLO DE

EUROPA»

"ESPEREMOS CON CONFIANZA LOS HORIZONTES QUE SE ABRIRÁN

PARA EL COMERCIO ANGLO-ESPAÑOL"

Discurso deL embajador inglés, sir Ivo Mallet,, en la Cámara de Comercio de Bilbao

Bilbao 25.La Cámara de Comercio bilbaína ha ofrecido un banquete con motivo de su reunión anual al

embajador de la Gran Bretaña en España sir Ivo Mallet. Presidieron el acto, con el presidente de la

Cámara, don Pedro-Galíndez, las autoridades locales y provinciales y el Cuerpo Consular en pleno.

También asistieron numerosos invitados.

A los postres hizo uso de la palabra el señor Galíndez, quien dio las gracias al embajador inglés por

haberse trasladado a Bilbao con el fin de visitar la Feria de Muestras.Se refirió luego a las relaciones

económicas entre los dos países y manifestó que son cada vez mayores los intercambios de todo orden.

Por último, el señor Ivo Mallet, tras agradecer las frases de elogio que le fue-rou hechas, pronunció el

siguiente discurso: Los ingleses pueden enorgullecerse de la larga relación que ha existido entre el Reino

Unido y Bilbao. Ya hace tres siglos y medio el acero de Bilbao era conocido en Inglaterra. Shakespeare

hace escapar a Falstaff en una cesta "doubled like a good Bil-bo"—es decir, "doblado como una buena

espada de Bilbao, los talones con la cabeza"—. No existen fronteras entre España e Inglaterra: el mar es

un eslabón que nos une. Esto es especialmente aplicable a Bilbao y es lo que ha hecho posible para el

Reino Unido en tiempos pasados a que contribuya al desarrollo de la industria vizcaína.

Debido a las dificultades económicas de los últimos años, nuestra relación comercial ha declinado, si bien

nuestra industria de máquinas-herramientas ha podido conservar en esta zona valiosos clientes,y me

complace ver una variedad de máquinas-herramientas bastante amplia incluida en la primera lista de

importaciones liberalizadas.

Quiero ver la cooperación industrial entre Bilbao y el Reino Unido restablecida a su nivel anterior, y creo

que la entrada de España en la Organización Económica de Cooperación Europea proporcionará

oportunidades para esto. La liberalización y las cuotas globales harán más fáciles para España las

compras en el mejor mercado. Nuestra industria puede competir con cualquiera en precio y calidad, y,

además, nosotros compramos más a España que cualquier otro país. Esperamos, por tanto, que a medida

que el comercio de ustedes vaya quedando libre de restricciones bilaterales, los que se interesan por el

comercio anglo-español, de ambos lados del mar, encontrarán oportunidades para aumentarlo.

Me complace especialmente que fuese un presidente inglés el que dirigiese la reunión en la que España se

convirtió en miembro de la Ó. E. C. E., porque durante años ha sido política del Gobierno británico el

fomentar la entrada de España en la Organización Económica de Cooperación Europea y en similares

organismos internacionales. Como indicio de que este apoyo no ha sido limitado a palabras o incluso

voto, diré que de la ayuda económica que España va a recibir del fondo europeo de la O. E. C. E., 29

millones de dólares (o sea el 29 por 100) serán suministrados por el Reino Unido, el doble que la de

cualquier otro país europeo. Personalmente, me agrada de manera particular la entrada de España en la

Organización, no sólo porque creo que ello dará nuevas oportunidades—que debemos aprovechar—para

el desarrollo del comercio anglo-español, sino porque por los muchos años que me he dedicado a los

asuntos españoles me he dado cuenta de que era de lamentar la ausencia de España de la vida económica

y política de Europa.

"HAY QUE DEJAR A UN LADO INTERESES EGOÍSTAS"

Europa hoy ha dejado de ser el árbitro y dueña del mundo para convertirse en una extremidad

amenazada de un continente do-minado por un pueblo hostil y agresivo. Pero Europa sigue representando

la más grande concentración del mundo de cultura heredada, de habilidades técnicas y de experiencia

política, y su efectiva participación en la vida, del mundo libre es vital si queremos que la civilización

sobreviva. Mas si se han de desplegar plenamente los recursos y habilidades europeos, y si ha de

escucharse la voz de Europa en los asuntos internacionales, es preciso que loa diversos pueblos del

Continente aprendan a olvidar sus sospechas y a dejar a un lado sus intereses egoístas, y que

mancomunen y racionalicen sus recursos económicos y militares.

