Información Religiosa. Carta de los obispos de Bilbao, San Sebastián y Segovia. 
 Que desaparezca la prisión de Zamora para sacerdotes     
 
 Informaciones.    12/11/1973.  Páginas: 1. Párrafos: 24. 

INFORMACIÓN RELIGIOSA CARTA DE LOS OBISPOS DE BILBAO, SAN SEBASTIAN Y SEGOVIA.

"Que desaparezca la prisión de Zamora para sacerdotes".

BILBAO, 12. (LOGOS.)—Los sacerdotes están recibiendo una comunicación fechada el

8 de noviembre y firmada por el obispo de San Sebastián, don Jacinto Argaya; el

de Bilbao, don Antonio Añoveros; el de Segovia, don Antonio Palenzuéla, y el

auxiliar de San Sebastián, don José María Setién, sobre las gestiones que llevan

realizadas en relación con los. sacerdotes presos en Zamora. El documento

comienza diciendo:

«Queridos sacerdotes: en distintas ocasiones hemos compartido con vosotros la

preocupación fraternal por la delicada situación de los sacerdotes de nuestras

diócesis, uno de San Sebastián y cinco de Bilbao, que cumplen las penas dictadas

por sentencia Judicial en la prisión provincial de Zamora y un sacerdote de

Segovia, retenido en la misma prisión a causa del proceso en que se halla

implicado.

En diversas ocasiones os hemos comunicado verbalmente las gestiones que venimos

realizando al más alto nivel del Gobierno y de la jerarquía eclesiástica para

lograr el traslado de los sacerdotes a casas religiosas o, en su defecto, a

otras prisiones distintas de la de Zamora, al mismo tiempo que solicitábamos con

ocasión de este año diferentes formas de indulto, tanto para ellos como para

todos aquellos que se hallan en las cárceles, privados de libertad.

FUERTE TENSIÓN

Somos testigos directos, en nuestras recientes visitas, de la fuerte tensión

personal a que les han llevado los largos años de dura prisión, y así lo hemos

hecho patente ante las distintas autoridades, particularmente en los últimos

meses. Prueba extrema dé esa elevada tensión psicológica son los acontecimientos

del pasado martes día 6, de los que habéis podido tener información por los

distintos medios de comunicación social. Por fidelidad a vosotros y a vuestras

comunidades cristianas, queremos ofreceros por escrito esta información, a la

que acompaña la expresión de nuestra común actitud, como obispos, ante los

acontecimientos citados.

Ante todo, queremos hacer constar que ninguno de los obispos de San Sebastián y

Bilbao han concedido ni les ha sido solicitado su consentimiento a fin de que

las penas de privación de libertad que en estos momentos están sufriendo los

sacerdotes de estas diócesis se cumplan en la prisión provincial de Zamora.

Tampoco el obispo de Segovia ha concedido su consentimiento para que el

sacerdote de esa diócesis sea retenido en la misma prisión, con ocasión del

proceso que contra él está en curso.»

GESTIONES

A continuación detallan una serié de gestiones realizadas a partir del año 1969.

En la primera, de ellas consiguen el traslado a una casa religiosa de tres

sacerdotes dé la diócesis de Bilbao; los demás sacerdotes reclusos no desearon

qué se realizaran gestiones sobre ellos con este fin. Se obtuvo ese año «la

instalación de la calefacción en alguna dependencia de la cárcel destinada á

sacerdotes, asi como facilidades para que puedan cursar estudios

universitarios».

Durante los años 1970, 1971 y 1972 se hacen distintas gestiones para, el

traslado de diversos sacerdotes a casas religiosas, y piden que «se cumpla el

párrafo 5 del articulo 16 del vigente Concordato, en lo que se refiere al mutuo

acuerdo del ordinario del lugar y de la autoridad judicial parala designación

del lugar; en el que los clérigos han de cumplir condena».

El obispo de Bilbao consigue en el año 1972 que tenga «resultado positivo la

petición en favor del sacerdote J. Sánchez, quien" después del juicio pasaba su

condena en el convento franciscano de Olite».

«El 20 de noviembre—sigue diciendo la comunicación—, a petición de los obispos

de San Sebastián y de Bilbao, la Comisión Permanente del Episcopado Español

designa una comisión especial, integrada por el cardenal Bueno Monreal y los

obispos dé San Sebastián, Bilbao y Zamora, que visita al señor ministro de

Justicia, en presencia del director general de Asuntos Eclesiásticos y le

presenta cuatro peticiones:

1.» Que desaparezca la prisión de Zamora para sacerdotes: 2.» que no se separe a

los sacerdotes penados de los demás presos, ya que dicha separación constituye,

de hecho, una pena más aflictiva; 3.» que los sacerdotes puedan cumplir su

condena en casa religiosa; 4.» que el Gobierno tenga alguna acción de

benevolencia para con todos los presos. A estas peticiones, el señor ministro

contestó, entre otras cosas, que: 1.» el Gobierno no tenía mayor interés en

conservar la cárcel de Zamora para sacerdotes. 2.° El Concordato vigente prohibe

claramente tener a los clérigos juntamente con otros penados.»

