Autor: Montes, Eugenio. 
 El cardenal Enrique y Tarancón, con los periodistas en Roma. 
 Independencia mutua y colaboración cordial entre la Iglesia y el Estado  :   
 Sugiere abordar los puntos más litigiosos del Concordato, en lugar de una renovación total del mismo. 
 ABC.    30/01/1974.  Página: 35. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

30 DE ENERO DE 1974. EDICíON DE LA MAÑANA. PAG. 35.

EL CARDENAL ENRIQUE Y TARANCON, CON LOS PERIODISTAS EN ROMA, INDEPENDENCIA MUTUA

Y COLABORACIÓN CORDIAL ENTRE LA IGLESIA Y EL ESTADO.

Sugiere abordar los puntos más litigiosos del Concordato, en lugar de una

renovación total del mismo

Roma 29. (Crónica telefónica de nuestro corresponsal.) La víspera de una

canonización es víspera de gozo, pero el día siguiente es día de mayor ventura

aún. Una estela venturosa para el mutuo amar entre España y la Roma católica ha

suscitado el acto de elevar a los altares a nuestra compatriota te fundadora de

las Hermanitas de Ancianos Desamparados.

Su Santidad calificó a España de reserva de la fe cristiana.

En momentos de exaltación, algunos hemos dicho hace ya años que España es !a

reserva moral del Occidente. Ahora el Sumo Pontífice, con toda su autoridad, nos

confirma que esa afirmación nuestra no era sólo dictada por la pasión

patriótica, sino el reconocimiento de una feliz realidad. Ha dicho lo mismo que

nosotros decimos, pero conduciéndolo al manantial más alto y profundo del

espíritu: a la fe, y refiriéndolo no sólo al Occidente, sino a toda la

Cristiandad.

La homilía pronunciada por el Santo Padre y su discurso a los cardenales y

obispos españoles ya ha sido publicado en la Prensa, pero las palabras del

cardenal Enrique y Tarancón no han sido difundidas hasta ahora porque no

asistieron periodistas a! acto en el Salón dé! Trono y no fueron transmitidas en

ningún comunicado. Para nosotras, los periodistas españoles, ha tenido el

cardenal-arzobispo de Madrid la generosidad de reconstruir por escrito sus

propias frases. Le agradeció a! Pontífice sus frases tan amorosas para España.

Le dijo: «De ese amor estábamos persuadidos y lo conocemos con toda perfección

quienes hemos tenido el honor de celebrar detenidas conversaciones con Vuestra

Santidad, aunque no siempre se ha reconocido por todos ese amor que orienta toda

vuestra actuación con respecto a nuestra Patria. Ahora vuestras palabras

confirman de un modo intensísimo todo vuestro amor hacia nuestro católico y

maravilloso pueblo.»

El cárdena! Tarancón nos recibió en su residencia romana de Torre Roja, en la

vía Aurelia, que es por donde siempre han venido los peregrinos españoles a la

Ciudad Eterna.

Una gran distensión en las relaciones entre Madrid y Roma, o sea, entre el

Estado español y la Iglesia. Añadió, confidencial y sinceramente, que en los

meses de octubre y noviembre había notado cierta nerviosidad por ambas partes.

Pero esa nerviosidad ha accedido a una actitud extraordinariamente propicia.

Evocó el cardenal ante nosotros la visita que le hizo el duque de Carrero Blanco

(q. e. g. e.) diez días antes del tremendo asesinato. De esta entrevista había

salido magníficamente impresionado.

Asimismo nos aludió a su reciente conversación con el presidente del Gobierno, a

quien conoce por haber coincidido con él en múltiples Patronatos y de quien

tiene el más alio juicio.

La fórmula que el cardenal Tarancón propone es ésta: independencia mutua y

colaboración cordial entre el Estado y la Iglesia.

La actitud de! Estado español ha sido siempre la de desear una renovación total

del Concordato. Nos dice su eminencia que la Iglesia no se opone a eso, pero

como cree que una renovación total exigiría trámites lentísimos, sugiere abordar

ya aquellos puntos más litigiosos que plantean problemas más urgentes.

El cardenal está muy esperanzado en que llegarán a buen término Jas

conversaciones.

Su Santidad el Papa le regaló a la Conferencia . Episcopal española un hermoso

tríptico, que me ha parecido de escuela toscana de te segunda mitad del siglo

XV, cuando los florentinos trajeron el Renacimiento a Roma. Eugenia MONTES.

 

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