Autor: Gil de Sagredo, Julián. 
 El divorcio en España. 
 Puntualizaciones a un artículo de José María González Ruiz     
 
 ABC.    23/07/1974.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. MARTES 23 DE JULIO DE 1974. EDICIÓN DE LA MAÑANA.

PAG. 16.

OPINIONES AJENAS, POLÉMICAS, CARTAS, PUNTÜALIZACIONES, COMENTARIOS.

EL DIVORCIO EN ESPAÑA.

PUNTUALIZACIONES Á UN ARTICULO DE JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ RUIZ.

José María González Ruiz en el artículo que publica el ABC del 16 del mes en

curso sobre e1 divorcio en España, hace ciertas manifestaciones, que por su

matiz tendencioso y por la autoridad en que pretende apoyarlas, merecen las

siguientes puntualizaciones:

Primera.—Cuando afirma que la Iglesia «se cree» a veces dotada de una potestad

vicaria, parece poner en duda que esté realmente dotada de dicha potestad por lo

menos en los dos casos que menciona, a saber, el matrimonio «rato y no

consumado» y ]a solubilidad del cosumado en favor de la Fe por el privilegio

paulino. Facilmente puede nuestro teólogo superar ese gravísimo error, sí

consulta, en relación con la triple potestad de regir, santificar y enseñar

conferida a Pedro, los textos bíblicos primaciales de Mat. 16,13-19, Luc.

22.32., y Juan 21.15-17, así como la interpretacion de los mismos por los Santos

Padres tanto de la Iglesia oriental como occidental, particularmente Clemente

Alejandrino, Orígenes, San Cirilo de Jerusalén, los dos Gregorios de Nacianzo y

de Nisa y San Juan Crisóstomo por lo que concierne a la primera, y Tertuliano,

San Cipriano, San Hilario, San Optato de Maleva. (San Ambrosio, San Jerónimo y

San Agustín en lo referente a la segunda. Dé también, un repaso González Ruiz a

las tres cláusulas que el Concillo Vaticano I áporta con carácter previo a su

declaración como dogma de Fe de la infalibilidad pontificia, a saber, a) Que

siempre sostuvo dicha doctrina la Santa Sede;

b) Que lo comprueba el uso perpetrado en la Iglesia, y c) Que la declararon los

Concisos Ecunémicos —y para ampliacion de dichos puntos estudié despacio la

Teología Fundamental de Vizmanos y Riudor, ambos de la Compañía de Jesús,

legítima, en el Tratado III, parte II, capítulos I al XI.

Segunda.—Asevera González Bufe que la indisolubilidad del matrimonio es un bien

específico de la Fe cristiana. Esta afirmación es verdadera si por bien

específico entendemos que la indisolubilidad en el matrimonio cristiano queda

reforzada, consolidada y elevada por su condición de sacramento. La misma

afirmación es falsa si por bien específico entendemos que la indisolubilidad del

matrimonio es un bien exclusivo de la Fe cristiana, pues ello equivaldría a

negar la Indisolubilidad del matrimonio entre no cristianos. Lo cierto es que

dicha indisolubilidad afecta tanto a los cristianos «como, a los no cristianos,

puesto que se trata de un derecho natural secundario, que deriva como conclusión

de los principios del orden natural, ya que de la proporción, o adecuación del

amor racional entre hombre y mujer en orden a la generación, crianza y educación

de los hitos se deduce a modo de corolario la indisolubilidad del matrimonio. Y

si tiene alguna duda el se-ñor González Ruiz, que se repase la «Sumara

Theológica» en 11.11.573.; 1.11.95.2; 1.11.91.2; 1.11.94. 1 y 2, y V.-41-68, de

cuyo amplísimo y profundísimo contenido parece olvidado él canónigo de Málaga.

Repase,también a Santo Tomás en «Summa Theológica».

1.11.94.5. para saber a qué atenerse sobre posibilidad de cambio en la ley

natural, distinguiendo entre la mudanza o cambio, por adición o por substracción

y subdistinguiendo entre la substracción respecto a los primeros principios o

preceptos y la substracción respecto a los segundos principios o preceptos, que

brotan como conclusiones de los primeros.

