Carta de Castiella a U Thant. 
 Inglaterra desobedece y desafía los principios de la ONU  :   
 En Gibraltar ha usado toda clase de dilaciones, excusas falsas, acciones unilaterales y actos de intimidación. 
 ABC.    02/10/1969.  Página: 17,19-20. Páginas: 3. Párrafos: 28. 

MADRID, JUEVES 2 DE OCTUBRE DE 1969- NUM. 19.823 TRES PESETAS

ABC

DIRECTOR: TORCUA TO LUCA DE TENA DEPOSITO LEGAL: M -13 • 1958 - 112 PAGS

CARTA DE CASTIELLA AUTHANT

INGLATERRA DESOBEDECE Y DESAFIA LOS PRINCIPIOS DE LA O. N. U.

En Gibraltar ha usado de toda clase de dilaciones, excusas falsas, acciones unilaterales y actos

de intimidación

UTILIZA A LOS GIBRALTAREÑOS COMO CORTINA PARA OCULTAR UN EXCLUSIVO

INTERÉS MILITAR E IMPERIALISTA

Con fecha de ayer quedaron interrumpidas las comunicaciones telegráficas y telefónicas directas entre

Gibraltar y el resto de España.—Cifra.

Texto de la carta que el ministro de Asuntos Exteriores ha dirigido al secretario general de las Naciones

Unidas al cumplirse el plazo fijado por este organismo para la descolonización de Gibraltar. Este

documento ha sido entregado en mano por el señor Castiella al señor Thant en el curso de una entrevista

que ha tenido lugar en Nueva York a las siete de la tarde del 1 de octubre de 1969.

Señor secretario general:

Durante cinco años la Asamblea General de las Naciones Unidas ha discutido el caso de Gibraltar,

territorio español sometido a ocupación militar y colonial por la Gran Bretaña. A lo largo de estos

debates, mantenidos de manera progresiva y reiterada en el Comité de Descolonización, en la Cuarta

Comisión y en el Plenario de la Asamblea, la Organización de las Naciones Unidas ha llegado a la

conclusión, clara y terminante, de que, en efecto, Gibraltar es un trozo del territorio de la nación española

que debe ser inmediatamente descolonizado y devuelto a España. Esta conclusión se ha alcanzado en un

proceso marcado por las resoluciones 2.070 (XX), 2.231 (XXI), 2.353 (XXII) y 2.429 (XXIII) ; en la

última citada se fijó, concretamente, a la Gran Bretaña una fecha límite para proceder a la descolonización

de Gibraltar: el día de hoy, primero de octubre de 1969. AI recordar a vuestra excelencia este proceso, de

su perfecto conocimiento, me permito subrayar que la decisión de las Naciones Unidas no es fruto de una

improvisación ni doctrina sobre la que quepan legítimas reservas, sino, evidentemente, el producto muy

elaborado de una lenta y madura reflexión y la tesis aprobada reiteradas veces por la inmensa mayoría de

las naciones que componen nuestra Organización.

DESAFIO BRITÁNICO A LA O.N. U.

Frente a esta proclamación objetiva de las Naciones Unidas, frente a la manifestación, favorable a la

reivindicación española de la mayor parte de la opinión pública mundial, frente a la misma decisión de

España, reiteradamente probada, de encontrar una solución negociada al problema colonial, Gran Bretaña

ha respondido ignorando todas estas realidades y dando una interpretación enteramente subjetiva y

radicalmente opuesta a la de la Asamblea General. Gran Bretaña asegura, en efecto, que las resoluciones

adoptadas por la Organización se oponen sustancialmente a los principios de la Carta de las Naciones

Unidas.

El Gobierno británico ha acompañado esta actitud de principio de toda clase de dilaciones a la obligación

de negociar, de toda clase de falsas excusas, de acciones unilaterales, como la celebración de un

referéndum que fue prohibido primero y repudiado después por la Asamblea General, y, en fin, con claros

actos _de intimidación, como lo prueban las grandes concentraciones militares que en estos momentos se

están produciendo en la base de Gibraltar.

ESPAÑA GARANTIZA TODOS LOS DERECHOS FUNDAMENTALES A LOS GIBRALTAREÑOS

Con sus actividades de tipo militar,Londres establece condiciones favorables para que pueda producirse

Un incidente en aquella zona

Al comportarse de esta manera, la Gran Bretaña se está erigiendo a sí misma en juez de las Naciones

Unidas, dictando, sin ninguna autoridad para ello, una especie de sentencia según la cual lo que aquéllas

proclamen se encuentra en abierta contradicción con la propia carta fundacional. España no comprende

cómo se puede tolerar que, de manera indirecta y tácita, pero al mismo tiempo bien clara, un miembro de

la Organización se permita inferir, a ésta en general y a la mayor parte de sus otros miembros en

particular, la acusación injuriosa de ignorar y despreciar los principios fundamentales de nuestra Carta.

