Autor: Fuenmayor, Amadeo de. 
 Revista de prensa. La revisión del Concordato (y 2). 
 Si desaparecen el privilegio del fuero y el de presentación, la negociación se verá facilitada al máximo     
 
 Madrid.    16/05/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

REVISTA DE PRENSA

La Revision del Concordato (y 2).

Si desaparecen el privilegio del fuero y el de presentacion, la negociacion se

vera facilitada al maximo.

Ofrecemos hoy la segunda parte de las declaraciones de, profesor Amadeo de

Fuenmayor a la revista "Palabra".

Nombramientos y Fuero.

8.—Uno de los asuntos que más se han comentado al hablar del Concordato y su

revisión ha sido el del nombramiento de obispos y otros cargos eclesiásticos.

¿Cómo ve usted el problema?

Pienso, tal vez en discrepancia con algunos menos optimistas, que se trata de un

fruto ya maduro (por la clara actitud del Concilio ecuménico y por la casi

unánime postura de la opinion pública), que puede retirarse del árbol fiel

Concordato del 53 cuando se quiera, pero con una pequeña salvedad.

AS propio tiempo, parece razonable (yo diría justo y oportuno) que se retire

otro fruto no meaos maduro. Me refiero al llamado "privilegio del fuero".

Si este privilegio y el otro, el de presentación, desaparecen simultáneamente me

atrevo a predecir estas dos cosas: que España se habrá librado de una ganga

histórica, por demás anacrónica (con anacronismo que no cabe salvar) y que la

negociación en torno a las restantes cuestiones concordatarias dignas de nuevo

planteamiento se verá facilitada al máximo, pues al superarse ese doble escollo

parece sencillo llevar a buen puerto la tarea de expresar en un texto jurídico

la "amistosa separación" a que me he referido anteriormente.

Enseñanza católíca.

9.—¿Cómo enfocaría usted él problema de la llamada "enseñanza católica" dentro

del Concordato si ha de salvaguardarse la libertad de todos los ciudadanos?

Dentro del mismo ámbito ¿qué solución podría darse a la enseñanza de la religión

en los establecimientos estatales?

Se trata de dos cuestiones diferentes de, grandísima importancia. Por lo que se

refiere a la llamada "enseñanza católica" estimo que ante todo conviene precisar

con exactitud la terminología. Para mí este tipo de enseñanza se caracteriza

esencialmente por su inspiración católica con independencia de que los centros

que la imparían sean del Estado, de la Iglesia o hayan sido creados por la

iniciativa privadla.

Pienso que ha llegado la hora de evitar cualquier régimen jurídico especial para

los que se han venido llamando colegios o Universidades de la Iglesia. No se

trata, claro está, de suprimir estos centros, sino de incluirlos, en un régimen

común dentro de! género de la enseñanza no estatal. Si este régimen es justo

atenderá a tres exigencias simultáneamente: a) que los centros llenen aquellas

condiciones mínimas señaladas por la Ley para asegurar la competencia de!

profesorado y la eficacia de los estudios; b) que cuenten con una adecuada

subvención económica del Estado en atención al servicio social que realicen; c)

que tanto el reconocimiento de los centros como la subvención económica se

otorguen sin discriminación alguna de carácter religioso, 1» cual quiere decir

que este régimen común estará abierto también a los centros de inspiración

religiosa no católica.

Y por lo que mira a la enseñanza de la religión en los ceñiros estatales estimo,

en resumen, sin perjuicio de explayar mi pensamiento en otra ocasión, que debe

intensificarse en todos los grados de la enseñanza el estudio de la religión

católica con un régimen (nada difícil de conseguir) que deje a salvo la libertad

religiosa de todos los ciudadanos. En esta grave cuestión hemos de superar

viejos planteamientos. Parece preferible atenuar el énfasis de las declaraciones

concordatarias, a cambio de acometer de hecho el problema por parte del Estado,

con medidas menos espectaculares, pero más eficaces. Quiero decir en sama, que,

tras la experiencia de los últimos veinticinco años, la enseñanza de la religión

en ios centros estatales Sebera atenderse con mayor solicitud, con mayor altura

y con mayor seriedad.

Matrimonio canónico y civil

10.—¿Qué sentido debería tener en el nuevo Concordato, según su opinión, todo el

tema del matrimonio canónico y civil, para católicos, no católicos y quienes,

aun estando bautizados en la Iglesia, no practican o prefieren prescindir del

matrimonio religioso?

Se trata fie un tema ciertamente muy delicado, para e! que pueden seguirse dos

caminos.

Cabe pensar en un nuevo sistema matrimonial, implantando en España el matrimonio

civil facultativo, que desde hace años existe en tastos otros países de

tradición y mayoría católicos como Italia y Portugal.

Desde el punto de vista jurídico, el nuevo sistema evitaría algunas

dificultades que ofrece la actúal. Sin embargo, las consecuencias pastorales de

esta innovación podrían ser de tal trascendencia que, a mi juicio, aconsejan que

no se siga este camino sin tener en cuenta el dictamen de la Conferencia

Episcopal.

Cabe también mantener el actual sistema, exigido expresamente per el Concordato

de 1953, pero en tal caso podría estudiarse la conveniencia de que los obispos

españoles tuvieran facultades para dispensar de la forma canónica ea ciertos

casos de matrimonies mixtos, con el fin de facilitar el máximo la observancia

del derecho de libertad religiosa.

Cuestiones económicas:

11.—¿En qué términos estima han de plantearse las cuestiones de tipo económico:

subvención del culto y clero, exenciones tributarias, etcétera? ¿Cómo garantizar

un trato justo para las comunidades no católicas?

Juzgo que todos estos problemas son muy importantes por su enorme trascendencia

práctica, pero que acerca de ellos se habla a veces con cierta ligereza y

superficialidad, como si pudieran resolverse con dos o tres "slogans".

Desde luego, reunieren un replanteamiento a la vez profundo y ponderado, que

podría conducir a soluciones justas para todas las confesiones religiosas y

satisfactorias; también para la opinión pública.

Ante todo, el nuevo sistema deberá hacer tabla, rasa de cualquier fórmula que

suene a privilegio. Por lo que se refiere a las exenciones tributarias, algunas

deberán suprimirse de plano; las demas—aquellas que ss estimen justas—serían

aplicables por igual a todas las confesiones.

Punto de especial importancia es el relativo al fundamento de la dotación

económica de! Estado en favor de la Iglesia. El nuevo sistema, con olvido de

épocas pasadas, y en particular de la desamortización, ya muy lejana en el

tiempo, deberá tener como respaldo, es decir, como título legítimo de toda

dotación o ayuda económica, que el servicio religioso es un valor muy importante

para el bien común fie la sociedad.

Y en tal sentido estas ayudas deberán darse por el Estao, en su calidad de

administrador de los recursos da los contribuyentes, en favor de todas las

comunidades, religiosas, teniendo en cuenta, como es de justicia, su desigual

arraigo en la sociedad española.

Por lo demas, estimo que toda esta problemática está muy inmadura. Su , correcto

tratamiento demanda un estudio, sólo realizable por técnicos en la materia, que

no debe demorarse, pero que, inevitablemente, no puede ofrecer soluciones

inmediatas satisfactorias.

Por eso, finalmente, pienso —a la vista de estas dificultades objetivas y ds

otras análogas—sí no sería preferible acometer la revisión del Concordato por

etapas sucesivas: abordar primero las cuestiones de facíl solución que

justamente se refieran a tomas de gran Importancia, como los privilegios de

presentación y del fuero, y acometer sucesivamente los restantes problemas sin

prisa, pero sin pausa.

 

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