Tercera.—Al ser la indisolubilidad patrimonio exclusivo de la Fe cristiana —nos

viene a decir González Ruiz—, la ley humana no puede imponerla a los que no

comparten dicha Fe, dado el respeto debido a la libertad religiosa. Es un

argumentito muy bien tejido, pero sofístico, puesto que al ser falsas las

premisas en que se apopa, resultan igualmente falsas sus conclusiones. La

indisolubilidad del matrimonio es de derecho natural y por tanto la ley humana

puede y debe reconocer dicha indisolubilidad: lo que nunca podrá hacer es

imponer la solubilidad, es decir, el divorcio vincular. No puede haber ley que

no sea justa y como la justicia no procede del arbitrio del hombre, porque

entonces lo justo hoy sería injusto mañana, se sigue que toda ley humana ha de

derivar de manara inmediata o mediata de la ley eterna a través de sus dos

cauces, la revelación o derecho divino positivo para los que crean y el Derecho

Divino Natural para los que crean y para los que no crean. Cuanto la ley humana

imponga contra la ley natural es injusto y por tanto no es ley aunque revista su

forma o apariencia. Consulte González Ruiz a Santo Tomás en «Summa Theológica»,

1.11.95.2 y no lo consulte simplemente como a teólogo, sino como a filósofo

guiado por la inexorable lógica de la razón. Si la ley natural exige la

indisolubilidad del matrimonio, la ley humana debe reconocerla, y si lejos de

reconocerla, la contradice, deja de ser ley.

Cuarta.—Es igualmente incierto que Pablo VI apoye la tesis de González Ruiz en

el texto que reproduce en su artículo. El Papa se limita a realzar la dignidad

del matrimonio cristiano sobre la dignidad del matrimonio natural, porque aquél

no sólo es contrato, sino sacramento y simboliza la unión indisoluble de Cristo

con su Iglesia. Jesucristo ilumina la institución matrimonial y recoge «la

secreta aspiración del corazón humano íntimamente inclinado a querer el

matrimonio como una unión que dura para siempre», en cuyas palabras el mismo

Pontífice implícitamente está manifestando la tendencia puesta por Dios a la

misma naturaleza. De ahí a que Pablo IV excluya la indisolubilidad del

matrimonio entré no cristianos media un abismo, que González Ruiz se salta

alegremente a la torera, para deducir unas consecuencias de orden político

totalmente desviadas de la sana doctrina.

Pablo VI, por el contrarío, en su alocución de 15 de mayo pasado (x. O. R. 19-V-

1974, edic. esp.), mantiene la doctrina de la perennidad y exclusividad del

matrimonio, tanto natural como cristiano, y ello contra la falsa doctrina de

González Ruiz.

Aunque el orden de los hechos debe corresponder al orden de los principios, la

falta de armonía entre ambos órdenes no justifica nunca la prevalencia del acto

sobre la norma, como parece indicar González Ruiz. Los delitos contra 3a

propiedad, por muy reiterados que sean, nunca justificarán una ley que

autorizara la apropiación indebida: por muchos adulterios que se cometan, nunca

podrá la ley para evitarlos sancionar el divorcio, pues ello equivaldría a

sancionar como justo lo injusto y como legítimo lo Ilegítimo. Siendo la

indisolubilidad dea matrimonio de Derecho natural, ningún poder humano puede

dictar una ley aprobando el divorcio vincular aunque lo pidiese no ya la

mayoría, sino incluso la totalidad del pueblo de una nación. Mucho menos puede

consultar un plebiscito nacional la subsistencia o la anulación de una Ley de

Dios ímpresa en la misma naturaleza humana, como es la indisolubilidad del

matrimonio. Votar a favor del divorcio vincular equivale, de hecho, a renunciar

o poner en duda—prescindamos de Intenciones subjetivas—la indisolubilidad del

matrimonio, contra lo que opina González Ruiz.— Julián GIL DE SAGREDO.

 

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