La detención de este súbdito británico     
 
 ABC.    19/09/1963.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

La detención de este súbdito británico se efectuó, según parece, al ver ahora la Policía española una ficha

de dicho señor con minuciosos datos reveladores de haber sido declarado culpable de un delito de

contrabando cometido el año 1949.El contrabando era de tabaco y en gran cantidad. Crenville-Bell, al

volver tranquilamente a España, estaba ya reclamado por el Tribunal de Contrabando y Defraudación a

través del Juzgado número 2 de Alicante. La Policía le detuvo en Badajoz cuando, en unión de dos

mujeres, se disponía a pasar la frontera hispano-portuguesa y adentrarse en el vecino país. Una de las

mujeres es una pariente suya; la otra, su prometida, con quien se iba a casar en breve plazo. Ambas

regresaron a Londres. El mayor quedó recluido en la prisión provincial de Badajoz al negarse a satisfacer

el importe de la multa—un millón cuarenta y cuatro mil cuatrocientas cuarenta pesetas—que le ha sido

impuesto por el referido delito. Su permanencia en la cárcel depende de él. Como en tantos países

democráticos occidentales, le concede la ley un derecho de opción: o paga en dinero o en privación de la

libertad. Su condena en este último caso se extiende a cuatro años. Los que cumpliría en la propia prisión

pacense o en un penal de Soria tal vez. Un penal establecido para los delitos de ese carácter.

El día 11 recibió el detenido la visita de lord John Manners, llegado expresamente desde Inglaterra a tal

fin.A la entrevista asistieron la esposa del lord, que es consocio de Crenville-Bell; un funcionario de

prisiones que habla inglés y la intérprete inglesa, señorita Nicholson, residente en Valladolid, que se unió

en Madrid a lord y lady Manners, recién llegado el matrimonio al aeropuerto de Barajas. La entrevista no

tuvo limitación de tiempo. El mayor declaró a lord Manners su rotunda negativa a satisfacer la multa, ya

que, según él, es inocente del delito por el cual ha sido condenado. Está decidido, por lo visto, a seguir en

prisión, si no hay una posible revisión de la causa. Por cierto que, en su día, ninguno de los procesados

por el contrabando aquél—procesados entre los que se encuentra el mayor Crenville — recurrió contra la

sentencia, a excepción de Mister Poggi.

Casi al mismo tiempo que lord y lady Manners llegaron a Badajoz los periodistas ingleses Mr. Slater y

Mr. Bronw.Desde su llegada a la ciudad extremeña han transmitido amplias informaciones telefónicas a

Londres.

Anthony Crenville-Bell, detenido por no pagar una multa que le impuso legalmente un Tribunal, y no por

su condición de simple turista, como aseguran algunos diarios de la Gran Bretaña, recibe, en razón del

carácter de su detención, un trato distinguido, que todo el mundo puede comprobar y que el propio mayor

reconoce. Goza de generales consideraciones, elige sus comidas —que se las sirven desde el hotel donde

se alojan los periodistas ingleses y donde se alojó lord Matiners—y pasea por un espléndido jardín al que

da la amplísima habitación que ocupa. No le falta tabaco americano—no tiene más que pedirlo para serle

en fregado inmediatamente—y sus comidas son abundantes y exquisitas. Una de sus últimas cenas ha

sido a base de tortilla de jamón, merluza frita rebozada, bistec de ternera y fruta en extraordinaria

cantidad. Más que un detenido parece un huésped de un hotel de lujo.

 

< Volver