Información religiosa. 
 Homilía del obispo de Gerona en torno a las detenciones de Barcelona     
 
 Informaciones.    20/11/1973.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

INFORMACIÓN HOMILÍA DEL OBISPO DE GERONA EN TORNO A LAS DETENCIONES

DE BARCELONA.

GERONA, 20. (EUROPA PRESS)—La oficina de Prensa del obispado de Gerona ha

entregado para su divulgación una nata en catalán, cuyo texto es el siguiente:

«Fragmento de la hornilla pronunciada por monseñor Camprodón en la parroquia de

San Salvador, en la misa vespertina del sábado día 17.

Estas últimas semanas hemos podido leer en la Prensa el relato, hecho desde

diversos ángulos, de unos hechos ocurridos en Barcelona; me refiero a la

detención y encarcelamiento de más de un centenar de personas que la parroquia

de María Medianera de aquella ciudad había acogido en sus locales para celebrar

en ellos una reunión.

Si tenemos en cuenta que esto ha sucedido en nuestra casa —se dice que todos los

pueblos de Cataluña son un» calle de Barcelona, por su influencia capital— y que

son muchas las personas que sufren sos consecuencias, creo que el obispo no

puede permanecer silencioso y siente el derecho de dar a conocer su reflexión de

fe.

ES obispo se adhíere a las palabras que el cardenal Narciso Jubany pronunció,

hace ocho días, con ocasión de una homilía a la Asociación Cristiana de

Dirigentes y que la Prensa ha publicado esta semana. Recordamos algunos de sus

puntos, transcribiendo, los del texto aparecido en la Prensa: "Ante lo ocurrido

hay que recordar que, entre los dérechos naturales del hombre —que la encíclica

«Pacem in Terris» califica de >>universales, inviolables e inalienables» (nums.

23 y 145)— figura el de la libertad de reunión y de asociación...´´

Y más adelante: «Voces autorizadas del Gobierno reconocen la realidad del

problema y apuntan hacia una misma dirección...»

Y termina: «Asi, pues, urge para nuestro país una ordenación jurídica que

responda a esos deseos y necesidades, tan amplia y hondamente sentidos en

nuestro pueblo...»

2 Es un hecho que a menudo, demasiado a menudo, hemos de lamentar

acontecimientos de esta Índole que a todos nos hacen sufrir, lo cual indica que

a nuestra paz le faltan columnas elementales como son las citadas: el derecho de

reunión y de asociación.

Con serenidad, con respeto, pero también con decisión, nos unimos a las voces

que se levantan pidiéndolos para todos.

El hecho de que la Iglesia disfrute de ellos como un privilegio es ya una

anomalía que la sociedad de hoy difícilmente acepta, y que es preciso resolver

convirtiendo en normales estos derechos para todos.

3 Prevemos que las intervenciones de la Iglesia en este campo podrán ser

ínterpretadas como actos de acción política, pero no podemos evadirnos, si

queremos ser consecuentes con el espíritu del Señor resucitado que nos anima y

que encontramos cristalizado en la encíclica antes mencionada y en la carta

«El progreso de los pueblos», de Pablo VI.

4 Es posible que, siguiendo por éste camino, la Iglesia, a pesar de

estar abierta a todos los hombres, quede desmantelada de la consideración de un

sector de la sociedad, hoy, y tal vez de otro sector, mañana. Entonces es

preciso que nos acordemos de que en la desnudez de la cruz, vivida como

consecuencia de la fidelidad al Padre, es cuando la Iglesia habla de la

salvación de Jesucristo con una voz más clara y penetrante y lo proclama el

Señor.

Con esta actitud queremos hermanarnos con todos los hombres de buena voluntad y

trabajar con ellos en la búsqueda de una verdadera paz para todos.»

 

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