Almuerzo en el Palacio de Viana     
 
 ABC.    04/11/1973.  Página: 29-31. Páginas: 3. Párrafos: 20. 

ABC. DOMINGO * DE NOVIEMBRE DE 1873. EDICION DE LA MAÑANA. PAG.

29.

ALMUERZO EN EL PALACIO DE VIANA

«EN LAS AMISTOSAS RELACIONES ENTRE LA IGLESIA Y EL ESTADO EXISTEN PROBLEMAS Y

DISCREPANCIAS QUE SERÁN SIN DUDA SUPERADAS» (LÓPEZ RODO)

«EL SANTO PADRE SABE QUE TODOS ESTOS CAMBIOS, TODOS ESTOS PROBLEMAS PUEDEN SER

ENFRENTADOS DE UNA MANERA POSITIVA» (CASAROLI)

- Don Laureano López Rodó, ministro de Asuntos Exteriores, pronunció las

siguientes palabras en el almuerzo ofrecido a primera hora de la tarde de ayer,

en el palacio de Viana, en bonor de monseñor Agostino Casaroli, secretario del

Consejo para Asuntos Públicos de la Iglesia:

«Excelencia/eminentísimos señores, señor ministro, excelentísimos señores,

señores:

A nadie cabe aplicar con mayor razón que a monseñor Casaroll, viajero

infatigable v madrugador, aquellas palabras del Quijote: «Como es ligero el

tiempo y no hay barranco que le detenga, corrió caballero en las horas y con

mucha presteza llegó la de la mañana.» Desde esa madruga del jueves, al

descender del avión, cuando «sorge 11 solé libero e jocondo», no ha tenido un

momento de descanso y ha prodigado su sonrisa y su cordialidad a cuantos hemos

tenido la fortuna de verle y de acompañarle.

Es para mí motivo de especial satisfacción el tener a vuestra excelencia aquí

entre nosotros, ante todo por el honor de recibir, como ministro de Asuntos

Exteriores de Hispana, a quien ostenta Idéntica responsabilidad en la Santa

Sede, y muy particularmente por blindarme una nueva ocasión de renovar y

acrecentar una vieja relación de amigos, que tan gentilmente evocasteis,

excelencia, en vuestras palabras a] pisar tierra española. Sabéis bien, monseñor

Casaroli, que valoro muy mucho esa firme y antigua amistad, que me ha permitido

apreciar, desde hace largos años, las virtudes personales que os adornan y el

interés con que habéis contemplado siempre todo lo que se refiere a España,

TOTA VISITA RODEADA DE EXPECTACIÓN

´ Vuestra visita, excelencia, ha despertado simpatía y afecto. Todos hemos

comprobado la gran satisfacción con que se ha acogido por la opinión pública

española la presencia entre nosotros de monseñor Casaroll. No se os oculta

tampoco que vuestra visita ha suscitado también expectación. Me atrevería a

decir que mucha expectación, lo cual no es de extrañar, porque, dejando de lado

interpretaciones más o menos sensacionalistas e Incluso fantasiosas, esa

expectación tiene ¡su rafa verdadera y profunda en el hondo sentir católico del

pueblo español.

Son muchas y muy venturosas las espléndidas cualidades nacidas jae la fecunda

colaboración entre la Iglesia y el Estado en los más amplios y diversos campos

de la educación, la cultura, la asistencia social y tantos otros que integran el

bien común del pueblo español en todas sus dimensiones. Pero sería pueril

pretender ocultar que en este magnifico cuadro de las amistosas relaciones entre

la Iglesia y el Estado existen, como en todo cuadro, luces y sombras, problemas

y discrepancias que serán sin duda superadas, gracias a la buena voluntad de

ambas partes.

La sinceridad ha presidido nuestras conversaciones a lo largo de estas tres

jornadas de intenso, y fructífero trabajo. Por ello mi primer deber ha

consistido en hacer patentes a la Santa Sede los puntos de vista del Gobierno,

recordando aquella sentencia del Quijote según la cual, de los Niales es «decir

la verdad en su ser y figura propia sin que la adulación la acreciente u otro

vano respeto la disminuya».

