Autor: Abarca, José Luis. 
 Habla el padre Díez Alegría. 
 Como católico respeto la tradición y me encuentro ligado a la Iglesia  :   
 Tengo una fe profunda en Cristo con una dimensión eclesial irrenunciable. 
 ABC.    28/03/1973.  Página: 41-43. Páginas: 3. Párrafos: 40. 

ABC. MIÉRCOLES 28 DE MARZO DE 1973. EDICIÓN DE LA MAÑANA.

PAG. 41.

HABLA EL PADRE DIEZ ALEGRÍA COMO CATÓLICO RESPETO LA TRADICIÓN Y ME ENCUENTRO

LIGADO A LA IGLESIA.

Tengo una fe profunda en Cristo con una dimensión eclesial

irrenunciable.

Ala cena en una casa del Pozo del Tío A Raimuado han acudido los

jesuítas José María de Llanos y José María Diez Alegría, así como otras

personas. El primero, con su aspecto de profeta fatigado, apenas comió y se

retiró pronto. Con el padre Díez Alegría he hablado mucho y aquí

presento, tin amplio resumen de la conversación. Es simpático y sabio, de humor

profundo. Jovialmente le oí decir que mataríamos un carnero bien cebado cuando

todo pasase, como con el hijo pródigo, y de modo humilde que, «en mi

teología con acierto o sin él, está el empeño de abrir los ojos a la realidad y

admitir los datos reales». No es, .creo yo, orgulloso ni pedante. Profesor

que no pretendió dar lecciones, encontré parecida su cara a la de Julián Marías.

—Habla usted de la crisis nacida al hilo de una reflexión teológica cuando era

muy joven. Esta crisis, ¿tiene un componente teológico o también pastoral? ¿Vino

una y después otra? ¿Cómo se ha resuelto la crisis?

__Hay en mí dos crisis. Crisis de fe y crisis de conciencia. La primera fue,

diríamos, de tipo dogmático, sobre la posibilidad de tener una fe como

afirmación absoluta. Era crisis un poco radical al Mío de una problemática

filosófica, «na crisis entre agnosticismo y posibilidad de la fe. Mientras que

la segunda crisis precisamente es una crisis a partir de la fe en Jesucristo y

del Cristo del Evangelio. Viene esta segunda crisis a dar cuenta de que él

cristianismo vivido por los cristianos no es un verdadero cristianismo. Esta

segunda crisis, repito, es a partir de una fe inconmovible que el creyente la

vive como una gracia. No conmueve en absoluto mi fe en Jesucristo, pero pone en

cuestión mi ser de cristiano y la misma significación de la Iglesia. No sólo

esta segunda crisis no me ha hecho dudar de la fe en Jesucristo, sino que

tampoco me ha llevado fuera de la Iglesia, al revés de lo que le está ocurriendo

a otros. En mi libro, y con una terminología un tanto hegeliana, explico que

tenía fe, pero no la autoconciencia de la fe antes de la crisis.

—¿Ahora la tiene?

—Desde mi crisis a los veinticuatro años tengo esta antoconciencia. Desde

entonces llegué a reinstalarme en la fe de una manera refleja y consciente,

viviendo la fe como misterio," como don y como gracia, y no como un resultado de

la autoridad de otros hombres o incluso de argumentaciones apologéticas. De modo

que la experiencia de mi crisis y de su resolución por vía de experiencia

interna y de gracia fue lo ´que me hizo darme cuenta de que la fe auténtica ni

se prueba apologéticamente, pues está más allá de todas las pruebas posibles, ni

se apoya tampoco en «na autoridad de la Iglesia o de quien sea, sí no que es una

especie de revelación interna de Dios al hombre.

—¿Qué supuso entonces la primera fe?

