Cordialidad y deseos de colaboración mutua en los discursos del papa y del nuevo embajador de España     
 
 ABC.    16/02/1974.  Página: 31-32. Páginas: 2. Párrafos: 19. 

ABC, SABADO 16 DE FEBRERO DE 1974, EDICIÓN DE LA MAÑANA.

PAG, 31.

LA IGLÉSlA EN EL MUNDO DE HOY CORDIALIDAD Y DESEOS DE COLABORACION MUTUA EN LOS

DISCURSOS DEL PAPA Y DEL NUEVO EMBAJADOR DE ESPAÑA.

FERNÁNDEZ DE VALDERRAMA: «Mi Gobierno desea que el diálogo permanente con la

Santa Sede dé el fruto de una cooperación en pro de las valores espirituales y

morales indispensables para la convivencia ciudadana»

PABLO VI: «En todo aquello que sirva a la promoción del hombre en la verdad, la

justicia y la concordia, la Iglesia ofrecerá su desinteresada aportación al

afianzamiento de una sociedad ordenada»

Ciudad del Vaticano 15. Poco antes de las doce de la mañana llegó hoy al

Vaticano el muevo ambajador de España ante la Santa Sede, don ´Gabriel Fernández

de Valderrama, para presentar sus cartas credenciales al Papa Pablo VI.

Antes de presentarlas, el embajador español dirigió unas palabras de saludo al

Pontífice, que inició con un recuerdo a su predecesor, Juan Pablo de Lojendio,

marqués de Vellisca, «espejo de caballeros y modelo de diplomáticos, quien

dedicó hasta su último aliento al servicio de la noble causa de las relaciones

entre la Iglesia católica y el Estado español».

Gabriel Fernández de Valderrama dijo a continuacion:

«Cuando en todo el orbe azotan los vientos de la incertidumbre y tantas y tantas

conciencias no logran salir de las tinieblas de la confusión, siento un legítima

orgullo por pertenecer a un pueblo del que "Vuestra Santidad se ha dignado

recientemente decir que "ofrece siempre la reserva de lo esencial y definitivo:

su fe cristiana arraigada y vital".

España supo de años amargos, pero también supo encontrar la superación del

dolor, una forma de vida más justa y una dinámica política dentro de la paz y el

orden, Sin apresuramientos que inducen a error pero sin pausas ni rigideces que

esterilizan el esfuerzo emprendiendo un camino que con constancia hemos

mantenido y que con fe en él estamos decididos a continuar. Este camino no ha

sido ni será senda cómoda, pero en su largo recorrido vamos afirmando la

dignidad espiritual y el bienestar material de todos nosotros.

El Gobierno español ha venido prestando su atención al desarrollo, pero con un

especial énfasis sobre el desarrollo social, pues siempre consideró aue el

objetivo final habría de ser el hombre y no la mera riqueza material. En esta

linea, de pensamiento inició el Gobierno un gigantesco esfuerzo en materia de

seguridad social y de educación nacional con objetivo de compensar las

inevitables tensiones que origina la transformación de una estructura

básicamente agraria en una estructura industrializada, la España de hoy ha

alcanzado en estos tíos capítulos, esenciales a la dignidad áel hombre, niveles

superiores a los de muchos países materialmente mas avanzados que el nuestro.

Estas son tan sólo dos muestras de la atención «ae mi Gobierno viene dedicando

desde hace treinta y siete años a la justicia social y a la formación educativa

de los españoles, sin habar olvidado la consolidación económica de nuestras

estructuras, como demuestra el incremento de los Índice correspondientes.

Informando sustancialmente toda esta acttuación concreta y la de orden general,

el Gobierno español ha querido siempre colaborar con la Iglesia, en beneficio

del mantenimiento y fomento de la concepcion cristiana de la vida de los

españoles. buscando para ello más allá de la letra de las meras

reglamentaciones, el espirite de auténtica concordia que nace del convencimiento

de que ambas potestades sirven, en sus respectivos y bien diferenciados campos

espirituales y temporales, a un fin común: el bien del individuo y de la

sociedad. Por ello mi Gobierno desea firme y sinceramente que el diálogo

permanente con la Santa Sede dé el fruto de una continuada cooperación eficaz en

pro cíe los valores espirituales y morales, indispensables fundamentales a la

convivencia ciudadana.

El pueblo español que, como paternalmente ha dicho Vuestra Santidad a nuestros

obispos, es mía reserva incalculable d« fieles nobles, sinceros, sacrificados y

devotos, es también consciente de su misión en la Historia y con ánimo juvenil y

actualizado en cada momento seguirá luchando por ana creciente dignidad, un

mantenimienta de 1a justicia y una conservación de sus ideales morales y

espiritiiales. En por el respeto debido a los derechos inalienables de la misma—

no dejará de ofrecer su desinteresada aportación al afianzamiento de una

sociedad ordenada, en la que siempre se conjuguen armonicamente ¡a dimensión

espiritual del individuo y el bienestar de todos los miembros de la comunidad.

La Iglesia, a través de su doctrina, de su ministerio y del testimonio d« sus

hijos, Boira siempre a valorar y enriquecer la vida individual, familiar y

cívico-profesional en la sociedad, dentro del campo y del cometido que le som

propios, y que primordialmente tienden a mantener y fomentar la concepción

cristiana de la existencia humana.

Al expresarle, señor embajador, nuestra bienvenida, le rogamos transmita nuestro

deferente saludo al Jefe del Estado, mientras invocamos sobre las altas

autoridades de la nación, sobre vuestra excelencia y todos los amadísimos hijos

españoles las mejores bendiciones divinas.»

 

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