Entrevista con el ministro de Asuntos Exteriores, señor López Bravo. 
 Gibraltar es uno de los puntos cardinales de nuestra política exterior, pero no su polo magnético  :   
 El eje de nuestra política en el Sahara es el respeto a la voluntad de los saharauis. 
 ABC.    19/12/1969.  Página: 29-31. Páginas: 3. Párrafos: 72. 

ABC

MADRID, VIERNES 19 DE DICIEMBRE DE 1969 - NÚM. 19.890 TRES PESETAS

DIRECTOR: TORCUATO LUCA DE TENA. DEPÓSITO LEGAL: M - 13 . 1958 - 144 PÁGS.

ENTREVISTA CON EL MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES, SEÑOR LÓPEZ BRAVO

GIBRALTAR ES UNO DE LOS PUNTOS CARDINALES DE NUESTRA POLÍTICA EXTERIOR,

PERO NO SU POLO MAGNÉTICO

El eje de nuestra política en el Sahara es el respeto a la voluntad de los saharauis

LA EUROPEIZACIÓN DE ESPAÑA HA PASADO DE SER UNA FÓRMULA RETÓRICA A

FINALES DEL XIX A UNA REALIDAD EN LOS TIEMPOS DE FRANCO

El PATRÓN CENTROEUROPEO DEL ESTADO DEMOLIBERAL NO NOS SIRVIÓ PARA HACER

LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL NI LA TECNOLÓGICA

En cuanto a un nuevo Concordato, la apertura de España a cualquier iniciativa de la Santa Sede es

completa

La reciente crisis ministerial ha incorporado a la dirección de la diplomacia española a una joven figura

diestra ya en los quehaceres del Estado, y cuya personalidad ha concitado dentro y fuera de España una

corriente a la vez de simpatía y de expectación.

De simpatía por el ágil dinamismo que el señor López Bravo imprime a todas sus empresas y de

expectación porque España desea saber cuáles van a ser en el futuro las directrices de su política

internacional. La eficaz acción exterior que bajo la inspiración del Jefe del Estado realizaron a través de

sus mandatos ministeriales los señores Martín Artajo y Castiella ha abierto para nuestra Patria un vasto

horizonte de cuestiones en el complejo juego de la diplomacia.

Esta es la razón de que A B C haya solicitado del ministro de Asuntos Exteriores, señor López Bravo,

respuesta panorámica y concreta a todos los asuntos por los que España se incorpora a las agendas de las

Cancillerías extranjeras.

El Palacio de Santa Cruz es la más noble arquitectura civil que legaron los Austrias a la Corte. Bajo el

frontis renacentista hay un gran ventanal que abre sobre Madrid el despacho del ministro de Asuntos

Exteriores. Cuando entro, don Gregorio López Bravo se levanta de trabajar en una mesa de caoba que fue

fabricada para el Príncipe de la Paz y que ha sido la de todos los secretarios de Estado desde tiempos de

Carlos IV.

La cordialidad de las primeras palabras, el gesto acogedor, atento siempre, a veces sonriente del ministro,

preparan el clima abierto y espontáneo con que habrá de desarrollarse toda la entrevista.

—Señor ministro, dentro, y sobre todo, fuera de nuestras fronteras se viene hablando con insistencia de un

giro de nuestra diplomacia. ¿Es una opinión fundada?

—La política exterior de un país está condicionada por la historia, la geografía, la legislación

fundamental, la estructura socioeconómica y la psicología nacional, entre otros factores básicos. Por eso

hay unas "constantes" en la proyección exterior de un Estado. Los giros que un ministro puede imprimir

son, en general, de matiz y predominantemente incidirán sobre el orden de prioridades y sobre los

procedimientos.

—Esto supuesto, ¿qué es lo primero en su "agenda"?

—Sin duda, nuestra plena incorporación a Europa. Desde finales del siglo XIX se viene clamando por la

europeización de España. Pues bien, ese ideal no ha pasado del plano de la retórica al de la realidad hasta

los tiempos de Franco. Desarrollo cultural y económico hasta alcanzar el nivel continental, son premisas

de la europeización.