—Es decir, yo fui bautizado de niño, como lo somos todos en las familias

cristianas. Fui educado en la religión, y como nunca tuve crisis, pues vivía

pacíficamente la fe, pero sin autoconciencia refleja de darme cuenta de lo qué

es misterio de la fe. Antes de la crisis yo vivía con la idea de que tener fe es

una cosa obvia. Yo la fe la vivía de esta manera, como una cosa dada. Y además,

en el fondo, parque ésta es una tendencia sobre todo entre católicos, una

tendencia primaría, que nos conduce a apoyar la fe en los demás. Lo de los

viejos catecismos: >>Yo no sé nada, doctores tiene la iglesia.» Los problemas

filosóficos de mi crisis te cuestionan la base misma del conocimiento, te

cuestionan por ello la fe de una macera radical y profunda. Entonces, al entrar

en crisis la fe y resolverse, esto es una experiencia religiosa, sin haberse

resuelto propiamente, los problemas filosóficos, porque la problemática

permanece abierta y queda una experiencia inexplicable que yo compararía con la

de San, Pablo cuando Dios se le aparece en el camino de Damasco.

—¿Tanto desprecia la apologética?

—No digo que la apologética no pueda tener valor, pero con ella no se llega a

dar un fundamento a la fe.

Porque la fe la tienes porque es una gracia y no sabes por qué 1a tienes, ni

tampoco cómo puedes conservaría. Esta experiencia, pues, me dio una libertad

interior extraordinaria. Pero la primera libertad interior que me dio es una

libertad que quizá no todos tienen, por lo menos reflejamente, o, al menos, no

la tienen autoposeida en forma de autoconciencia.

—Me parece que en todo lo que cuenta hay dos partes quizá confundidas, Una

crisis que se soluciona de una manera y otra de forma distinta. En la primera —

nacida por la reflexión filosorica y en donde su reafirmación se apoya en el

carácter mistérico de la fe— no hay la misma solución une para la segunda, de

una dimensión distinta.

—histórica y social, por ejemplo— y en la que no hay ese valor mistérico.

—No esta segunda crisis también tiene un aspecto mistérico, porque su

problemática está en la desmitologización de recuperación de la esperanza, quizá

el punto central de mi libro. Porque uno si cree como yo creo, con la fe como

foudo de mi existencia, si uno cree qué Jesucristo es el Hijo de Dios, el Señor

de la Historia y el Redentor, ¿cómo puede eso en la historia subsiguiente de la

Humanidad y de la Iglesia, dentro de esa Humanidad, funcionar de una manera tan

desconcertante? En el fondo es un problema tan radical como el primero. Así es

como yo, sin resolver de manera definitiva y apodíctica el problema filosófico,

por vía do misterio, de gracia y de fe, si me encuentro reinstalado en esa fe,

con una firmeza enorme, no obstante de la misma manera, aunque parece que la

Historia funcionaría igual, yo sigo creyendo que Cristo es el Redentor, y por

eso tengo una esperanza que no se arría jamás y que va adelante en la Historia.

—Es que usted no sólo hace una reafirmación de la fe, aunque de modo conflictivo

y difícil, sino también de su permanencia a la Iglesia.

—Sí, muy clara. Pero yo diría que un sector importante de los católicos

tradicionales creen en Cristo porque fían en la Iglesia. Exagerando un poco

podría decirse que creen en los sacerdotes, en los obispos, en la Iglesia y por

ello creen en Cristo, pues la Iglesia les dice que crean en Cristo. Mientras que

la postura mía es que se cree en Cristo: fe en la Persona, Y porque creo en

Cristo yo admito la Iglesia, apoyándome en la fe en Cristo...

—... pero dando a la Iglesia un valor instrumental...

