Prescindiendo del valor jurídico de las conclusiones de la asamblea, tienen un valor eclesial de gran alcance, pues recogen el sentir común de los obispos y sacerdotes españoles     
 
 ABC.    20/11/1971.  Página: 40. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

A B C. SÁBADO 20 DE NOVIEMBRE DE 1971. EDICIÓN DE LA MAÑANA.

PAG. 40.

DEL VALOR JURIDICO DE LAS DE LA ASAMBLEA, TIENEN UN VALOR ECLESIAL DE GRAN

ALCANCE, PUES RECOGEN EL SENTIR COMUN DE LOS OBISPOS Y SACERDOTES ESPAÑOLES»

Monseñor Marti Alanís, obispo de Seo de Urgel, publica un amplio documento

pastoral comentando el espíritu y valor de la pasada Asamblea conjunta obispos

sacerdotes.

Madrid, (De nuestra Redacción.) El «Boletín Oficial del Obispado» de Seo de

Urgel publica en su último número un largo documento episcopal que ha llamado

fuertemente la atención por ser la primera pastoral dedicada por un obispo

español a comentar el espiritu y resultados de la reciente Asamblea conjunta de

Obispos y Sacerdotes. Hasta ahora muchos prelados habian comentado los

resultados de esta Asamblea, en entrevistas de Prensa o en breves alocuciones,

pero es monseñor Marti Alanis el primera que dirige una amplia carta a su clero

sobre este tema.

La pastoral tiene una primera parte en la que presenta a la Asamblea como

realidad y esperanza eclesial. «Hemos presenciado—dijo—un acontecimiento que nos

abre grandes posibilidades para discernir cual es hoy la voluntad de Dios sobre

su Iglesia.» «Ha sido—prosigue—una experiencia privilegiada de reflexión y una

invitación a -recoger la llamada que ya nos hacia el Concilio.» Esta experiencia

«no está acabada.

Las mismas conclusiones de la Asamblea son para nosotros un punto de partida

para seguir buscando por dónde el Espirita de Dios quiere conducirnos».

Analiza a continuación el papel Jugado por la Asamblea como experiencia de

corresponsabilidad entre obispos y sacerdotes. «Esta—dice—es una realidad

esperanzadora, porque unos y otros formamos parte de un solo sacerdocio

ministerial en el que todo antagonismo debe ceder a la colaboración y para el

que es necesario abrir cauces de comunión y corresponsabilidad». Señala a

continuación cómo esta experiencia de colaboración no ha sido plena al faltar en

ella los religiosos y seglares, pero ve en la Asamblea «un primer paso bacía esa

participación plena que echamos de menos».

Comenta a "continuación el clima en que se desarrolló la Asamblea, y escribe:

«Fue de un alto sentida de responsabilidad y diálogo Es verdad que en algún

momento se produjo cierta tensión, pero no fue tañía como algunas informaciones

han manifestado. La aceptación por parte de todos de la responsabilidad que cada

uno tenía dentro de la Asamblea, hizo que ea ningún momento se quebrase el

espíritu de diálogo».

Esto mismo puede decirse del clima espiritual de ¡a Asamblea, respecto al que

dice que «la oración y la lectura de la Palabra de Dios han sido siempre un

punto de referencia de los trabajos y deliberaciones».

La segunda parte del documento se pregunta por el valor práctico de las

conclusiones de la Asamblea:

«Beben tener para nosotros—dice—un sentido que va más allá de las declaraciones

de principios. Estas conclusiones deben ser «na interpelación para nuestra

renovación y conversión.» «Prescindiendo del valor jurídico y vinculante que

puedan tener estas conclusiones para la Iglesia española, es evidente que el

mismo hecho de la Asamblea y su pronunciamiento en importantes problemas tiene

en sí ya un gran valor.» «El que tantos obispos y sacerdotes se hayan puesto a

pensar sobre los problemas de la Iglesia en el mundo de hoy, nos obliga a tener

muy en consideración el mensaje que nos traen las conclusiones de esta Asamblea.

La máxima Conferencia del Episcopado tendrá que estudiar el valor jurídico fie

las resoluciones adoptadas, no obstante existe otro nivel de valores en el cual,

ya desde ahora, nos podemos situar. Casi todas las proposiciones han sido

aprobadas por la Asamblea en nna mayoría que supera ampliamente los dos tercios.

Esto significa que existe realmente un «consensus» entre obispos y sacerdotes

sobre los problemas que en ella se han tratado. Ahora bien, este consentimiento,

prescindiendo del valor jurídico que le concedamos, tiene ira valor eclesial de

gran alcance. Cuando entre obispos y sacerdotes existe un «consensus» o común

sentir sobre los problemas importantes de nuestra iglesia, podemos estar seguros

de que expresan, de alguna maneras el camino por donde el Espíritu Santo quiere

conducir hoy a su Iglesia. Esto es de gran importancia en un momento en e! que

nuestro paso se vuelve a veces inseguro y es necesario encontrar puntos de

referencia que sirvan de orientación. Cuando sobre tantos problemas existen hoy

opiniones divergentes, es una gracia de Dios poder cantar con el testimonio de

obispas y sacerdotes que marchan unidos en busca de la fidelidad a la Palabra de

Dios y a los signos de los tiempos.»

El amplio documento pastoral analiza a continuación las luces que la Asamblea

aporta sobre la tarea evangeligadora en nuestro país en concreto, y señala el

papel de la Iglesia como «testigo de libertad evangélica». «Es evidente—dice—que

esta libertad de espirita puede ser objeto de malentedidos. En efecto, al

liberarnos de iodo interés particular, de toda ambición, de prestigio o de

poder, tendremos evidentemente que sufrir la incomprensión Se quienes hacen del

poder o de los intereses particulares el supremo bien. De esta incomprensión, ya

ha sido objeto la Asamblea con interpretaciones que no están fie acuerdo con la

libertad de espíritu, con la que quiso romper con cuantas ataduras condicionan

la acción evangelizadora de la Iglesia.»

La pastoral concluye planteando las exigencias que para todos—«obispos y

sacerdotes—supone la Asamblea, «A todos nos obliga a confrontar sus palabras con

el testimonio de nuestra vida. La fe sin obras está muerta, y las palabras sin

hechos son engaños. Resulta pues, necesaria hacer una seria revisión de nuestra

vida y traducir en realidades ¡as orientaciones y criterios de acción.» y el

documento se cierra con la siguíente afirmación: «La Asamblea conjunta obispos-

sacerdotes ha sido un acontecimiento, un don de Dios que hay que aprovechar.»

 

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