Autor: Martín Descalzo, José Luis. 
   El documento de los obispos     
 
 ABC.    23/01/1973.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ABC. MARTES 23 DE ENERO BE 1973.

PUNTUALIZACIONES, COMENTARIOS.

EL DOCUMENTO DE LOS OBISPOS.

Se ha hecho público hoy el documento le los obispos españoles sobre el que tanta

tinta había corrido en los últimos meses. Un documento que voces agoreras

señalaban poco menos que como una catástrofe, una especie de declaración de

guerra entre la Iglesia y el Estado. Alguien había bautizado este texto como «el

documento del desenganche».

Que estos terrores carecían de sentido lo anunció ya hace más de un año el

cardenal Enrique y Tarancón, quien, en unas declaraciones a ABC, señalaba que no

era exacta la palabra «desenganche», que más bien habría que hablar de una

búsqueda de independencia de la Iglesia, sin por ello rehusar una sana

cooperación.

Hoy, con el texto episcopal entre las manos, vemos bien que no se trata de un

texto de hostilidad contra nada, ni de enemistad contra nadie, pero sí de

clasificación de lo que estaba o parecía confuso.

La primera impresión nos dice que estamos —no podía ser de otra manera— ante un

documento serio que ha de ser leído seriamente, sin prejuicios, sin montar la

escopeta para salir a la caza de secretas intenciones en esta o aquella frase.

Hasta podría decirse que estamos ante un documento «demasiados serio; los

obispos parecen haber escrito más para !a Histeria que para el hombre medio de

la calle, Han podado de su escrito no sólo toda afirmación demagógica, sino

incluso toda frase demasiado restallante, cual si trataran de hablar en voz

baja, sin gestos ni altanerías.

Y es esté el primero de sus méritos: nuestro mundo está Heno de gritos y hay que

agradecer que los obispos prefieran conducimos a la reflexión serena y al

diálogo tranquilo. Nada se clarifica con alfilerazos y todo puede ser dicho con

un tono amistoso de voz.

Pero se engañaría quien estimara que el texto no es importante porque no es

estridente. En nuestros titulares de hoy hablamos de «nueva etapa en las

relaciones Iglesia-Estado» y no hacemos con ello una frase llamativa para

iniciar una información. Porque, evidentemente, el texto episcopal abre un nuevo

capítulo en esa historia no siempre fácil de las relaciones entre ambas

sociedades en España.

Los obispos han tenido el buen gusto de no detenerse a juzgar el pasado. Quede

esa tarea a la Historia. Simplemente señalan que los cambios del mundo y de la.

Iglesia exigen, para hoy y para mañana, unas relaciones distintas a las de ayer.

Y las centran en dos ejes: «mutua independencia» y «sana cooperación».

«Independencia»: los obispos han preferido esta palabra a la más negativa de

«separación». Una independencia que supone el reconocimiento mutuo de los

propios límites. Y que lleva a consecuencias tan concretas como las que aporta

la última parte del documento: es tarea de los jueces civiles el juzgar los

delitos civiles; es función del Romano Pontífice el nombrar a los obispos; no es

misión de los obispos tú de los clérigos el formar parte 3e los órganos

legislativos del Estado; no es función de los predicadores eí decidir los modos

en que se debe gobernar, aun cuando sí lo sea e! señalar qué actos híeren al

Evangelio o los derechos humanos; es función de la autoridad civil el cuidar de

que las leyes no sean traspasadas por los clérigos, pero no lo es decidir cuándo

con. sus sermones son fieles o no al Evangelio.

Es el viejísimo precepto de dar al César lo que es del César sin quitarle a

Dios lo que es de Dios.

Y cooperación, colaboración sana. La Iglesia no quiere inhibirse de su tarea de

servir al pueblo español. Ella, desde su campo y con sus métodos, trabaja la

misma tierra, sirva a los mismos hombres que el Estado, también desde su campo y

COR sus métodos. Entender la independencia como mutua ignorancia sería un

imposible y un error. Pero los obispos cuidan muy mucho de señalar que esta

amistosa colaboración no significa una canonización de los gobernantes con los

que colaboran. La buena voluntad religiosa servirá al gobernante católico a la

hora del juicio de Dios; a la hora del juicio de la Historia y del pueblo sólo

le salvará el acierto de su gestión política. Por eso los obispos se reservan,

con justicia, el derecho a colaborar criticando, siempre desde su campo de

orientación moral y evangélico. No parece que el país ni los gobernantes deban

temer precisamente a esta voz episcopal, en un tiempo en que tanto precisarnos

de voces serenas.

Queda así este documento como un Importante texto de reflexión para todos los

españoles. La jerarquía española, acorde con los tiempos, sin ignorar el pasado

y sin olvidar el agradecimiento, ofrece al Gobierno y a toda la comunidad un

nuevo espacio y un nuevo estilo de colaboración sin oscuras componendas y sin

acidas hostilidades. Es una voz que debe ser oída. Es un estilo que debe ser

admirado y —¿por qué no?— imitado,—P. MARTIN DESCALZO.

 

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