España e Inglaterra     
 
 ABC.    17/04/1960.  Página: 97. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

17 DE ABRIL DE 1960. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 97

ESPAÑA E INGLATERRA

Nadie ignora que el tema de la unidad de Europa se encuentra metido en la línea de la más plena

actualidad. Existe un optimismo europeista al que es necesario impulsar porque resulta realmente

esperanzador. Europa" está dolorosamente dividida en dos por el telón de acero. Pero la media Europa

del Oeste sabe ya que si quiere ser escuchada en el mundo necesita unirse y presentar un frente único.

Este intento ha granado por ahora, en dos realidades económicas: el Mercado Común y la Zona de libre

Cambio. Para evitar una escisión económica que traería una gravísima desunión política, los países de

ambos bloques han iniciado conversaciones encaminadas a conseguir el entendimiento y la unidad total

de Europa a la que, por supuesto, se unirían las naciones que no están incluidas en los "seis" ni en los

"siete".

Aparte de estos problemas generales existen otros de índole particular que entorpecen las posibilidades de

unión europea. Es necesario suavizar las asperezas que enturbian las relaciones entre algunos países, los

cuales no han olvidado todavía rivalidades históricas y coloniales. En este sentido, la mejoría

experimentada por las relaciones hispano-inglesas puede servir de ejemplo aleccionador al resto de

Europa. Inglaterra empieza a reconocer, con ese admirable realismo práctico que poseen los británicos, la

verdad de la España actual. Hace tres días, Lord Massereene y Ferrard, en plena Cámara de los Lores,

salió enérgicamente en defensa de España, diciendo: "Si queremos una Europa unida tengámosla con

inclusión de todos los países opuestos a las dictaduras comunistas. Es incongruente que España no sea

miembro del O. T. A. N." No hace falta resaltar ahora las palabras elogiosas que Selwyn Lloyd dedicó

recientemente a España en la Cámara de los Comunes y el cambio de actitud de gran parte de la Prensa y

la opinión británicas. Hoy se reconoce en Inglaterra que la victoria nacional en la guerra civil española

evitó colocar a Europa entre una tenaza roja irresistible; que la neutralidad de España en la guerra

mundial favoreció en gran medida a los aliados; que nuestro país, aislado y sin gozar del Plan Marshall,

hizo el milagro de reconstruirse e industrializarse; que ya no queda nada de la España atrasada de leyenda

negro; que la nación española es un país moderno, alegre, trabajador, capaz de producir tan bien como los

otros países europeos, ideal para el turismo, con un nivel de vida ascendente y con un pueblo próspero,

unido y fuerte. Y lo que es más importante : que España es pieza esencial para la defensa militar y

espiritual de Occidente. Pocas cosas tan trascendentales para la Europa del futuro como la nueva actitud

inglesa de abandonar su política secular de espléndido aislamiento para abrir sus brazos y colaborar en la

común tarea del Continente. Con relación a España, el cambio experimenta-: do en la opinión británica es

todavía más significativo, como decía Novalis, "no ya Inglaterrra, cada inglés es una isla".

La gran Monarquía de Su Graciosa Majestad nos tienden la mano por encima de las ásperas aguas

cantábricas. No hace falta decir que nosotros somos partidarios de estrechar esa mano generosamente

tendida y laborar juntos por la unidad de Europa. Inglaterra es el principal cliente de España. El mercado

inglés absorbe gran parte de nuestras exportaciones. Por otro lado, dentro de esa causa común y

entrañable que es defender la civilización occidental, España e Inglaterra se encuentran enlazadas en

idéntico destino. Por eso no nos parece aventurado concluir que el entendimiento y la colaboración entre

las dos grandes naciones es posible, es conveniente, es esencial para la unión de Europa y para la defensa

de Occidente.

 

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