INDEPENDENCIA ENTRE LA IGLESIA Y EL ESTADO

Nada tengo que añadir a la postura del Gobierno que ha sido reiteradamente

definida. Basta recordar que en su primer» declaración, del 14 de junio del

presento año, manifestó la voluntad de que sus relaciones con la Santa Sede se

inspiren en el afecto filial hacia la Iglesia Católica; en el reconocimiento de

su misión espiritual; en la afirmación solemne del principio de la recíproca

independencia entre la Iglesia y el Estado y de la autonomía de la esfera propia

del orden político, dentro de la leal colaboración d» ambas supremas potestades.

Porque, como recordó oportunamente la Conferencia Episcopal en su instrucción de

29 de junio de 1966: «Sí es misión de la jerarquía iluminar la conciencia de los

fieles en el cumplimiento de sus deberes cívico-sociales, adoptando posturas o

emitiendo juicios que, por referirse a la elección de medios contingentes en el

orden temporal, dependen del ejercicio de la prudencia políticas Entiendo que en

estos momentos resulta obligado reiterar nuestra adhesión al principio de la

libertad religiosa, reconocido en el Fuero de los Españoles. Me complace

recordar ahora que, hace tan sólo unos días, nuestra Delegación ante las

Naciónes Unidas ha Intervenido para la defensa de ese principio.

Sólo dentro de este marco de la libertad religiosa cabe reconoce/ un régimen

especial para la Iglesia Católica, en consonancia con el hecho de que la Inmensa

mayoría de los españoles profesan nuestra religión, pero sin que tal

reconocimiento pueda implicar ningún género de discriminación por motivos

religiosos.

UN MARCO JURÍDICO ADECUADO

Ha sido muy importante esta intensa y cordial toma de contacto para la mejora de

las relaciones entre la .Iglesia y el Estado y para hacer que se desarrollen en

armonía con las exigencias de. los tiempos en que vivimos. Abrigo la esperanza

de que estas relaciones tradicionalmente amistosas • encontrarán el mareo

jurídico adecuado para que puedan ser cada vez más fructíferas. Tanto la Santa

Sede como el Estado español consideran que el Concordato de 1953 resulta en la

actualidad anacrónico, y se hace preciso ponerlo al día para dar una adecuada

respuesta a los profundos cambios operados en los últimos veinte años.

El Gobierno español se halla dispuesto a llevar a cabo con una actitud abierta

las negociaciones conducentes a su revisión en orden a garantizar la recíproca

Independencia y la amistosa delimitación de competencias entre la Iglesia y el

Estado. Estoy seguro, excelencia. que nuestras ulteriores conversaciones se

mantendrán en este clima de cordialidad y mutua comprensión, que ha sido la nota

dominante de nuestro diálogo durante estos tres días, para mí

extraordinariamente gratos e Inolvidables.

Os consta, excelencia, que no hay Jamás trabajos de amor perdido. Es muy

profundo el caudal de afecto que fecunda desde hace muchos siglos los esforzados

trabajos que la Iglesia y el Estado han venido realizando en favor de la

libertad y de la dignidad cristiana de los.hombres de España.

Quiero terminar´ dando testimonio de mi devoción filial a Su Santidad el Papa

Pablo VI, y levanto mi copa por los señores cardenales y por cuantos nos

acompañan en este acto, y muy particularmente por mi admirado amigo monseñor

Casaroli, al que expreso de nuevo mi satisfacción por e! placer de tenerle entre

nosotros.»

DISCURSO DE MONSEÑOR CASAROLI

Monseñor Casaroli respondió en los siguientes términos:

«La inspiración que me ha traído aquí es Za misma inspiración que el Santo Padre

ha manifestado en su carta muy reciente al Jefe del Estado español, y, a través

de élt a todo el pueblo español/ a toda España, que traduce _el sentimiento de

verdadero afecto que sigue uniendo a te Sania Sede, al Sanio Padre, con este

gran -pueblo, grande por tantas .razones, vero para nosotros grande porque signe

siendo católico de verdad, profundamente. Vive no dígamos. to tragedia, pero sí

las problema que el catolicismo, la Iglesia, tiene que vivir para seguir el

cambio de los tiempos y para poder ser hoy, en nuevas situaciones, frente a

nuevos problemas, to que fueron en Agios pasados.