—Con un valor instrumental y además superando un problematismo de la Iglesia que

en sí misma, diríamos, que no es digna de fe. De ahí la vinculación de la

Iglesia a la fe fundamental en Crista no puede existir más que como

participación pascual en la fe de los primeros discípulos. Precisamente porgue

la fe no es nunca resultado de una investigación científica, jamás el estudio de

las fuentes nos conduce a la fe, aunque tenga su importancia y, por otra parte,

la fe nos impulse al estudio histórico. Hay aquí una dialéctica entre ciencia

histórica y de realidad de la fe. Y no puede haber ningún se Her que crea que

Cristo es el Hijo de Dios y no participe en la fe de los discípulos. Por tanto,

en función de la fe en Cristo y del Evangelio, yo me siento terriblemente

contestatario respecto de la Iglesia y también de mí mismo, porque yo también

soy Iglesia. Por ello Hamo a esta postura autocrítica y eclesiocrítica.

—¿No hay en usted una especie de fe >>írracionalista» contra una teología

dogmática?

—En mí fe hay dos cosas. Primero, la relación entre fe y apologética y luego 8a

relación entre fe y fórmulas dogmáticas conceptualmente expresables. Son dos

problemas distintos; en ¡a primera crisis de fe hay una clarificación de la

soberana independencia respecto de la apologética, Y en cuanto al segundo

problema, la relación de la fe con las formulaciones dogmáticas, toda una

corriente de la teología moderna, con grandes teólogos y muy fecunda, afirma que

la fe es la entrega-confianza en una Persona que es Jesucristo.

—¿Reivindica, pues, la relación personal del hombre con Dios?

—Efectivamente. El nivel mas radical de la fe no es la afirmación de verdades

conceptuales, sino la aceptación de la Persona de Cristo, pero naturalmente se

trata de una aceptación valorativa. Es decir, yo acepto a Cristo como Hijo de

Dios, el que me supera, en quien me apoyo. Mira, hay como tres niveles: primero,

la Persona y la Presencia de Jesús que está frente a mí; luego, las palabras

mismas de Jesús, y, por último, las palabras que el creyente puede decir en su

reflexión de la fe. De estos tres niveles, el más rico es el de la Persona de

Jesús, Fíjate que un autor grandioso, pero antiguo, Santo Tomás de Amaino, ya en

el siglo XIII decía esto mismo: la fe no se termina en los conceptos, sino en la

realidad misma a que aquellos sé refieren. Así, el que llega a creer con lá

autóconciencia de la fe, por encima de los credos, fórmulas dogmáticas, llega en

su fe hasta Cristo mismo. Es un misterio. No hay apologético no teología

siquiera que puedan llegar a esa profundidad del hombre.

—Ha escrito, qué corría cristianos respetamos una pluralidad de acciones

políticas, qué es normal y indeclinable, entre miembros de una misma Iglesia.

¿Cree, verdaderamente, permisibles todas las opciones?

-—Tocias no, pero muchas sí, y yo me batíré por eso. Todo integrismo es absurdo,

cea de derechas o de izquierdas. Por la razón de que el cristianismo como lo

entiendo yo es ético-profético y por ello tienen unas tremendas direcciones de

valor, ¿Cómo traducirlas en las concreciones de una acción política? Ahí existe

una mediación que es muy complicada, y esa mediación no es ya de la fe, sino del

análisis histórico. No quiero decir que cualquier opción sea posible, sino que

yo diría Que determinadas opciones políticas creo que son incompatibles con los

valores de la fe. Otra cosa es que un cristiano, sin culpa personal — quizá por

resultado de una educación o por defectos históricos de la Iglesia—, pueda

escoger esas opciones de buena fe. Entonces yo no podría excomulgarle, por

decirlo así, sino solamente afirmar que esas tracionan los valores profeticos

cristianos. Entre estas opciones, que son claramente incompatibles con los

valores profetices cristianos y una opción determinada, hay un campo de

pluralismo muy grande.

—Dentro de este campo de opciones, fijémonos en un criterio de óperatividad.

¿Encuentra un criterio, dentro de la fe, que opere o no en rasan de hacer

desaparecer unas estructuras?

—Pero ese juicio es ya político, no de fe. Lo que a ti la fe te dice es que los

valores ético-proféticos del cristianismo son; la comunidad de corazones y

bienes, la fraternidad, la liberación de la codicia, la voluntad de justicia y

odio a la opresión y las estructuras de opresión. Entonces el problema que a la

fe incumbe es si la opción política la haces o no de acuerdo eon esos valores.