En definitiva, lo único que está haciendo la Gran Bretaña es desafiar a las Naciones Unidas.Nos

encontramos ante un problema colonial y ante una disputa entre dos países por causa de ese problema.

Las normas morales que rigen la convivencia de la Comunidad internacional nos obliga a todos a buscar

soluciones, acordadas pacíficamente, a nuestros conflictos, y las disposiciones específicas de esta

Organización nos imponen concretamente a ambos países la negociación inmediata sobre el fondo del

problema de Gibraltar, que es, única y exclusivamente, la descolonización del territorio. España ha

acatado, desde un principio, unos y otros preceptos, y lleva años dispuesta a la negociación bilateral. Gran

Bretaña se ha negado sistemáticamente a ello.

LA PANTALLA DE UN INTERÉS MILITAR

Nos encontramos, pues, inmovilizados, por culpa británica, en el camino que nos señalaron las Naciones

Unidas. La Gran Bretaña pretende justificar su actitud con un argumento que exhibe incesantemente ante

el mundo: su preocupación por los intereses de la población de Gibraltar. Pero todo el mundo está viendo

algo que ni la propia Gran Bretaña puede ocultar, y es que esa población, artificialmente creada y

constituida por simples servidores civiles de una base militar, no es más que la cortina extendida para

intentar esconder un exclusivo interés militar e imperialista, en virtud del cual y en el día de hoy, para una

población civil de 18.009 habitantes y una minúscula extensión territorial que no llega a cinco kilómetros

cuadrados, el Gobierno británico ha reunido en la base una fuerza de 10.000 hombres y una

importantísima concentración naval.

Incidentalmente España se siente muy sorprendida de que el mismo Gobierno que dice sentirse tan

preocupado por los intereses de una población y tan ligado a la voluntad de unos habitantes haya

declarado formalmente al español—el 18 de mayo de 1966—que los residentes de Gibraltar no serían

nunca parte en el conflicto y demuestre con frecuencia en otros lugares del mundo y en ocasiones que

estamos contemplando en nuestros días que cuando los habitantes autóctonos de un territorio no son

enteramente dóciles a sus propósitos, la Gran Bretaña envía sus tropas a someterlos por la fuerza.

Situaciones éstas paradójicas, en que tales supuestas preocupaciones humanas no se avienen bien con

la indiferencia o hasta la violencia hacia las poblaciones.

ESPAÑA GARANTIZA LOS DERECHOS DE LOS GIBRALTAREÑOS

Ante este problema de la población creo que no necesito recordar a vuestra excelencia que mi Gobierno,

si no admite que los habitantes de Gibraltar sean un factor determinante del futuro del territorio, ha

aprobado, en cambio, en todo momento el mayor respeto por sus legítimos derechos. Mi Gobierno no

tiene la menor intención de absorber por la fuerza una población ni convertirla contra su voluntad en

española.

Mi Gobierno está esperando aún, desde el 18 de mayo de 1866, la contestación británica a unas ofertas,

según las cuales serían garantizados, en un Tratado internacional registrado por las Naciones Unidas,

todos los derechos humanos fundamentales de los gibraltarenos, la continuidad de su ciudadanía

Británica, el derecho de residencia, la autonomía municipal, un régimen económico especial sumamente

favorable, sus empleos y legítimas actividades actuales, la articulación de su desarrollo con el del resto de

la zona española llamada Campo de Gibraltar y, en definitiva, un modo de vida que en nada que fuera

justo y razonable alterara las condiciones en que se encuentra hoy la población gibraltareña. España, lo

único que reclamaba—y jamás renunciará a ello—era la devolución de la soberanía sobre un territorio

que le pertenece por inconmovibles razones geográficas e históricas.

Vuestra excelencia conoce perfectamente el contenido de las propuestas españolas y sabe igualmente que

su generosidad dio lugar a que se llegara a producir, en el seno mismo de la población gabraltareña, un

movimiento de voluntad de diálogo con España, que fue ahogado con la violencia tolerada por la Gran

Bretaña con ocasión del ya famoso conflicto de los "halcones" y las "palomas" de la plaza de Gibraltar el

6 de abril de 1968, al que se llegó a llamar el "black saturday" de la ciudad.

LAMENTABLE EJEMPLO INGLES

Me parece que es grave, en los momentos que atraviesa el mundo, comprobar que mientras un Estado

miembro de la Organización está dispuesto a acatar las resoluciones de las Naciones Unidas, y demuestre

con ofertas concretas su propósito, otro Estado, que además es fundador de la Organización y miembro

permanente del Consejo de Seguridad, pueda rebelarse impunemente contra ella cada vez que una

resolución no sea de su agrado. El ejemplo es lamentable y puede ser motivo de que, a la vista del mismo,

cada Estado se considero en el perfecto derecho de aceptar o rechazar una resolución según sus gustos y

conveniencias particulares. Creo que no necesito extenderme sobre las consecuencias a que pueden

conducirnos semejante situación.