7 el Santo Padre sigue esta página de te vida de España —no haría yo una,

distinción entre la Iglesia de España y España, porgue realmente las dos

realidades no digo que se confunden, pero si que se unen—, la sigue con gran

atención y con gran afecto. Tiene gran confianza en los obispos de España. Sabe

que puede estar seguro de que todos estos cambios, todos estos problemas pueden

ser enfrentadas de una manera positiva porgue con sus hermanos en el Episcopado

está mwy cerca, de sut Míos, comprende sus problemas, puede comprender también

ciertas manifestaciones ya» no tendrían que existir, pero trae existen, con el

único fin de ayudar a todos para que puedan colaborar amistosamente, útilmente,

para el bien común del pueblo español.

Estos senimientos Jos lie recibido d* los labios mismos del Santo Padre cuando,

al emprender mi viaje y •preguntarle si seguía estando de acuerdo en gue

aprovechara esta magnífica ocasión para pararme ttn poco en tierra de España, me

dijo: «Sí, sin duda, sijt duda.» Esta es una manera de manifestar todo el

interés, el afecto, 2a buena voluntad que animan al Santo Podre, a la Santa

Sede, Dificultades tos habrá sin duda, hay dificultades entre hermanos, hay

dificultades en Ja familia, v así consideramos los problemas que- hay que

resolver. Los consideramos como cosas de familia y siempre es posible en una,

familia comprenderse y solucionar todos los problemas que existen. Yo, por mi

parte, y lo digo con gran sínceridad, no me considero necesario, porgue

realmente este deseo de la Santa Sede de estar cerca, de ayudar al pueblo

español a encontrar su vía católica en las circunstancias de hoy, no depende de

una persona o de oirá. Es el deseo del Papa, es el del Papa de hoy y será el del

Paya de mañana. En lo míe personalmente a mi se refiere, pueden estar seguros

tanto vuestra excelencia como los eminentísimos cardenales, como todos los

amigos presentes, pueden estar seguros de eme siempre podrán contar con esta

participación -mía personal, que se da cuenta de que no es necesaria, pero que.

por el momento, a petición del Santo Padre, sirve en este campo de que podrán

contar con su buena voluntad, con su sinceridad, con su lealtad completa:

lealtad hacia la Iglesia,, evidentemente; lealtad hacia los pastores de esta

porción de la Iglesia que es España; lealtad´ hada el Góbierno, que nosotros

respetamos por tantos títulos, aunque sólo fuera por el hecho de ser un Gobierno

que tiene respons-abilidales tan grandes, tenemos .que respetarle y ofrecerle

además una colaboración sincera, leal, para gue pueda servir como quiere servir

la Iglesia al bien de todo el pueblo español.

CONTACTOS OFICIALES Y ENCUENTROS ESPONTÁNEOS

y sí me permite ahora, una coletilla. Ye he disfrutado realmente durante estos

das dias y medio. He tenido la oportunidad personalmente tan grata, de tener

contactos con vuestra excelencia, con otros representantes del Gobierno español,

con los señores cardenales aquí presentes y con otros representantes de .la

Iglesia; pero ello ha sido siempre de forma oficial; desde las ventanillas del

coche he mirado también al pueblo de fas calles de Madrid, de Tas calles de

Toledo y no sólo de las calles. Su eminencia, el cardenal primado es testigo

personal de un encuentro directo con algunos niños de su diócesis, o tal ves de

toda España, que estaban en la catedral; los miraba y me decía: «Esta es la

razón de mi presencia aquí en este momento; la razón de todo el trabajo que

quiere hacer la Santa Sede, junta con la Iglesia de España, junto con el

Gobierno; éste es el pueblo, no sólo los niños, que son la España de mañana,

sino también la España de hoy, y es empezando por sus gobernantes, por

vuesridades, empezando por el Jefe del Estado, empezando por sus gobernantes,

por Vuestra excelencia, a. todo este pueblo al que yo quisiera desear todo el

bien posible.*— Cifra.

 

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