Este es el baremos cristiano. Si yo creo que un cristiano va a hacer una opción

política mala porque no va a ser efectiva, la discusión con él para que se

pronuncie en otro sentido será de tipo político, no de tipo religioso.

—¿Cree que pueden deslindarse estas cosas? ¿No es más lógico, que a una fe

corresponda o deba corresponder una opción política concreta? ¿Cómo dividir,

dentro de una persona, la dímensión religiosa y la dimensión politica?

----No lo separo en la persona, lo separo en la comunidad eclesial, que es una

comunidad de fe. Es absurdo que ella exija una anidad política, esto no tiene

sentido.

—¿Pero de la afirmación de los valores proféticos del cristianismo, se desprende

una actitud política?

—No unívoca. ¿Porque unívoca? La función de la fe no es tener una efectividad

política, eso se os dará por añadidura.,. La religión no es ciencia y la

religión éticoprofética no es mi análisis científico de la sociedad: no lo

excluye pero no lo es Jesús no fue un político en el sentido de jefe de un

partido, las valores ético-proféticos del cristianismo te obligan a preocuparte

del prójimo, de la realización de la justicia. El valor religioso puede haberte

obligado a empañarte en esos planteamientos externos, pero después de un

análisis histórico particular, no te obliga sin embarco, a escoger una opción

política determinada.

—Algo asi como la de Cristo y los zelotas.

—Exactamente. Además, sí en seno del marxismo hay tantas divergencias aun

queriendo ser científico, ¿cómo queremos nosotros que de los valores ético-

proféticos del cristianismo —sue no son científicos sino eminentemente éticos—

deducir unívocamente una acción política? La respuesta es muy difícil y muy

personal y las acciones de personas que quieran servir a estos valores y no

estén influidas por errores históricos, pueden ser diferentes. Efectivamente es

lo de Cristo y los zelotas. Hablando de la religión profética, yo creo que es

tremendamente de izquierdas pero no es política. Entonces, una política de

derechas no puede darse en un cristiano sincero más que por una deformación de

la conciencia, de la que no es responsable. Ahora bien, una política de

izquierdas jamás puede ser una deducción unívoca del cristianismo.

—¿Qué nivel y qué medida tienen en usted la esperanza eclesial?

En la mentalidad tradicional hay la tendencia a considerar que la Iglesia es

mediadora si no exclusiva, al menos privilegiadásima, en la historia de la

Salvación. Yo pienso, sin émbargo, primero que si 3a Iglesia fuese lo que debe

ser, sería mediadora privilegiada, quizá no tanto como pensamos, porque el

Espiritu sopla donde quiere. Además, aunque la Iglesia hubiese sido fiel, de

todos modos es inadecuadísima respecto a la historia total de la Salvación.

Modernamente sabemos que la Historia es un río tremendo, hemos captada la

conciencia de que Cristo as un Redentor Universal. Entonces, la vestidura de la

iglesia visible es demasiado visible para ser Redentora Universal y no puede ser

la Iglesia tan importante como instrumento de mediación. Y esto suponiendo qué

hubiese sido fiel. Si encima ha sido más infiel que fiel, ¿cuál es la ecuación

entre Iglesia visible y mediación en la Salvación? Posiblemente es una cosa

mucho más modesta. Lo que propugno es que la Iglesia debe ser fiel y está

llamada a ser fiel testigo de la fe de Jesucristo. Si es fiel será cosa

magnífica y no podemos prever hasta donde llegará esa fecundidad. Pero, ¿será o

no fiel? Hasta ahora lo ha sido muy poco. Un cristiano debe tener la esperanza

de mejoramiento, pero no la seguridad.

• —¿De qué forma tiene usted esa esperanza?

