Autor: Martín Descalzo, José Luis. 
   Iglesia y Estado están de acuerdo en la necesidad de modificar el Concordato, pero no en cuanto al modo de hacerlo ni sobre algunos problemas fundamentales     
 
 ABC.    02/09/1971.  Página: 21-22. Páginas: 2. Párrafos: 31. 

2 DE SEPTIEMBRE DE 1971. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 21.

La IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY DE ACUERDO EN LA NECESIDAD DE MODIFICAR EL

CONCORDATO, PERO NO EN CUANTO AL MODO DE HACERLO NI SOBRE ALGUNOS PROBLEMAS

FUNDAMENTALES.

CARTA DEL MINISTRO DE JUSTICIA: «El sistema de convenios parciales paro la

reforma no es viable».

OBISPOS ESPAÑOLES: Se indinan (48 votos contra 15) por un sistema de revisión

por etapas.

CARTA DEL CARDENAL VÍLLOT: «Un deseo de intervenir en el nombramiento de los

auxiliares comprometería toda posibilidad de acuerdo»

El pasado lunes, la agencia Europa Press distribuía un despacho en, el que se

hablaba de que en este mes de septiembre las conversaciones sobre el Concordato

entrarían en una nueva etapa de viabilidad. El martes y miércoles la misma

agencia distribuía los textos íntegros de tas cartas que el ministro de Justicia

y el cardenal Villot dirigieron a la Conferencia Episcopal en el pasado febrero.

Pero ambas cartas no sirven en rigor para demostrar otra cosa que las

dificultades que el tema del Concordato hoy encierra, por los distantes

posiciones en que ambas partes se mueven. De hecho, cuando el pasado 20 de

febrero el cardenal Tarancón leyó arribos textos a los obispos reunidos en

conferencia, los prelados españoles pudieron ver visiblemente hasta qué punto

cuanto ellos habían votado 3 decidido en los días anteriores distaba del

planteamiento señalado en su carta por el ministro de Justicia.

La publícación de estas cartas por Europa Press hace obligado el que ofrezcamos

e nuestros lectores un panorama completo del -problema visto desde sus tres

caras -- episcopado, Ministerio, Santa Sede — tal y como en aquellos días de

febrero se produjo.

El tema del Concordato, sobre el que habían circulado numerosos rumores durante

ios meses finales del pasado año, salté a la calle el publicar los periódicos

(vease A B C de 2 dé febrero) el texto del anteproyecto preparado por monseñor

Casa-roli y por el embajador Garrigues, ambos con poderes expresamente delegados

de la Santa Sede y del Gobierno español para, elaborar este primer texto «ad

referéndum». Las opiniones de los comentaristas fueron entonces unánimemente

críticas para un texto que no parecía aportar novedades importantes sobre el

Concordato as 1953, cuyos planteamientos todo el mundo reconocía como claramente

superados.

El 7 de febrero se hacía pública una nota de la Oficina de Información

Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores en la que se ofrecía una visión

del problema concordatario sustancialmente diferente a la reflejada por el

anteproyecto en torno al que Casarolí y Garrigues habían llegado a un previo

acuerdo.

El 8 áe febrero, él ministro de Justicia dirigió a monseñor Morcillo la carta

que ayer publicábamos en nuestras páginas. En ella se señalan los limites del

anteproyecto, se apoya la línea sugerida por la nota del Ministerio de Asuntos

Exteriores y, sobre todo, se insiste en la idea de la globalidad del Concordato,

señalando que el sistema de acuerdos parciales «no es viable. El cardenal

Enrique y Tarancón, que presidia la Asamblea por enfermedad de monseñor

Morcillo, por estimar que esta carta, podría influir en las decisiones de los

obispos, que por indicación de Roma se reunían para estudiar el tema, decidió,

después de efectuar las convenientes consultas, retrasar la lectura de esta

carta hasta después de que los obispos, en plena libertad, hubieran estudiado el

tema.

¿Cuáles fueron las líneas adoptadas por los obispos en tornó al problema? En el

informe enviado a Roma se recogía el resultado de las votaciones realizadas en

las diversas conferencias provinciales en torno a un largo y minucioso

cuestionario que analizaba los problemas generales de fondo en la reforma, del

Concordato y—una por una— las formulaciones del anteproyecto preparado en Roma

por Casaroli y Garrigues. El pensamíento de fondo del Episcopado queda— nos

parece—perfectamente expresado en la respuesta a las preguntas iniciales.

