Autor: Barra, Alfonso. 
 ABC en Londres. 
 Inglaterra prepara una nueva táctica con respecto a Gibraltar  :   
 Han llegado a la capital británica el embajador en Madrid y el almirante-gobernador de la Plaza. 
 ABC.    16/11/1969.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

MADRID, DOMINGO 16 DE NOVIEMBRE DE 1969 - NÚM. 19.862 CUATRO PESETAS

DIRECTOR: TORCUATO LUCA DE TENA. DEPÓSITO LEGAL: M -13 -1958 -128 PÁGS.

ABC EN LONDRES

INGLATERRA PREPARA UNA NUEVA «TÁCTICA» CON RESPECTO A GIBRALTAR

Han llegado a la capital británica el embajador en Madrid y el almirante-gobernador de la Plaza

TAMBIÉN SE ESPERA AL MINISTRO PRINCIPAL DE LA ROCA, COMANDANTE PELLIZA

Londres 15. (Crónica telefónica de nuestro corresponsal.) Los medios informativos de esta capital

anuncian la llegada a Londres del embajador británico en Madrid, sir John Bussell, y del

almirante-gobernador de Gibraltar, sir Varyl Begg. El propósito del viaje es establecer la "táctica" de la

diplomacia británica para el futuro. Se destaca asimismo que próximamente vendrá a la metrópoli el

llamado ministro principal de la plaza, comandante Pelliza, según estaba previsto desde hace varias

semanas.

En esta capital se prestó extraordinaria atención al cambio de Gobierno en España. La situación de la

plaza preocupa seriamente, y más aún desde las decisiones del Gobierno de Libia que imponen la

evacuación de las fuerzas británicas de ese país. La propaganda de Londres no pudo ocultar que las

medidas aplicadas por España en correspondencia con la mayoría de la opinión pública internacional

expresada en la O. N. U. hacen muy incómoda la vida militar en la Base. Desde hace unos tres años la

política de Londres ha sido conseguir con todos los efectos, pero sin concesión práctica alguna, que

Madrid restablezca el "statu quo" existente con anterioridad a los acuerdes de las Naciones Unidas para

descolonizar la plaza.

Recientemente el diario "The Times" exponía con claridad las aspiraciones británicas: a España, como si

fuera la parte culpable, le había llegado el turno de hacer concesiones a Londres para restablecer la buena

armonía de las relaciones hispano-británicas. El primer gesto, a juicio del editorialista de ese diario, sería

"reanudar las relaciones comerciales con la plaza", porque entiende que Gibraltar y España son dos

potencias en pie de igualdad. Repetía asimismo que los vecinos de la colonia serán soberanos para decidir

su futuro. A cambio de que España admita esto, vislumbraba la posibilidad de "mejorar las relaciones"

entre Londres y Madrid.

Después de los comentarios de primera hora sobre la reorganización ministerial de España, se impuso el

silencio. La llegada del embajador y del almirante ha vuelto a planear el tema. Según varios comentarios

de los diarios ingleses y de la emisora oficial de radio, el escepticismo prevalece de nuevo. Se llega a

decir, incluso, que sobra la visita a Londres de aquellas dos personalidades.

Por parte española siempre se repitió, como lo demuestran las numerosas notas diplomáticas entregadas

por nuestros representantes, que Madrid desea la apertura de negociaciones para resolver el problema. La

respuesta afirmativa de Londres o, simplemente, una respuesta, sigue sin llegar. ¿Cambiará de parecer el

Foreign Office en las actuales circunstancias?

El momearlo político de la Administración laborista no parece el más propicio para hablar en serio del

problema. A causa de los sobresaltos económicos del país, que siguen sin ser remediados definitivamente,

la popularidad del Gobierno socialista es muy escasa. La campaña electoral está en puertas y cualquier

concesión a España, por homeopática que fuera, sería ampliamente explotada por los conservadores. En la

presente fase política la tendencia del Gobierno es ocultar no pocos problemas debajo de la alfombra para

que la futura Administración los resucite y resuelva. Mr. Wilson, en definitiva, no se atrevería a

desorientar a la opinión pública sobre el problema de la colonia.

Aunque no sea grato admitirlo, hay otro factor negativo: la antipatía personal y no disimulada que

destacados miembros del Gabinete sienten hacia España. Es una reacción ajena a las diferencias políticas

y ajena también al problema de Gibraltar. Esta especie de alergia a lo español ha quedado bien de

manifiesto en repetidos casos y pocos compatriotas nuestros, seguidores de la política laborista, ignoran

esa reacción en su verdadero sentido médico. Basta recordar las palabras descompuestas de Mr. Wilson

cuando se sentaba en los bancos de la oposición para condenar la venta de patentes y de material a la

escuadra española. En la propia Prensa británica se ha aludido a la versión de Mr. Stewart, secretario del

Foreign Office, y de Mr. Callagham, ministro del Interior, contra lo español, mucho antes de que la

O. N. U. planteara la descolonización de Gibraltar.

Los ingleses son buenos políticos y no puede sorprender que quieran ahora alterar el curso de la partida

tratando de presentar a España como el jugador equivocado que empleaba sus triunfos con torpeza. En

resumen, y mientras no haya pruebas de lo contrario, Londres seguirá intentando restablecer las

"relaciones comerciales" entre España y la Plaza, que es francamente la aspiración británica desde que

nuestras autoridades adoptaron las primeras medidas para recortar ciertos aspectos de las actividades

reexportadoras de la colonia.

No hay inglés al tanto de los últimos episodios de las relaciones hispano-británicas que ponga en duda

sinceramente el deseo de España de mejorar las relaciones con Inglaterra, país europeo influyente y

ejemplar en muchos aspectos. Londres, sin embargo, marcó un precio bien crecido para conseguir esa

pretendida mejoría. Si no se produce lo inesperado hasta ahora, el precio sería mantenido. Londres no

cambia su política fácilmente porque éste es el secreto de su fuerza y, mientras tanto, los ingleses y los

españoles harán todo el comercio que puedan en beneficio mutuo, qué es precisamente lo que ha venido

sucediendo durante años y más años. La última polémica sobre la colonia coincide con un espectacular

"boom" de las exportaciones británicas a España, y bien puede asegurarse que en ese campo y en el

turístico nunca fueron más cordiales las relaciones hispano-británicas.—Alfonso BARRA.

 

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