—Esperanza activa, sí. Por eso he escrito el libro y me he jugado un poco el

tipo. Y me tiene sin cuidado que me exclaustren, me tiene sin cuidado. En mi

conciencia para, no ser puesto a la puerta de la Compañía de Jesús, ¿iba yo a

renunciar a trabajar porque la Iglesia —Compañía de Jesús y no Compañía— avance

hacia el Evangelio? Pero otros muchísimos jesuitas buenos, quizás personalmente

mejores que yo, tienen otra mentalidad. Te dicen: hombre, para mí lo principal

es no salirme de la compañía.

—Sobre esto quería preguntarle. Quiza le parezca una impertinencia. En este

ataque, pero también salvación a la Iglesia, ¿hay una creencia, o ésta, se une

también a una actitud pudente? —No, nada de prudencia. ¿En qué sentido se

trataría de prudencia?

—No sé, ¿por qué no ha llegado más lejos? ¿Por qué no se ha marchado? ¿Por qué

no ha hecho un libre examen hasta el final?

—;Ah¡ ¡Ah! >No lo sé bien, probablemente no hay modo de responder con toda

exactitud.

—Perdón, tampoco olvido yo que usted es un ser histórico. —Diría otra cosa. En

el capítulo «Fe en Cristo y permanencia en la Iglesia» he hecho un esfuerzo por

explicar con la mayor sinceridad posible esta pregunta que me hacen. ¿Por qué

teniendo esta conciencia tan crítica de que la Iglesia católica es tan infiel,

por qué permanezco en ella? El ser cristiano, el tener fe, lo dice Paul Ricoeur,

es siempre una posición dialéctica entre libertad y respeto a la tradición. Yo

creo que no hay prudencia sino que reflexiono sobre la fe pero sin olvidar que

hay una tradición que como católico comparto. Para mi la gracia se muestra en

quedarme en la Iglesia católica.

—Parece también como si usted diese una cierta relatividad a la permanencia en

la Iglesia, cómo si se tratase de una cosa que ha salido bien, pero podría haber

salido de otro modo.

--- Efectivamente, hay una cierta relativización. Me hago hago pregunta que me

parece muy profunda, y muy real: ¿Por qué soy católico y no protestante? No

pueda resolverlo científicamente, creo yo.

Tambien aquí falla la apologética. Yo digo Cristo es participar en una que sirve

no sólo como diade la gracia interviene, para afirmar mi pertenencia. Es decir,

el Espíritu Santo no me impulsa a cambiar de Iglesia: si me impulsase.

cambiaría. La relativitacion que yo establezco es esta: por ser la Iglesia

escatológica, hasta que llegue el final del mundo en que será el verdadero

ecumenismo, la verdadera unión y evangelicidad de las Iglesias, todas las

Iglesias son verdaderas y todas son falsas de alguna manera. Como católico

respeto a la tradición, y me encuentro ligado a la Iglesia y el Espíritu Sanio

no me obliga a cambiar de Iglesia. Pera de modo que a mí no me da ningún miedo

el decir que sí se tiene un ocumenismo profundo, todas las Iglesias fundadas en

la fe de Cristo tienen una verdad enorme. Por otra parte, ninguna Iglesia y

tampoco la Romana, es verdadera porque todas ellas traicionan al Evangelio y la

fe en Cristo que tenemos es muy deficiente. Todas van avanzando hacia una

perfección que será la parusia. En este sentido hay una relatividad. Ahora bien,

no hay una relatividad en el sentido de tener una conciencia profunda de la fe

en Cristo, con una dimensión eclesial irrenunciable.

—¿Usted va a porfiar en depurar esa dimensión eclesial?

—Sí, y a mí me interesa que todas las iglesias sean cada vea más creyentes en

Cristo y se vayan acercando a la parusia. Yo estoy en la Iglesia católica y,

naturalmente, tengo que trabajar en ella. Que cada cual trabaje en su Iglesia y

ya nos iremos encontrando. Los problemas son de todos.—José Luis ABARCA.

 

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