—¿Y qué papel corresponde a la diplomacia en este proceso?

—Estrechar las relaciones con nuestros vecinos continentales. Primero con el fraterno Portugal e

inmediatamente después con los "Seis".

—Esto parece apuntar hacia el Mercado Común. —Ya están trazadas las grandes líneas de un acuerdo

preferencial que, a la larga, podría desembocar en la integración. Si, como espero, las negociaciones

progresan habremos dado un paso decisivo, aunque no exento de riesgos, porque nuestra aproximación al

Mercado Común exigirá sacrificios. No nos engañemos. La Historia no registra regalos: todo logro

requiere esfuerzos.

—Permítame seguir hablando de Europa más allá de los "Seis". ¿Existe verdaderamente ese "nuevo

clima" hispano-británico a que tanto se ha referido la Prensa inglesa?

—Deseo firmemente una distensión con el Reino Unido, meta que parecen compartir en el Foreign

Office. Todo nos invita a entendernos y a complementarnos: todo salvo Gibraltar.

GIBRALTAR

—Ha sonado la palabra clave, señor Ministro. ¿Qué es el Peñón para usted?

—Es uno de los puntos cardinales de nuestra política exterior; pero no su polo magnético. La restauración

de la integridad territorial de España exige la reivindicación de un territorio que nos fue arrebatado por la

fuerza y que no han cesado de reclamar todos los Gobiernos desde el día aciago de 1704 en que lo

perdimos. El Peñón es una tierra irredenta a la que nuestro país no renunciará jamás.

—¿Habrá que apelar a la violencia? —Como ha dicho el Jefe del Estado, la Roca no vale una guerra.

—¿Se levantará el bloqueo?

—No hay tal bloqueo. Lo que hasta ahora se ha hecho es restablecer—aún no totalmente—la

incomunicación absoluta entre Gibraltar y el resto de la Península que se pactó en el Tratado de Utrecht.

Soy el primero en lamentar tal estado de cosas porque, puede creerme, los residentes de la Roca son una

especie de hermanos separados. Lo que últimamente se ha llevado a efecto no es, pues, un asedio ni nada

que se le parezca; es simplemente la retirada de unas concesiones generosísimas, que no sólo no tuvieron

contrapartida, sino que, como es bien sabido, fueron utilizadas contra España.

—Pero las acres disputas públicas han cesado. —Efectivamente.

—¿Por qué?

—Porque son innecesarias. Creo en el diálogo y en el entendimiento.

—¿Se llegará a un acuerdo que revise el viejo Tratado de Utrecht?

—Lo deseo firme y confiadamente; pero ello no depende sólo de España.

RELACIONES CON EL ESTE

—¿Y la otra Europa, la del Este?

—Tenemos relaciones consulares y comerciales con Rumania y Polonia. En estos días las hemos

convenido con Hungría. Hay conversaciones en curso con otros países del Este. No se puede ignorar a

media Europa. Creo que nuestro comercio exterior tiene muy interesantes posibilidades de expansión en

los países del C. O. M. E. C. O. N.

—¿Y Rusia?

«-Se han reanudado las relaciones marítimas comerciales con la U. R. S. S. Y se han efectuado algunos

intercambios artísticos, que espero contribuyan a un mejor entendimiento mutuo.

—Los Estados del Pacto de Varsovia han convocado una conferencia de Seguridad Europea en Helsinki

para mediados del año próximo. ¿Cuál será la posición de España ante este hecho que puede ser

trascendental?

—Entiendo que debemos participar en esa conferencia—todavía en fase de proyecto—con todos los

países de Europa sin distinción de régimen político. Ya se ha aceptado la invitación y la sede. Esa

conferencia puede ser una oportunidad para interrumpir el proceso de participación del Continente y para

sentar las bases, en un clima de paz y de respeto mutuos, de un orden europeo más realista y justo que el

actual. Por sus vinculaciones con el Continente considero que los Estados Unidos de América y el Canadá

deben estar presentes.