En ellas nos encontramos que 71 obispos respondes a la pregunta sobre la

profundidad que debe, tener el cambio del vigente sistema concordatario.

Cincuenta y cinco propugnan un cambio radical; 14 proponen ciertas

modificaciones; dos se abstienen.

A la pregunta de si es éste el momento oportuno para hacer ese cambio, responden

sólo 48 prelados: 36 para afirmar que no debe hacerse ahora, y 12, para dar una

respuesta positiva.

Una nueva pregunta matiza aún más las anteriores. Preguntados los obispos sobre

si conviene limitarse a modificaciones que no cambien radicalmente ¡a estructura

de las relaciones entre la Iglesia y el Estado en España, instauradas o

confirmadas por el Concordato de 1953. 45 prelados opinan que hay que ir más

allá de esas modificaciones que dejarían intocada la estructura de esas

relaciones; sólo 18 prelados desean que no se hagan modificaciones que cambien

la estructura instaurada por el anterior Concordato.

A la cuestión sobre el modo en que debe precederse en esta revisión, si en uña

revisión total y global dé Concordato, o a través de acuerdos parciales, por

etapas, son 48 los obispos que se inclinan a una renovación por etapas y sólo 15

los que no desearían este procedimiento.

Puede decirse, en resumen, que la opinión áel Episcopado español sobre los

problemas dé fondo del Concordato podría expresarse en tres puntos:

1. Se aboga, mayoritariamente, por una reforma radical del Concordato dé

1953.

2. Se sugiere que esa reforma discurra por etapas, elaborando pactos

parciales y sucesivos sobre temas urgentes e importantes.

3. Se considera importantísimo que la Iglesia recobre su libertad en el

nombramiento de sus pastores, pero sin sacrificar a ese objetivo valores

igualmente importantes para la vida de la Iglesia en España.

Se comprende, a la luz de estas conclusiones, la impresión de los obispos

españoles tras la lectura de la carta del ministro de Justicia que señalaba como

>>inviable» el camino preferido por la mayoría ¿e los prelados y la percepción

de la distancia que existía en sus puntos de vista referentes al nombramiento de

obispos y las ampliaciones que sobre este punto sugería la nota del Ministerio

de Asuntos Exteriores.

LA CARTA DEL CARDENAL VILLOT

Un nuevo elemento iba a aportar la carta dirigida al nuncio por el cardenal

Villot, con fecha 13 de febrero y leída también una vez que los prelados

españoles concluyeron sus trabajos. La carta del cardenal Villot (cuyas ideas

fundamentales recogimos ya en ABC del pasado 21 de febrero), no exenta de

firmeza, señala su extrañeza ante la publicación de la nota publicada

unilateralmente por el Ministerio de Asuntos Exteriores, en línea muy diferente

a la expresada a la Santa Sede por el embajador en gestiones para las que estaba

expresamente autorizado por el Gobierno; subraya la decisión de no aceptar

ningún género de intervención del Gobierno en el nombramiento de los obispos

auxiliares, y expresa cómo la decisión de mantener alguna condición que la otra

parte juzga inaceptable podría conducir a «imposibilitar el acuerdo».

Este es el texto integro de la carta del cardenal Villot, tal y como fue

distribuida ayer por la agencia Europa Press:

La cuestión de la revisión del Concordato -ha dado lugar en estos últimos días a

múltiples tomas de posición o manifestaciones de opiniones,^, algunas

deplorables indiscreciones y a un correr de voces e «informaciones», en buena

parte incontroladas e infundadas.

Se ha hablado en particular, como vuestra excelencia reverendísima ha referido

en su informe número 1275/71, de fecha 5 Sel mes en curso, de un nueve

«proyecto»

que habrá sido preparado por él Gobierno (Ministerio de Justicia) en sustitución

del anteproyecto «ad referendum» enviado a esa Nunciatura Apostólica con

descacho número 5538/70, del 8 de agosto último.

