Autor: López de la Torre, Salvador. 
   Los antiguos trabajadores de Gibraltar deben ser incorporados a la economía española con urgencia  :   
 La industrialización del Campo no estará terminada antes de dos años. 
 ABC.    20/06/1969.  Página: 27-28. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

ABC. VIERNES 20 DE JUNIO DE 1969. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 27.

LOS ANTIGUOS TRABAJADORES DE GIBRALTAR DEBEN SER INCORPORADOS A LA

ECONOMÍA ESPAROLA CON URGENCIA

La industrialización del Campo no estará terminada antes de dos años

SERA PRECISO BUSCAR, POR LO TANTO, SOLUCIONES ORIGINALES E INMEDIATAS PARA

RESOLVER EL PROBLEMA DE LOS OBREROS ACTUALMENTE SIN TRABAJO

Algeciras 19 (Crónica telefónica de nuestro redactor, enviado especial.) Después de la retirada de los

obreros empleados en la Roca, la situación en el Campo de Gibraltar ofrece dos clases de problemas que

convendría separar para un mejor entendimiento de la situación y, sobre todo, para que los españoles

tengamos clara conciencia de las obligaciones contraídas con nuestros compatriotas que han abandonado

sus tradicionales empleos en el Peñón por causa de fuerza mayor. Por las supremas razones de honestidad

de España.

Por un lado, tenemos 4.800 hombres de edades en general altas, a los que será preciso reclasificar dentro

de nuestra sociedad y nuestra economía, empleando todos los recursos de que dispone un pueblo moderno

y consciente de sus responsabilidades. Esta operación tiene carácter urgente y no tolera aplazamientos ni

lentitudes administrativas, puesto que el actual sistema de subsidios no es infinitamente prorrogable. La

Seguridad Social, la formación profesional, las oficinas de colocación, serán las encargadas de resolver en

cada caso el problema específico de estos hombres dentro de plazos muy breves. Y, literalmente, lo antes

posible.

Pero, por otro lado, tenemos la operación de desarrollo de la comarca dirigida por la Comisaría del Plan,

con la autoridad que nuestros expertos han demostrado en tales empresas. Desde el comisario adjunto del

Plan de Desarrollo, señor Mortes, hasta sus representantes locales en la Comisión comarcal, que preside

con su habitual acierto el gobernador militar del Campo, general Hernández Risueño, todo el mundo ha

trabajado en canalizar esta inversión pública y privada, que está dando ejemplos admirables de

patriotismo al venir a instalarse en esta zona capital de España.

La separación entre estas dos operaciones - reempleo de los obreros que han abandonado Gibraltar y

desarrollo del Campo - viene dada porque su tiempo de ejecución también es distinto, lo cual quiere decir

que ambas cosas reclamarán soluciones propias y procedimientos particulares.

Los obreros procedentes de Gibraltar han abandonado sus tradicionales puestos de trabajo el pasado día 6

de junio y desde entonces están recibiendo con impecable puntualidad unos subsidios que constituyen, en

la mayoría de los casos, una parte muy aproximada de lo que recibían en el Peñón. Y decimos muy

aproximada, porque es evidente que están cobrando sus salarios reales, que son los únicos que se les

podían pagar aquí a través de una contabilidad clara, ya que eran los únicos salarios declarados. Pero es

evidente, también, que muchos trabajadores, en especial dos camareros, recibían complementos de

sueldos irregulares en su cuantía, propinas, larguezas del patrono, dinero retenido en Gibraltar que no

podía ser homologado a la hora de traducir en un subsidio oficial los salarios reales. Como media general,

cada obrero está recibiendo unas 6.500 pesetas mensuales, que reproducen con aceptable fidelidad sus

ingresos en el Peñón.

Estas cantidades son percibidas por hombres que superan largamente la edad inedia de colocación

admitida en España por las reglas de contratación laboral, y un repaso a sus edades puede ilustrarnos

eficazmente sobre la complejidad del problema. Formando tres grupos de edad con los casi 5.000

antiguos trabajadores de Gibraltar, tenemos un primer grupo que se sitúa entre treinta y cuarenta años,

compuesto de 1.240 hombres: otro segundo bloque entre cuarenta y cincuenta y cuatro años, que es de

2.402 hombres, y un tercero, que abarcaría a los que tienen entre cincuenta y cinco años y sesenta y

nueve, que suman 1.345 hombres. Quedan por encima y por abajo de estas edades un grupito reducido de

16 hombres con menos de veinticinco años, huérfanos de antiguos trabajadores, y otro mucho más

doloroso de 73 obreros, que cuentan entre los setenta y ochenta y siete años, porque desdichadamente

teníamos ancianos con más de ochenta años que seguían acudiendo a su tarea cotidiana en Gibraltar. Ya

vimos casos parecidos, e igualmente dolorosos, cuando la retirada de las mujeres.

Es evidente que el bloque comprendido entre los cincuenta y cinco y los sesenta y nueve años, puede

acogerse a diversas modalidades de jubilación que dejen el problema reducido a los dos grupos

anteriormente citados; es decir, a los 3.652 hombres que tienen entre treinta y cincuenta y cuatro años, a

los que es preciso colocar con urgencia, y aquí es donde podemos empezar a comprender que el

desarrollo del Campo de Gibraltar, como empresa de gran amplitud y forzosamente necesitada de tiempo,

no puede servir como panacea rápida para este problema agobiante.

Es posible que las primeras industrias acogidas a los beneficios del Plan de Desarrollo comarcal, y entre

ellas ese récord de construcción y de generosidad inversora que son las Confecciones Gibraltar y

Gibraltar, entrarán en funcionamiento antes de fin de año; pero aun así, Confecciones Gibraltar ofrecerá

trabajo precisamente a las mujeres, unas dos mil, lo que deja el problema de los hombres casi intacto. Las

restantes catorce o quince empresas que ya levantan los muros de sus futuras instalaciones en el polígono

de Campamento, irán entrando en funcionamiento a lo largo de 1970, y no parece que la totalidad de las

industrias acogidas a los primeros concursos del Plan, es decir, los cuatro hasta ahora convocados y

adjudicados, puedan considerarse en pleno rendimiento antes de 1971. Tenemos, por tanto, abierto un

desfase muy sensible entre una situación laboral, provocada por determinadas obligaciones políticas de

España que afecta a cinco mil hombres y un Plan de Desarrollo que reclama por su propia naturaleza y

ambición plazos de tiempo insoslayables.

Como sería muy difícil, humanamente hablando, sostener durante dos años una masa laboral de 3.500

hombres a base de subsidios, suponiendo que se jubilen los que tienen edad para ello; como por otro lado,

dentro de esa masa tenemos casi dos mil hombres entre cuarenta y cinco y cincuenta y cinco años que

difícilmente serán admitidos por los empresarios privados, dada su edad, vemos que la recolocación de

los obreros de Gibraltar tiene que afrontarse con procedimientos originales, sin confiar que sean las

industrias del Plan de Desarrollo las que remedien más que una parte minúscula del problema, y eso

dentro de algún tiempo. Resulta indispensable tener conciencia clara de esta realidad, y sobre todo

entender que el problema hemos de resolverlo los españoles, todos los españoles, sin descargarnos, en

ignorancia de esta obligación, en la milagrería de una industrialización comarcal relativamente remota.

Este entendimiento me parece la primera condición para comprender correctamente una situación donde

España entera ha comprometido su honor con cinco mil de sus mejores hijos. - Salvador LÓPEZ DE LA

TORRE.

 

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