HISPANOAMÉRICA

—Volvamos la vista al otro lado del mapamundi, a Hispanoamérica.

—Hablar de las Repúblicas hispanoamericanas es como hablar de la trans-España. Debemos sentirnos

solidarios de su destino. Creo en la cooperación cultural y también en la técnica. España puede ser

especialmente útil a los países hermanos porque estamos terminando de pasar del subdesarrollo al

desarrollo; y ésta es precisamente la meta actual de Hispanoamérica, considerada en su conjunto.

—¿Qué experiencia española podría serles útil?

—Quizá que la transformación de las estructuras socioeconómicas requiere una forma de Estado

adecuada a cada coyuntura nacional. A nosotros el patrón centroeuropeo del Estado demoliberal no nos

sirvió para hacer la revolución industrial ni la tecnológica. Al contrario, nos hizo llegar muy tarde a las

dos. El Estado del 18 de Julio ha hecho el milagro de recuperar y aún de superar la centuria perdida.

—¿Y los Estados Unidos?

—Son la potencia rectora del mundo libre, y España es uno de sus amigos y aliados. Creo que ningún

pueblo europeo abriga menos recelos hacia el norteamericano que el nuestro. Aspiro a estrechar nuestras

relaciones con lealtad y con dignidad.

LOS CONVENIOS CON ESTADOS UNIDOS

—¿Se retirarán las bases?

—La situación futura dependerá de que dentro de los plazos previstos se llegue a un acuerdo sustantivo y

satisfactorio para ambas partes.

—¿Qué inconvenientes económicos tendría para España la no renovación de los Convenios?

—Ninguno de importancia, pues las relaciones hispano-norteamericanas, tanto en el comercio como en

las inversiones, están en función de otros factores, como nuestro desarrollo económico, los incentivos

para las inversiones extranjeras, etc. Desde 1961 no ha habido ningún nuevo programa de ayuda

económica a España. Por otra parte, estimo conveniente ensanchar el ámbito, hasta ahora

predominantemente militar, del acuerdo básico que rija nuestra relación especial de cooperación.

—¿Y en _el plano político?

—Si no se reactualizara la alianza hispano-norteamericana ello podría interpretarse como un paso hacia la

neutralización de España, lo que, evidentemente, alteraría el equilibrio político de Europa meridional y

del Mediterráneo.

—¿Qué piensa de Israel?

—Para España es sólo una situación de hecho, puesto que no ha reconocido al Estado de Israel.

—¿Cuándo reconocerá España a Israel? —Cuando lo hagan los países árabes y pueda ser útil para la

causa de la paz.

—¿Hay alguna nota de antisemitismo en la política exterior de España?

—Ninguna. Por el contrario, España protegió durante la guerra a los sefarditas y salvó sus vidas por

centenares. En Salónica, en Estambul y en otras ciudades del Mediterráneo oriental hay florecientes

colonias de judíos españoles.

—¿Proseguiría nuestra tradicional amistad con los países árabes?

—Desde luego. El Norte de África está en rápida transformación y España desea contribuir todo lo

posible a su desarrollo y a su estabilidad. Precisamente, atendiendo a una invitación oficial, me propongo

realizar en breve una visita a El Cairo, precursora de otras a países árabes.

LA PRESENCIA ESPAÑOLA EN EL SAHARA

—¿No será el Sahara un motivo de fricción con otras naciones del Magreb?

—No debe serlo, puesto que en el Sahara no hay más que dos interlocutores legítimos: los saharauis y los

españoles. Nuestro único objetivo, lograr su efectiva promoción, a nadie perjudica. Mezclar a los países

vecinos en este proceso político equivaldría a patrocinar expansionismos infundados o a favorecer la

fragmentación del país. Ambas cosas estarían en contradicción con los principios de autodeterminación

de los pueblos y de la integridad territorial, manteniendo las fronteras establecidas, según la doctrina

firmemente elaborada tanto por las Naciones Unidas como por la Organización de la Unidad Africana.

—¿Permanecerá España en el Sahara?

