Confusiones gibraltareñas     
 
 ABC.    03/08/1969.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ABC. DOMINGO 3 DE AGOSTO DE 1969. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 13.

CONFUSIONES GIBRALTAREÑAS

Los resultados de las elecciones gibraltareñas, ofreciendo un cuerpo legislativo incapaz de formar un

Gobierno coherente, parece el reflejo más exacto de las confusiones que reinan en el Peñón y de la

desorientación casi patética de una población empeñada en continuar viviendo en un mundo fuera de la

realidad, empujada a tan tristes desvaríos por sus propios colonizadores. Elección sin vencedor neto, los

sufragios obtenidos por sir Joshua Hassan, a título personal, no permiten a su partido - la AACR - reunir

esa mayoría de ocho miembros que le autorizase a formar un Gobierno homogéneo con energías para

afrontar la difícil situación del Peñón.

Pero dentro de la incoherencia del voto gibraltareño, y como suprema manifestación de ella, merece la

pena destacar que sólo ha votado el 71 por 100 del cuerpo electoral, exactamente 10.318 votantes sobre

un colegio de 14.445, lo que representa una abstención del 30 por 100, cifra elevadísima en cualquier

consulta electoral a escala nacional, pero escandalosa en un pequeño Municipio donde el voto significaba

nada menos que la preparación del equipo legislativo encargado de acometer la empresa de soportar los

tiempos venideros. La escasa participación de votantes, en un momento dramático para la vida de

Gibraltar, sólo indica que los gibraltareños no tienen la menor confianza en el armazón institucional

preparado por Inglaterra, que modifica muy poco la situación de dependencia colonial en que se

encontraban antes de la nueva Constitución los miembros civiles de la colonia militar británica. En cierto

sentido, la tradición abstencionista de Gibraltar es tan antigua como el falso proceso descolonizador

emprendido por los ingleses, y conviene recordar que en 1950, durante la primera consulta ofrecida a los

gibraltareños, sólo votó el 53 por 100 del censo para elegir los cinco consejeros legislativos previstos por

las leyes británicas, y que cuando llegó la hora de las elecciones municipales la cifra se redujo aún más,

recortándose al 31 por 100 de votantes. Los gibraltareños que quieren seguir siendo británicos no parecen

haber heredado de su modelo colonial el gusto por el ejercicio de la democracia.

La situación, al día siguiente de la consulta, es prácticamente imposible dé resolver, salvo si los siete

representantes de la AACR reciben el refuerzo de los tres independientes del señor Isola, o al menos el de

alguno de ellos, para alcanzar la mayoría de ocho, necesaria en, una institución de quince miembros. La

fórmula contraría, es decir, la asociación de los integracionistas de Peliza con los independientes de Isola,

que también ofrece ocho representantes, parece matemáticamente posible, pero difícil de cumplir en la

práctica y, desde luego, sólo serviría para presentar un simulacro de coalición condenada a la ruptura

inmediata y fatal. Al margen de estos juegos electorales de campanario, dotados de escasa entidad

política, lo importante de la elección es que sirve como demostración de qué los habitantes de la Roca no

han comprendido todavía cuál es su verdadera situación ni las complicaciones a que les conduce su

obstinación. El "Times" de Londres, repitiendo una vez más su soberbia ignorancia de los problemas

gibraltareños, entiende la votación como un triunfo de los más intransigentes sectores del Peñón, y

concretamente de las huestes de Peliza, que consideran a sir Joshua Hassan como poco enérgico a la hora

de reclamar de Inglaterra un auxilio que el "Times" debía saber mejor que nadie nunca les será concedido

a los gibraltareños. Inglaterra administra la Roca como una base militar donde sólo existen los poderes

omnipotentes del gobernador británico y jamás volcará sobre Gibraltar las larguezas de su presupuesto

con demasiadas necesidades como para sostener la vida artificial de los gibraltareños gracias a la

inyección de libras esterlinas derrochadas alegremente sobre la bahía de Al-geciras. Que Peliza haya

sacado cinco representantes en las elecciones sólo significa que existe un malhumor cierto entre los

gibraltareños ante la tacañería inglesa, pero nunca que los problemas de Gibraltar puedan resolverse por

esa vía de maximalismo integracionista, que el consenso internacional de las Naciones ha condenado

enérgicamente, poniendo el límite de octubre a la presencia militar británica en territorio español.

Acudir a los fantasmas de la integración para resolver una situación colonial en tierra extranjera es uno de

los recursos más antiguos y menos acreditados del mundo contemporáneo y corresponde, dentro

del proceso descolonizador, a la arqueología paternalista del final de la primera posguerra. Una base

militar en tierra extraña no puede salvarse por el voto de sus habitantes civiles, y España, naturalmente,

estaría autorizada a emplear todos los medios de presión existentes dentro del arsenal pacífico de las

relaciones internacionales para hacer muy difícil la vida de la colonia integrada, que, además, debería

empezar a pagar los impuestos ingleses y a cortarse definitivamente de todo posible comienzo de arreglo

con España. Realmente, la vida de Gibraltar, cercado por la condena mundial, aislado prácticamente del

mundo por España y con impuestos a escala inglesa, no parece que ofrezca demasiados atractivos

hablando con frialdad. La integración es tan sólo una fantasía que los ingleses no aceptarán nunca y que

autorizaría a Es-paña a solicitar y obtener de las Nacio-nes Unidas todas las medidas de repre-salias que

autoriza el trato pacífico de las naciones. Por eso la radicalización de voto de los gibraltareños puede

entender, tan sólo como un afán de socavar su propia situación, como una insensata marcha hacia

el empeoramiento. Como el reconocimiento inconsciente de que la única solución de sus problemas

sin por medio se encuentra justamente en la di-rección contraria. Que es hacia Espa-donde pueden hallar

la única respuesta a sus dificultades.

 

< Volver