Quisiera añadir que en el caso de Gibraltar, que fue sometido a la consideración de las Naciones Unidas

por la Gran Bretaña—al inscribirlo en la lista de territorios no autónomos—, se puede dar la circunstancia

de que el Reino Unido, con sus constantes maniobras y actividades de tipo militar,establezca las

condiciones necesarias para que en cualquier instante surja un incidente en aquella zona. Si tal es su

propósito, mi Gobierno se pregunta si Gran Bretaña está intentando sustraer a la autoridad de la Asamblea

General un problema colonial sobre el que, por definición, aquélla es competente para poder introducirlo

en la esfera del Consejo de Seguridad en que pretenda ejercer el veto a través del derecho privilegiado de

un voto cualificado, como ya amenazó hacer en una declaración gubernamental el 19 de diciembre de

1967 ante la Cámara de los Comunes el actual secretario de Estado, señor Stewart.

Entonces, al menosprecio de las resoluciones de las Naciones Unidas Gran Bretaña uniría un terminante

desafío a la Organización.

REITERADAS AGRESIONES

Este progresivo reto británico va acompañado también de una serie de agresiones contra España. Entre

ellas citaré como ejemplo flagrante las declaraciones inglesas de soberanía sobre el espacio territorial,

marítimo y aéreo español contiguo a Gibraltar, hechas en 1966 y 1967. Todo ello está conduciendo a mi

país a adoptar unas medidas de legítima defensa—de acuerdo, además, con el Tratado de Utrecht—en el

área de Gibraltar. Desvirtuando su auténtico carácter, el Reino Unido las califica ante el mundo de acto

de hostigamiento contra los residentes de la Plaza, de animadversión española contra esos habitantes y

pretende justificar así un aparente temor del Gobierno británico y de los habitantes de la base militar a

que éstos caigan bajo la amenazante perspectiva de una opresión española. Aduce entonces la Gran

Bretaña que si España levantara esas medidas estaría dando un real ejemplo de respeto y simpatía hacia

los gibraltareños y de su voluntad de arreglar pacíficamente el conflicto en un "diálogo civilizado" con la

Gran Bretaña. Mi Gobierno se pregunta si después de doscientos sesenta y cinco años de ocupación

militar forzada de Gibraltar por la Gran Bretaña, contra la reivindicación constante de todo el país,

tenemos ahora los españoles el derecho a ser tan ingenuos de pensar que si suprimiéramos esas medidas

de defensa Gran Bretaña iba a devolvernos graciosamente el Peñón.

LA O. N. U. DEBE REACCIONAR ENÉRGICAMENTE

Desgraciadamente, señor secretario general, la única realidad que queda en pie del largo proceso por las

Naciones Unidas para descolonizar Gibraltar es la negativa pura y simple de la Gran Bretaña a obedecer

el mandato de la Organización. Sinceramente creo que no debemos conformarnos, pasivamente, con una

comprobación de este hecho negativo. Corresponde a la Organización, y así me permito,respetuosamente,

señalárselo a vuestra excelencia, reaccionar enérgicamente contra ese desafío y poner todos los medios a

su alcance para que no sean, una vez más, puestas en tela de juicio la autoridad, la eficacia y la finalidad

misma de las Naciones Unidas.

En 1704, y en una circunstancia en que Inglaterra y España no se encontraban en guerra, las tropas

inglesas ocuparon por la fuerza y con engaño nuestro territorio de Gibraltar. Desde entonces todos los

españoles, de cualquier clase o ideología, no han. cesado de reivindicar ese pedazo del suelo nacional, en

un constante plebiscito histórico que es la mejor prueba de que fuimos traidoramente expoliados de una

parcela de nuestra patria. Quiero afirmar aquí, en nombre de mi país, que frente al uso de la fuerza para

perpetuar la existencia de esa colonia militar, el Gobierno español mantendrá, por cuantos medios

considere adecuados, el respeto de su inalienable derecho a la integridad y unidad nacionales y no cejará

ni un instante en ir realizando todo cuanto sea necesario para conseguir la restauración de ambas.

Por último, al agradecer a vuestra excelencia sus esfuerzos para lograr el cumplimiento de las

resoluciones adoptadas por sucesivas Asambleas Generales y en particular las números 2.353 y 2.429,

correspondientes a los dos últimos años, me permito rogarle que la presente comunicación sea distribuida

como documento de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad.

Aprovecho esta oportunidad para reiterar a vuestra excelencia el testimonio de mi alta consideración.

Fernando MARÍA CASTIELLA.

 

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