Detallan los obispos las gestiones que hicieron en este año de 1973 entre ellas

una carta del obispo de Bilbao al. ministro de Justicia «recordándole las

peticiones formuladas y pidiéndole noticias»; en Julio, el mismo obispo visita

al Presidente del Gobierno «pidiéndole la supresión de la cárcel de Zamora para

sacerdotes y el traslado de éstos a casa-religiosa y un indulto general»;

gestiones similares del obispo de San Sebastián ante el ministro de Justicia.

Superiores de algunos conventos responden afirmativamente a la posibilidad dé

acoger a sacerdotes penados, si las gestiones anteriores dan resultado positivo.

El 10 de agosto, visita del obispo de San Sebastián, en nombré propio y en el de

Bilbao, al ministro, de Jornada, con, peticiones Similares.

De todas estas gestiones, se tiene informado, al presidente de la Conferencia

Episcopal Española.

A continuación el escrito dice:

«Los obispos solicitan a los sacerdotes encarcelados en Zamora su consentimiento

escrito para tramitar ante las autoridades del Estado su traslado a casas

religiosas. Todos ellos, a excepción de uno, contestan afirmativamente.

El 12 de septiembre, y al petición de los propios sacerdotes, los obispos de

Bilbao y Auxiliar de San Sebastián, los visitan en la cárcel de Zamora. Es esta

la primera vez en la que los sacerdotes de la diócesis dé Bilbao, con la

excepción mencionada el mes de mayo, admiten la visita de su obispo.»

En septiembre, dirigen cartas al presidente del Gobierno, ministro de Justicia y

ministro de Asuntos Exteriores, y se vuelve a presentar el tema ante la Comisión

Permanente del Episcopado, que acuerda hacer nuevas gestiones a alto nivel.

En la segunda mitad de octubre y los primeros días de noviembre, se suceden

insistentes gestiones ante las autoridades civiles y ante el cardenal presidente

del Episcopado y el Nuncio de Su Santidad estos dos últimos «comunican haber

realizado las gestiones que se les encomendaron». También «después de consultar

el caso a varios juristas y canonistas», el obispo de Bilbao envía una nota al

capitán general de la Sexta Región Militar y copia al nuncio, «urgiendo el

cumplimiento del párrafo E del artículo 16 del Concordato, en la referente al

mutuo acuerdo entre el ordinario del ¡lugar y la autoridad judicial para la

designación de centro penitenciario,para clérigos penados».

El 3 de noviembre, los obispos de Segovia y auxiliar de San Sebastián, visitan

la prisión de Zamora.

Los obispos acaban su escrito a los sacerdotes fijando cuál es su postura en el

momento actual:

A UNA CASA ECLESIÁSTICA

«Deseamos, ante todo, que las penas de privación de libertad de los sacerdotes

se cumplan en una casa eclesiástica o religiosa, designada de común acuerdo por

la autoridad eclesiástica y la autoridad judicial, por ser este «1 modo normal

previsto en el artículo 16, párrafo 5.º, del vigente Concordato y en la orden

ministerial del 22 de abril de 1957.

Pedimos que, si por razones especiales hubiere de aplicarse la hipótesis

prevista en el mismo Concordato de cumplimiento de las penas "en locales

distintos de los que se destinan a los seglares, esta decisión no sea tomada

unilateralmente por la sola autoridad judicial del Estado, sirio previo acuerdo

con la autoridad eclesiástica. Solicitamos de la autoridad a, que corresponde,

el esclarecimiento de las dudas que puedan surgir en la aplicación de esta

cláusula concordatoria, ya que el mantenimiento de la duda origina, de hecho,

una situación perjudicial y particularmente aflictiva para los prelados,

contraria al espíritu mismo del acuerdo.

Queremos también expresar nuestro urgente deseo de que desaparezca una cárcel

que, por derivarse de la aplicación de un Concordato acordado entre el Estado y

la Iglesia, parecería hacer a éste responsable de la existencia de una cárcel

del Estado, especial para los sacerdotes.

Finalmente, no queremos ocultaros, queridos sacerdotes, el temor, de que los

sucesos qué ahora nos ocupan sean utilizados para fomentar divisiones y, aun en

casos extremos, rupturas internas a la misma comunidad eclesial.

Sacerdotes y obispos pueblo cristiano y jerarquía, nemos de sentirnos miembros

unidos de esa única Iglesia a la que Cristo amo y entregándose por ella, la gano

con su propia sangre. Os invitamos, por ello, a contemplar, una vez más, el

momento que hoy vivimos en nuestras comunidades diocesanas, con el espíritu de

fe y de caridad que nos unen en Jesucristo. Hoy 8 de noviembre de 1973.»

Firman los cuatro obispos.

12 de noviembre de 1973.

 

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