Arzobispo Primado de Toledo:. 
 Están mal planteadas las relaciones Iglesia-Estado en España     
 
 Informaciones.    02/09/1972.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ARZOBISPO PRIMADO DE TOLEDO;

" Están mal planteadas las relaciones Iglesia-Estada ee España»

TOLEDO, 2. (INFORMACIONES.)—«Entre las causas de la situación religiosa actual

en España está el mal planteamiento de las relaciones Iglesia-Estado. La

situación, actual está necesitada de modificaciones, conforme a lo que el

Concilio pide y señala en todos los documentos en que trata de ello y de acuerdo

con las reales condiciones de la: Iglesia y de la sociedad españolas.» Esto ha

dicho esta mañana el arzobispo primado de Toledo, don Marcelo González, en el

discurso pronunciado para clausurar la «Quinta semana de estudios y coloquios

sobre problemas teológicos», a la que han asistido numerosos obispos españoles.

Para monseñor González Martín la situación española en cuanto a fe y a moral es

«preocupante». Y sobre las relaciones Iglesia-Estado ha añadido que «no hemos

sabido aislar y contener este hecho dentro de su contexto jurídico y

sociológico, y al hablar del mismo se han invadido otros terrenos, hiriendo los

sentimientos religiosos, haciendo proceso a las intenciones de muchos,

engendrando una vez más el confusionismo y la desconfianza. La más dolorosa

consecuencia de todo ello es que el pueblo queda indefenso y sometido a torturas

por las complejidades y las dudas que le ofrecemos, sin posibilidad de

distinguir lo verdadero de lo falso. La mayor parte de nuestros dogmas y

creencias están siendo mutilados por una manipulación inconcebible».

Otras causas de la actual situación religiosa en España, a juicio del arzobispo

primado, son las siguientes:

— Desestimación del Magisterio, concretamente del pontificio, sustituido por la

adhesión a grupos de teólogos o que a sí mismos se llamen tales, loa cuales

se han permitido todas las licencias.

— Désconcierto dentro de la misma jerarquía, nacido en gran parte por la falta

de leyes posconciliáres que nos han impedido ponernos de acuerdo en cuanto a la

praxis de las tolerancias y las provisiones.

— Complejo de inferioridad frente a los logros reales o supuestos de otras

Iglesias de Europa. Se nos acusó a los arzobispos españoles de esto en el

Concilio y ahora se está dando este fenómeno a escala mucho más generalizada,

con un mimetismo laméntable en los campos pastoral y doctoral.

— Desplazamiento excesivo de la fe en la Encarnación hacia las realidades del

orden político-social o, por el contrario, un esplritualismo tan desencarnado

que se hace ineficaz para la predicación d e 3 Evangelio.

— Prisa alocada y vertiginosa en querer tratar de todo y resolverlo todo sin

desasosiego y paz. El Concilio Vaticano II requiere muchos años de esfuerzo

para asimilar lo que no hay de avenencia dentro de la obligada coherencia con

la tradición. Y aquí nos hemos lanzado en tromba hacia todos los campos a la

vez, dando un ejemplo de ligereza y de desequilibrio lamentable. Para todo

hemos creído tener fórmulas y soluciones nuevas, y las hemos predicado con

altanería, queriendo imponerlas a los demás.

 

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