No es simplemente una cuestión de hacer frente a la amenaza de un ataque militar soviético. Se trata más

de defendernos contra la creciente amenaza económica. Si Asia y África, con sus mercados y fuentes de

materias primas, se enclavan dentro de la órbita soviética y se pierden para Occidente, nosotros

perderemos la guerra económica. Nosotros, por tanto, debemos convencer a los países poco desarrollados

de que nuestra manera de vivir es mejor que la que los rusos han de ofrecer. Esto significa, primero, que

hemos de convencer a esos países de que el Occidente representa el progreso y la justicia social. Significa

que los países del Occidente tienen que orientar hacia el gobierno autónomo a los pueblos que aún se

hallan bajo el dominio colonial, una vez que las circunstancias lo permitan.

Por esto, las naciones del Occidente han do ayudar a los países de África y cooperar con ellos en su

desarrollo sin tratar de conseguir para sí mismos situaciones de privilegio y control.

Esto necesita un gran esfuerzo económico por parte de las naciones occidentales. Representa la inversión

de grandes sumas en los países poco desarrollados, tarea que sólo será posible si las naciones

.occidentales racionalizan sus economías, aumentan su producción y fusionan, en cierto grado, sus

recursos. Para hacer esto, para desarrollar nuestras economías, es preciso que aprendamos a trabajar

juntos y a liberar nuestras economías de las restricciones que obstaculizan su expansión y desarrollo.

Para este fin, Europa—lo que queda de ella—ya es pequeña. No podemos permitir-nos—ustedes o

nosotros—hacerla todavía más pequeña eludiendo esta cooperación. España y Gran Bretaña son lo que se

denomina "Estados periféricos", cuyos intereses—aunque seamos,- los dos, profundamente europeos—

frecuentemente han radicado en Ultramar, con el resultado de que en varias ocasiones cada uno de

nosotros ha demostrado cierta repugnancia a actuar como si formásemos parte de Europa.

LAS CRITICAS CONTRA LA POLITICA BRTANICA

Se acusa a mi país de cuando en cuando de indiferencia, si no de verdadera hostilidad, hacia la idea de

una Europa unida. Reconozco que en el pasado hemos luchado por impedir que Europa se unifique bajo

el control de un dirigente, bien fuese Luis XIV, Napoleón o Hitler. Pero yo creo que la mayor parte de

Europa estuvo de acuerdo con nosotros en cada ocasjón en el sentido de que esa forma de "unificación"

era indeseable. Reconozco también que desde la guerra hayamos cometido errores. Por ejemplo,, era

inútil tratar de crear la unidad europea sobre la base de cooperación entre partidos socialistas—como

nuestro Gobierno hizo después de 1945—, como también lo sería hoy basar esa unidad únicamente en

una alianza de países católicos. Hay que reconocer las diversidades de carácter, de religión y de historia

de las naciones de .Europa, porque es de estas diversidades de donde surge la variedad y riqueza de la

civilización europea. También hemos demostrado falta de confianza en la vitalidad y capacidad de Europa

para recuperarse de la ruina de la segunda guerra mundial. Quizá también nos hemos inclinado a resaltar

excesivamente las estrechas relaciones entre las dos potencias democráticas anglosajonas. Pero debe

reconocerse que incluso poco después de la guerra los dirigentes británicos comprendieron que la

cooperación europea era necesaria. En gran medida se debe a la iniciativa y al entusiasmo del ministro de

Asuntos Exteriores británico, Ernest Beyin, el que la generosa idea del general Marshall diese origen a la

formación de la O. E. C. E.

Se ha criticado la política británica diciendo de ella que se había desentendido de otros varios intentos

efectuarlos para traer unidad a Europa, y que se despreocupó de sus relaciones con otros miembros del

Continente. Si hay algún fundamento para es-tas acusaciones también deben tenerse en cuenta las razones

para la actitud británica.Después de la guerra, Europa se encontraba destruida, desmoralizada y agotada.