—Hoy no tenemos dudas sobre cuáles son los sentimientos saharauis con relación a España, pues los han

expresado inequívocamente en 1966 y después incluso por escrito. Pero vuelvo a repetirle que el único eje

inalterable de nuestra política es el respeto a la voluntad de la población saharaui. Recuerde que la

resolución 1541 (XV) de la Asamblea General de las Naciones Unidas establece que la situación colonial

finaliza de una de las siguientes formas: constitución de un Estado soberano, libre asociación con otro o

integración a un Estado independiente. La población saharaui será consultada a través de los canales

constitucionales y expresará libremente su voluntad. Se puede imaginar que si los saharauis optan por

cualquier tipo de vinculación con España, sabremos hacer honor a este deseo.

—¿Cuál es su impresión sobre Guinea Ecuatorial?

—Ahora esta joven República se encuentra en una etapa de crecimiento a la que estamos atendiendo con

extraordinaria generosidad. El pasado año donamos a Guinea 426 millones de pesetas para cubrir el

déficit de su presupuesto. Además, por otros conceptos la ayuda fue del orden de los 400 millones de

pesetas. También hemos entregado a Guinea las divisas que respaldan su circulación fiduciaria.

—¿Continuaremos prestándole a Guinea una ayuda de tal envergadura?

—La generosidad de España es patente: en Guinea Ecuatorial no se ha hecho nada más que dar. Las

posibilidades presupuestarias de nuestro país no son ilimitadas. La forma y el volumen de la cooperación

futura dependerá también del clima que se vaya creando en nuestras relaciones. De la cordialidad puede

esperarse todo; de lo contrario, no.

EL CONCORDATO

—¿Se modificará el Concordato?

—Parece lo más lógico, aunque no excluyo ninguna posibilidad. Se puede mantener, se puede modificar y

se puede sustituir por otro. La apertura de España a cualquier iniciativa de la Santa Sede es completa.

Pero es evidente que mientras el Concordato esté en vigor debe aplicarse.

—¿Cómo juzga a las Naciones Unidas?

—La superación de la anarquía internacional mediante la sumisión de los Estados a un orden jurídico

planetario me parece un básico imperativo moral. A lograrlo se han dirigido proyectos tan nobles y

ambiciosos como el de la Sociedad de Naciones y el de la O. N. U. Pero el derecho de veto y la falta de

fuerza vinculatoria y ejecutiva de las resoluciones de la Asamblea hacen, desgraciadamente, que las

Naciones Unidas sean más un exponente de la opinión pública mundial que un eficaz instrumento para

ejecutar el derecho entre los pueblos. España no regateará esfuerzos ni entusiasmo para que la O. N. U.

cumpla sus fines y es optimista ante el XXV aniversario de la Organización, que se celebrará el año

próximo.

—¿Cómo resumiría, señor ministro, la política exterior de España?

—Aspiramos a que se respete nuestra personalidad como nosotros respetamos la de los demás.

Rechazamos toda injerencia en los asuntos internos. Pedimos a los países más ricos un apoyo

proporcionado al que nosotros prestamos a los más pobres. Deseamos que todos los pueblos alcancen por

el desarrollo económico y cultural, una auténtica transformación social y un perfeccionamiento moral, y

ello sólo es posible con una visión solidaria de los problemas de la Humanidad y defendiendo, por encima

de todo, la paz.

La entrevista ha durado más de una hora. El ministro ha contestado todas mis preguntas no sólo con la

seguridad del experto, sino con el dominio del hábil diplomático y la firmeza y el aplomo del hombre de

Estado. No ha utilizado esas fórmulas ambiguas—tan frecuentes en los usos de las viejas cancillerías

europeas—para expresar sus opiniones. Por el contrario, ha ido al núcleo de los problemas de manera

decidida, tajante y rotunda. Con un lenguaje transparente, sin eludir ni una sola de las arduas y delicadas

cuestiones planteadas.

Para mí éste es el símbolo de la dinámica política de la hora presente de España. Y en el ámbito da las

relaciones internacionales, e1 estilo vivo, directo y realista de la mejor diplomacia.—Pedro ROCA-

MORA.

 

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