Comunicado de la Comisión permanente del Episcopado sobre el caso Añoveros. 
 El obispo de Bilbao manifiesta que no pretendió atacar la unidad nacional ni sembrar la discordia     
 
 ABC.    10/03/1974.  Página: 17,19. Páginas: 2. Párrafos: 18. 

COMUNICADO DE LA COMISIÓN PERMANENTE DEL EPISCOPADO SOBRE EL «CASO AÑOVEROS»

EL OBISPO DE BILBAO MANIFIESTA QUE NO PRETENDIÓ ATACAR LA UNIDAD NACIONAL NI

SEMBRAR LA DISCORDIA.

Y añade que ha demostrado a lo largo de su servicio pastoral su constante amor a

España.

LOS OBISPOS PROCLAMAN:

• Su fraterna comunión con el obispo de Bilbao y (a rectitud de su intención

• La competencia de la Santa Sede para juzgar las actuaciones pastorales

• La necesidad de clarificar las relaciones entre la comunidad política y la

iglesia, cada una independiente y autónoma en su propio terreno.

Madrid. (De nuestra Redacción.) Durante ocho largas horas estuvieron reunidos

ayer los 16 —cardenales, arzobispos y obispos— números de la Comisión

Permanente, acompañados en parte de sus trabajos por el nuncio de Su Santidad,

monseñor Dadaglio. Los obispos conocieron la nota de cinco puntos en que la

Santa Sede había expuesto al Gobierno español su postura sobre el problema

creado en torno a monseñor Añoveros y prepararon un comunicado a la opinión

pública. A mediodía, monseñor Yones señaló que en la elaboración del texto «no

hay diversidad de criterios entre los reunidos, y es general una voluntad

constructiva y el deseo de no faltar al espíritu de fidelidad propio de la

Iglesia». Advirtió también que esta declaración está siendo cuidadosamente

elaborada, tanto en los aspectos de fondo como de forma.

A las ocho y cuarto de la tarde se distribuyó a los periodistas el texto de

esta, declaración que dice literalmente así:

«En el día de ayer, viernes 8 de marzo, y con carácter extraordinario y urgente,

se reunió en Madrid la Comisión Permanente del Episcopado, con el fin de

estudiar la situación existente en la diócesis de Bilbao, como consecuencia de

hechos sobre los cuales los medios de comunicación social vienen informando en

los últimos días, asi como sus repercusiones en todo el país y más concretamente

en las relaciones Iglesia-Estado.

La reunión se ha prolongado por todo el día de hoy.

Durante la mañana del viernes, los miembros de la Comisión Permanente escucharon

la amplia y detallada información de primera mano que tes fue ofrecida por el

señor obispo de Bilbao, el señor cardenal presidente de la Conferencia

Episcopal, el señor cardenal primado de Toledo y el señor nuncio apostólico,

especialmente invitado con este objeto, sobre los hechos que se han venido

sucediendo a raíz de la lectura en los templos de la diócesis de Bilbao durante

las misas del pasado domingo 24 de febrero de una homilía titulada «El

cristianismo, mensaje de salvación para los pueblos».

Al término de sus respectivas informaciones, tanto el señor obispo de Bilbao

como el señor nuncio apostólico abandonaron la reunión, mientras la Comisión

Permanente proseguía sus deliberaciones.

Concluidas éstas, los miembros de la Comisión Permanente quieren hacer llegar a

todos

los fieles, sacerdotes, religiosos y seglares, unas palabras llenas del espíritu

de amor y de verdad, de Justicia, de libertad y de paz, en el que se inspira la

misión de la Iglesia en el mundo.

Lo primero que deseamos poner de relieve en honor de la Justicia y la verdad son

las siguientes afirmaciones, que el señor obispo de Bilbao nos ha hecho en

conciencia a (o largo de su exposición:

1) Le sorprendieron dolorosamente algunas interpretaciones hechas públicas

sobre la homilía por él aprobada, de las cuales —si fueran ciertas— se

seguiría que, en su intención y en la de su vicario general de Pastoral, con

ella se pretendía atacar la unidad nacional y sembrar la discordia entre los

ciudadanos. Lo cual —dijo— es falso y no puede estar más lejos de sus verdaderos

propósitos.

2) Tales interpretaciones resultan especialmente dolorosas e inaceptables

para quien, como él, amando las peculiaridades de ia comunidad concreta que en

cada caso la Providencia le ha deparado, ha demostrado siempre, a lo largo de su

dilatado servicio pastoral en las diócesis de Pamplona, Málaga, Cádiz y Ceuta y

Bilbao, su constante amor a España y el respeto y lealtad debidos a la unidad

nacional.

3) La homilía origen de estos hachos, al igual que las otras dos distribuidas

anteriormente a los sacerdotes de la diócesis de Bilbao, sólo pretendía iluminar

cristianamente, lejos de cualquier intención política partidista, las

conciencias de los católicos sobre un tema que, según el juicio del propio

prelado, dé sus colaboradores y de los organismos diocesanos consultados,

requería una orientación, pastoral.

La Comisión Permanente manifiesta su fraterna y cordial comunión con el señor

obispo de Bilbao, en una situación como la presente en que las acusaciones, los

agravios, tos malentendidos y la turbación que está experimentando nuestro

pueblo por lodos estos hechos inciden de modo especial sobre él y le causan

profundo dolor.

Por lo que respecta a su actuación, además de reconocer y poner de relieve la

rectitud de intención con que el señor obispo de Bilbao ha procedido, recordamos

a todos e! derecho que tiene cualquier obispo al libre y pleno ejercicio de su

poder espiritual y de su jurisdicción, así como el de proyectar la luz de los

principios cristianos sobre un problema temporal concreto que afecte a los

católicos de su diócesis.

Es competencia de la Santa Sede juzgar con autoridad las actuaciones pastorales

de los obispos. Si el poder civil, por su parte, creyera encontrar en alguna de

aquellas actuaciones concretas una violación del orden jurídico, a él

correspondería ejercitar su acción, utilizando los cauces concordados.

Conviene, sin embargo, subrayar que, en el caso presente, la situación resulta

particularmente delicada y difícil, porque pone de manifiesto la necesidad de

dejar bien claras las mutuas relaciones entre la comunidad política y la

Iglesia, cada una de ellas independiente y autónoma en su propio terreno. Y en

estas circunstancias se hace necesario que el diálogo sea presidido por la

serenidad y la lucidez.

Por eso, en momentos de tan profunda preocupación, pedimos ai Señor, para

nosotros mismos y para todos nuestros hermanos en la fe, cualquiera que sea su

postura y su responsabilidad, la luz y el acierto necesarios para afrontar y

resolver la situación con ánimo de concordia, de respeto y de ecuanimidad.

Por muchas que sean las diferencias de criterios y de punios de vista, hay algo

en lo que todos hemos de coincidir y que está por encima de cualquier otra

consideración, en ocasiones como ésta: e! bien de nuestro pueblo, al que todos

amamos y deseamos servir.

Sobre esta base es siempre posible un diálogo y un entendimiento. Y para

lograrlos, los obispos estamos decididos a no ahorrar ningún esfuerzo.»

 

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