Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
 Declaraciones del cardenal tarancón en Roma. 
 Iglesia-Estado: más cordialidad y más independencia     
 
 Informaciones.    04/10/1974.  Páginas: 2. Párrafos: 9. 

DECLARACIONES DEL CÁRDENAL TARANCÓN EN ROMA.

Iglesia-Estado: MAS CORDIALIDAD Y MAS INDEPENDENCIA

* LA JERARQUÍA ECLESIÁSTICA SE DESPEGA CADA VEZ MAS DEL PODER POLÍTICO

* LA HERMANDAD SACERDOTAL PUDO REUNIRSE EN MADRID Y SE FUE A CUENCA

Por AbeL HERNÁNDEZ (Enviado especial de INFORMACIONES.)

CIUDAD DEL VATICANO, 4. «El Episcopado español en esta hora de cambios no trata

de ser oportunista. Ya sabemos que desde varios sectores españoles se mira a la

jerarquía eclesiástica con recelo y se nos acusa de intentar oportunísticamente

el desenganche del poder político. Realmente desde hacía tiempo los obispos

españoles iban señalando este camino. Hay documentos, que por razones obvias han

permanecido secretos, que asi lo atestiguan. La dependencia era menor de lo que

muchos creían. Por lo demás, pienso que cualquier deber de un dirigente de una

comunidad es mirar al futuro para que no le coja el toro. Desde el Concilio

Vaticano II no hemos tenido más remedio que cambiar; era una exigencia del

Concilio. De cualquier manera, siempre habrá diversas interpretaciones, y hagas

lo que hagas, siempre recibirás críticas.» Esto nos dijo anoche o ios

periodistas españoles en Roma el cardenal Enrique y Tarancón, arzobispo de

Madrid y presidente de la Conferencia Espiscopal Española, durante un largo

cambio de impresiones en el Colegio Español.

Preguntado por el actual momento de las relaciones Iglesia-Estado, el cardenal

Enrique y Tarancón declaró: «Parece que en estos momentos son más suaves que en

otras ocasiones.» Y añadió: «Yo creo que fundamentalmente se salva la

cordialidad y a mí me parece que está salvada la independencia.» El cardenal

comentó a este propósito: «La Iglesia y el Estado son como dos hermanos que

tienen distintas mentalidades, que en ocasiones riñen entre Si, pero que

después hacen las paces.» A propósito del Concordato manifestó que la «recta

final» de que se hablaba podía ser una recta final larga y que «eso de que la

Conferencia Episcopal se mantiene al margen de la negociación concordataria

será según se mire: lo normal es que la Santa Sede tenga en cuenta, sobre todo

después del Concilio, al Episcopado español». Preguntado sobre si la reciente

reunión de´ los cuatro cardenales españoles en Madrid tenía que ver con alguna

consulta en torno a la negociación concordataria, respondió: «Lo normal es que

una reunión de este tipo no sea para tratar de un tema de poca importancia.»

Otro punto abordado en esta conferencia con el cardenal Enrique y Tarancón fue

el de la unidad o la desunión en el seno de la Iglesia española y del

catolicismo español, y concretamente se aludió a la reciente reunión de

Declaraciones en Roma del cardenal Tarancón.

La Hermandad Sacerdotal en Cuenca: «Me preocupan, —dijo— los gestos de desunión,

por la imagen de la Iglesia que podamos dar a los demás. El que no aparezcamos

uniformes, el Que haya diversidad me parece algo positivo y normal. Lo grave es

que demos la impresión de ruptura, de que no se mantiene la unidad, sea esto del

signo que sea. A mí me parece que el método en estos casos es él del diálogo.

Quizá dar un baculazo no sea lo mejor ni lo más oportuno ahora. A los sacerdotes

de la Hermandad les dije que no teñía inconveniente en que se reunieran en

Madrid. Ellos decidieron irse a Cuenca. A mí no me han dicho la razón.»

En cuanto a las diferencias dentro del Episcopado, declaró: «Lo que nos separa a

los obispos es menos de lo que podría pensarse. Y esto se ha visto claro en la

última Asamblea Plenaria, que ha sido la de mejor clima, mayor contacto entre

unos y otros y más cordialidad. El diálogo abierto lima diferencias.»

Otra pregunta fue si no se podía caer en la tentación de un prudente término

medio para no ahondar las diferencias, para contentar a todos, en vez de decir y

hacer lo que en conciencia, evangélicamente, había que decir o hacer. «En

algunos momentos creo que ya lo hemos hecho, sabiendo que no iba a ser a gusto

de algunos sectores. Pero también hay que ser prudentes y hay que contar coa la

realidad. Muchas veces la solución mejor no es algo tajante. Algunas noches

tardó en dormirme, por "un auténtico problema de conciencia, porque no veo claro

cual es la solución mejor. De todas formas, estamos dispuestos a jugarnos el

tipo con tal de que, en conciencia, sea en beneficio del pueblo.»

El cardenal ve asi la marcha de la Iglesia en España: "Aunque los obispos

españoles no somos realmente punteros en el mundo, a pesar de que ha gustado

mucho la aportación del Episcopado español al Sínodo, estamos en franca

evolución. Lo que yo quiero es que hagamos esta evolución sin rupturas y con el

menor escándalo posible. En España la mayoría de los habitantes son cristianos.

Y es necesario que no corramos tanto que muçchos no nos puedan seguir. Forzar la

marcha sí, pero sin que nos quedemos solos. Hace falta audacia, pero una audacia

prudente."

Respecto a defectos de ciertas medios de comunicación social en la presentación

de la información religiosa, el cardenal dijo que "algunos dan la impresión de

intentar ahondar en las discrepancias. Otros destacara, sucesos pequeños y dan

la impresión de que aquello es la Iglesia. Ea algunos hay recelo hacia la

Jerarquía eclesiástica. A veces parece que hay agresividad, y esto sí que

realmente no es cristiano. Lo grave es que el rostro de la Iglesia aparece como

no es en realidad".

También salió en la conversación el tema de la secularización y del secularismo,

del que tanto se habla en el Sínodo. "La Iglesia —dijo-— debe ponerse en

condición de evangelizar a este mundo secularizado. Tenemos que adaptar nuestro

lenguaje y nuestro estilo al de las nuevas generaciones. Tenemos que hablar con

el lenguaje de hoy, teniendo en cuenta los avances" de la ciencia y de la

técnica. Ser hombres de la cultura de hoy. No siempre lo conseguimos, esa es la

verdad, porque nosotros, los obispos, somos también hijos de una civilización, y

aunque nos esforcemos, no siempre logramos adaptarnos a la nueva cultura,"

 

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