Matrimonio religioso y matrimonio civil     
 
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Matrimonio religioso y matrimonio civil.

UNA comisión de sacerdotes de la archidiócesis de Barcelona— presidida por el

obispo auxiliar monseñor Guadix— ha redactado un informe en el que, entre otras

cosas, se recomienda que él matrimonio civil sea obligar torio para todos los

españoles y él religiosos optativo. Es una, petición más, destacable por su

procedencia, entre las muchas y varias que vienen haciéndose en esta dirección,

y que acabarán haciéndose realidad a un plazo no excesivamente largo. Es un tema

—el del matrimonio— que deberá quedar contenido en las negociaciones en curso

sobre un nuevo Concordato o unos acuerdos parciales entre el Estado español y la

Santa Sede.

Una tradición secular de fe católica nos ha llevado no sólo a confundir el

matrimonio civil con el religioso, sino a desestimar el primero. Actualmente el

matrimonio civil para la mayoría de los españoles es un mero añadido burocrático

al matrimonio religioso. La separación que se pide entre ambos matrimonios —pues

son dos: uno ante Dios y otro ante la sociedad— contribuirá obviamente a

potenciar la responsabilidad de los contrayentes ante dos actos de distinta

naturaleza. Un matrimonio religioso asumido responsablemente adquiere valor

sacramental. Y un matrimonio civil obligatorio celebrado con su propio rito y en

su propio ámbito no cabe duda, de que «es la moneda que se le debe al César».

Tenemos un ejemplo muy cerca: Francia. Un país de inmensa mayoría católica en el

que la diferenciación matrimonio-religioso, matrimonio-civil no ha venido en

detrimento de ninguno de los dos, sino que ha realzado el papel del sacramento y

el papel del respaldo jurídico-civil.

A partir de la ley de Libertad Religiosa cabe en España el. matrimonio

exclusivamente civil, mediante trámites correctos en su planteamiento teórico,

pero, en algunos casos, penosos para algunos contrayentes según la comprensión

de cada párroco o la información de cada funcionario municipal. Algún venerable

sacerdote preconciliar es renuente a expedir un certificado de abandono de la

práctica católica, y algún funcionario municipal —se han dado casos— ignora que

en España cabe un único matrimonio civil.

Con el Vaticano U a las espaldas no es aventurado suponer, como decíamos, que a

plazo no largo abocaremos a la separación civil y religiosa de Jas ceremonias

matrimoniales. La Iglesia es la primera en propiciarlo consciente de la lógica

de otorgar esferas propias y específicas a actos tan importantes como un

sacramento y un contrata civil. Algo se avanza por ese camino, pero, por el

momento, sólo a, cargo de aquellos que no optan por el matrimonio religioso.

Nuestros índices de matrimonio exclusivamente civil son, desde luego, muy bajos,

no sólo por lo extendido y profundo de la fe católica en nuestro país, sino, en

algunos casos, también por una tradición arraigada en el pueblo, o por inercia o

«comodidad». Ello no evita la necesidad de atender, por el momento, a esa

minoría de españoles que contraen matrimonio exclusivamente civil.

No quisiéramos que, llegado el día, el acto del matrimonio civil constituyera

como ahora —tradicional despacho destartalado de Juzgado Municipal, breve firma

de los documentos y a casa— algo carente de la grada y el rito que requiere todo

matrimonio. Un entorno gentil, una bandera, unas flores, unas palabras del juez,

algo, en suma, debiéramos proporcionar a esos pocos españoles —que algún día

pueden ser todos tal como lo quiere Jo Iglesia— que ahora contraen matrimonio

civil.

 

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