Autor: Montes, Eugenio. 
 ABC en Roma. 
 Bajo el signo de la cordialidad     
 
 ABC.    16/02/1974.  Página: 32. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ABC EN ROMA BAJO EL DE LA CORDIALIDAD.

Roma 15. (Crónica de nuestro corresponsal, por télex.) Hoy, al filo del

mediodía, don Gabriel Fernández de Valderrama cruzaba el patio de San Dámaso

para presentarle a Su Santidad sus credenciales como embajador de España. Le

acompañaban el ministro consejero Martines Mata, el consejero diplomático José

Luis Pardos y el consejero eclesiástico reverendo Lama.

Rinde honores la Guardia Suiza, con sus miguelangescos vestidos. Circundado de

gentWiombres pontificios, sube el cortejo a la sala Ciementína. Ahí lo recibe el

pre~ fecto de la cumiara pontificia, obispo titular de la Neápolis palestinense,

y el consultor del Estado vaticano, alta jerarquía vinculada siempre en un

ftríncipe de le familia Máximo, la del palacio de las columnas que el arquitecto

Peruzi consteló &, trofeos antiguos, pues ese linaje, con má. de dos mu años de

antigüedad, desciende del romano ctue inmortalizó la yesta de lego Regilo.

Llegado el cortejo a la sala de los Papas, el príncipe Máximo condujo al

embajador a Ja, Sala del Trono.

El augusto Pontífice tenía a los lados a, limosnero Travia, arzobispo de

términos, himerensies y dos prelados de la antecámara.

Después de los discursos, Su Santidad convidó al embajador a un afable coloquio.

Los acompañantes se retiran discretamente, y ellos dos, sotos, conversan durante

media hora en la biblioteca privada del Papa.

El Pontífice QUISO conooer a la embajadora, que estaba en una sala contigua.

Tras visitar al secretario de Estado, descendió el embajador a la basílica de

San Pedro, donde, recibido por el capítulo, oró ante la tumba del apóstol.

El señor Fernández- de Valderrama no ocultaba su alegría por la amable

disposición que, en su largo coloquio, el Santo Padre mostró hacia España y

hacia él personalmente.

Su misión comienza bajo los mejores augurios, que prometen vientos prósperos

para llevar a buen puerto la negociación del Concordato, y horas de alta

espiritualidad y cielo sereno en el Año Santo.

Según mis impresiones, el Estado español vería con gusto que se hiciese un

Concordato nuevo de arriba abajo, pero si la iglesia lo prefiere, acepta

negociar sobre puntos concretos que necesitan reforma, aun si otras partes del

Concordato vigente se dejan fuera de la negociación y, en consecuencia, se

conservan intactas. Siguen firmes, por tanto, las cartas cruzadas y firmadas

hace unos meses, que señalan varios temas propuestos a la negociación.

El señor Fernández de Valderrama juzga que el ritmo más adecuado es el que

Goethe observó en las estrellas: sin pri»a y sin pausa. Esta invocacón del cielo

estrellado es oportuna. Hace pocos días Su Santidad escrutó con un telescopio el

estrellado sosiego del cosmos.

Los trabajos para el acuerdo concordatario, y sm esperanzas para el Año Santo.

no agotarán enteramente la misión del nuevo embajador, pues se prepone poner su

mejor esfuerzo en acrecentar el clima de cordialidad entre España y la Iglesia.

Estas dos entidades son como dos novios, que a veces están algo enfurruñados,

pero se quieren. El matrimonio es, entre otras cosas, un contrato, un pacto de

concordancia, con cláusulas. Pero el mejor aderezo de las bodas espirituales

será siempre el amor.—Eugenio MONTES.

 

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