1. De tal nuevo «proyecto» este Conseja no tiene noticias, a no ser aquéllas

dadas o referidas por vuestra excelencia, y menos aún ha prestado un

consentimiento. Puesto que un Concordato o la revisión de un Corcordato es un

acto bilateral, es evidente que, si tal «proyecto» existe y tiene la aprobación

del Gobierno, .se trata tan sólo de un documento respetable para uso interno,

que al máximo puede manifestar las orientaciones y los puntos de vista que el

gobierno mismo se propone sostener en posibles sucesivas negociaciones. Por otra

parte, el Gobierno no ha - hecho conocer públicamente sus posiciones de

principio en la nota distribuida a la Prensa por el Ministerio de Asuntos

Exteriores el domingo 7 de febrero; nota, sin embargo, de te cual este Consejo

no ha recibido comunicación oficial (aunque el señor embajador de España ante la

Santa Sede haya gentilmente dado noticia de la misma).

2. La Santa Sede deberá, evidentemente, tener en cuenta la posición y los puntos

de vista del Gobierno cuando de fueren propuestos oficialmente. Y es claro que,

si tales posiciones y puntos de vista se acercarán a las posiciones de la Santa

Sede (junto con el Episcopado) más de lo que ocurre con el anteproyecto antes

mencionado (el cual—como se hizo relevar en las notas reservadas enviadas con el

despacho número 7818/70, del 27 de noviembre pasodo—representaban el máximo al

cual había sido posible llegar en esa fase), ciertamente la Santa Sede no los

rechazará.

3 Mas no parece que tal sea el caso por lo que se refiere al punto fundamental

de los nombramientos de obispos; siempre y cuando que las palabras «todas las

personas revestidas de dignidad episcopal, miembros de la Conferencia Episcopal»

(número cinco de la citada nota del Ministerio de Asuntos Exteriores) quieran

significar lo que parecería a primera vista: o sea qué se incluye también a los

auxiliares. Si esa fuese la real intención del Gobierno, es superfino decir que

la posibilidad de un acuerdo estaría comprometida desde el punto de partida.

Ni exigen menor atención otros puntos, como el de la enseñanza.

4. La Santa Sede espera, por tanto, que la Conferencia Episcopal exprese su

ponderado y autorizado parecer sobre toda la cuestión: teniendo presente no tan

sólo lo que la Conferencia misma había propuesto o sugerido anteriormente, sino

tes eventuales nuevas exigencias maduradas entretanto y, naturalmente, las

posibilidades.

Es evidente qae, tanto de parte del Estado como también de parte de la Iglesia,

el mantener alguna determinada condición que la otra parte juzga inaceptable,

podría tener como consecuencia el imposibilitar un acuerdo, haciendo por tanto

subsistir, hasta un eventual ruptura unilateral, el presente «status quo».

Hipotesis, ésta última, de la permanencia del >>status quo», que la Santa Sede

no ha excluido y no excluye del número de las posibilidades y que podría,

inclusive, también ser sugerida por la conveniencia de evitar males que fueran

considerados mayores. Pero es necesario que el Episcopado tenga clara conciencia

de lo que esto implicaría, de manera que la jerarquía y la Santa Sede puedan

asumir plenamente sus propias responsabilidades.

e En fin, no quisiera dejar de subrayar la necesidad—de la cual, como estoy

cierto, también el Episcopado está convencido—de que en materia taa importante y

delicada, y cuando se traté de documentos reservados, se use la más grande

discreción.

Con el ruego de llevar a conocimiento de la jerarquía el contenido de esta

carta, aprovecho la oportunidad para suscribirme, con sentimientos de

distinguida consideración.

La publicación de estos documentos y datos muestra que, efectivamente, el

problema del concordato es menos sencillo de lo que comúnmente se cree.

¿Se han producido hechos que hayan evolucionado esta situación desde el pasado

febrero? Rumores que no parecen inverosímiles hablan de una reanudación de

contactos entre el embajador Garrigues y monseñor Casaroli. Pero los problemas

de fondo que estos documentos reflejan hacen pensar que las negociaciones no

serán sencillas ni cortas, de no producirse algún cambio espectacular en alguna

de las dos partes contratantes. No falta quien recuerde que el Concordato de

1953 tardó doce años en realizarse.

Y eso que en aquel caso se siguió precisamente el sistema de acuerdos parciales,

con una escalera de acuerdos iniciados en 1941. Precisamente el mismo camino que

hoy señalan como preferible, para evitar confusiones, los obispos españoles.—J.

L. MARTIN DESCALZO.

 

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