La justicia no es privilegio     
 
   06/01/1973.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

La justicia no es privilegio.

De "Ecclesia", órgano de 1a Acción Católica española:

"No es lo mismo el dinero destinado al sostenimiento del ctero, cuyos

emolumentos oficiales, como es bien sabido, han sido siempre exiguos e

insuficientes, que el empleado en coinstrucciones de edificios ´sagrados, sobre

todo en el plan general de reconstruccióm nacional de la posguerra, o Ja ayuda

mucho más genérica que, en orden a la promoción cultural del pais, se ha

concedido a los centros educativos de la Iglesia. Presentar en bloque, con

cifras espectaculares, sin encuadrarlas en el contexto del resto de los gastos

públicos, la contribución económica, del Estado a la Iglesia, es evidentemente

u» artificio desorientador, qus entorpece la sana y recta toma de conciencia

nacional sobre el problema. SI a esto se añade que, en algunos casos—como en la

dotación estatal del nuncio, en su calidad de presidente de la Rota española—,

las cifras difundidas han sido fabulosamente aumentadas, la opinión cristiana,,

siempre deseosa de justicia y de verdad, queda no sólo perpleja, si.no

indignada.

Pero, trascendiendo los aspectos más externos del problema es imprescindible

ahondar con espíritu sereno en sus causas fundamentales. Frecuentemente, cuando

se habla y escribe de la aportación económica que el Estado presta a las

Instituciones y personas eclesiásticas, se da la impresión, por la forma y por

el tono, de que se trata de donativos O subvenciones graciosas, dádivas

liberales fundadas exclusivamemte en la benevolencia y generosidad de los

poderes públicos; en este sentido se urgen los deberes de gratitud y

reconocimiento que tal beneficio exige como - elemental correspondencia. Un

planteamiento de este género ¡indudablemente requiere una nítida clarificación

que coloque los conceptos en su dimensión justa.

Las relaciones económicas de un Estado con ´la Iglesia pueden desarrollarse de

formas muy diversas e incluso negativas; podríamos aducir ejemplos actuales para

todos los gustos. Sin embargo, en la reciente historia da España, a partir de la

desamortización de Mendizábal, se han propuesto siempre como relaciones de

Justicia," ya sea basándose en un principio de restitución, que algunos opinan

carece hoy de fuerza jurídica; ya sea fundamentadas en la consideración más

amplia del deber que el Estado tiene de promover los valores morales y

´religiosos, dentro del bien común y de la tutela de los derechos de tos

ciudadanos.

La Iglesia, cumpliendo fielmente su misión y en el ámbito de su propio campo,

contribuye eficazmente a] bien de la sociedad y merece en justicia una digna y

desinteresada ayuda. Esta función social de la Iglesia, de sus instituciones y

sus ministros, es reconocida, por el pueblo cristiano, que. en definitiva, es

quien, a través de sus contribuciones fiscales» aparta los medios para que los

presupuestos generales del Estado, votados en las Cortes, cumplan sus

obligaciones. Pensar que las, ayudas concedidas por la Administración a la

Iglesia, que según las cifras publicadas suponen tantos millones, son

simplemente subvenciones graciosas significaría tachar injuriosamente a nuestros

gobernantes de prodigalidad. Se podrá llegar a otras fórmulas y situaciones;

pero, hoy por hoy, es coherente afirmar que las Contribuciones económicas del

Estado a la Iglesia se fundaren criterios de lógica justicia, reafirmadas tantas

veces en leyes y concordatos.

Ello, no significa ciertamente que la Iglesia, clérigos y seglares, no debamos

manifestar nuestra gratitud por los derechos reconocidos y por el honrado trato

que se nos conceda. La gratitud es una virtud eminentemente cristiana, que

reconoce con limpio corazón los Menee recibidos. Pero en ningún sentido la

gratitud puede deformar al beneficiario de tal modo que le obligue a abdicar de

su propia personalidad y le exija renunciad a su misión y a su libertad. El

beneficio se convertiría en cadena y la gratitud en resignada adulación."

 

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