Para que su economía se rehiciese y para que sus pueblos quedasen protegidos contra el hambre y el

comunismo era indispensable la ayuda americana. Para librar a Europa de la amenaza de agresión

soviética, amenaza que se veía clara en 1948, menester era que los Estados Unidos acudieran en su

defensa. El Reino Unido se sentía temeroso de que los americanos acaso se retiraran una vez más a su

aislamiento, abandonando a Europa a su sitio.Por tanto, su atención se concentró en conseguir que

continuase el interés americano por Europa, y en conseguir que la ayuda a ésta persistiera. Además, la

opinión británica desconfiaba—y desconfía todavía—de ciertas tendencias de Europa hacia la creación de

una tercera fuerza, que sería igualmente independiente de Rusia y de los Estados Unidos, pues semejante

proyecto, sin duda, socavaría la Alianza del Atlántico, de la que depende la seguridad de la propia

Europa.

Uno de los motivos de los que obligaron a Gran Bretaña a adoptar cierta reserva hacia los planes europeos

fue el hecho de que el Reino Unido, además de ser un país europeo, es también1 un miembro de la

Commonwealth. Europa no estaba preparada para incluir a la Commomwealth en sus planes de

reunificación económica, pues, hablando en términos generales, los países de la Commonwealth necesitan

protección arancelaria para sus industrias y desean exportar libremente sus productos alimenticios y sus

primeras materias a la vez que los países que son miembros del Mercado Común necesitan protección

para su agricultura y libertad para exportar sus mercancías manufacturadas. En Gran Bretaña no se

mostraba presta a ser incluída en Europa al precio de que ella se separara de la Commonwealth.

PARA CREAR UNA ASOCIACIÓN DE COMERCIO LIBRE

Gran Bretaña no se opuso a la creación del Mercado Común. Lo consideró como paso valioso hacia la

solución de antiguas discrepancias políticas entre Francia y Alemania, así como hacia la racionalización

de la producción y la expansión del comercio en Europa. Pero estos objetivos económicos no se

alcanzarán si la zona se restringe a los seis países.

A estas razones se debe el que la Gran Bretaña desempeñase un papel principal en las negociaciones que

tenían por mira la creación de una Zona de Comercio Libre para enlazar el Mercado Común con el resto

de la O. E. C. E. Por esta razón, asimismo, Gran Bretaña respalda ahora el plan para crear una Asociación

de Comercio Libre, compuesta, al principio, por los siete países que constituyen el grupo de Estocolmo,

que tiene por objeto hacer de puente para la reanulación de negociaciones para una solución de comercio

libre que incluya a todos los países de la Organización Europea de Cooperación Económica.

La necesidad de cooperación política y económica entre los miembros de los países de la Europa

occidental es clara: la oportunidad de avanzar hacia estas metas está ya presente. Ni España ni la Gran

Bretaña pueden permitirlo volver la espalda al desarrollo en Europa, bien sea económico, social,

científico o político.

Ahora que España es un asociado a la vida económica de Europa y está empezando a realizar los cambios

de envergadura en su sistema económico que su calidad de miembro implica, podemos esperar con cierta

confianza los nuevos horizontes que se abrirán para el Comercio anglo-español. Ya no es posible

interpretar, como lo han hecho generaciones, aquel pasaje de Shakespeare: ´´Tostada España, perdida en el

debate del mundo",en el sentido de que España no toma parte en los asuntos del mundo. Hoy en día

Shakespeare de nuevo ha demostrado estar en lo cierto, pues lo que deseaba expresar, al escribir hace

más de tres siglos, era, sin duda: "Tostada España, metida o absorbida, en el debate del mundo".Confío en

que los miembros de esta Cámara recordarán la vieja cooperación económica entre Bilbao y el Reino

Unido, y en que habrá un aumento progresivo en el comercio entre España y la Gran Bretaña.

Yo expreso los mejores deseos por el éxito de esta Cámara, por la prosperidad de Bilbao y por el éxito de

la Feria.´´

 

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