Autor: Pero Sanz, José Miguel. 
 Libertad de la Iglesia y autonomía del orden temporal. 
 Bases para el futuro Concordato  :   
 Libertad civil en materia religiosa. Consideraciones por razones sociológicas. 
 Nuevo Diario.    30/11/1968.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

Libertad de a Iglesia y autonomía del orden temporal

Libertad civil en materia religiosa Consideracíón por razones sociológicas.

El concordato es necesario; ahora bien, ¿sobre qué bases ha de establecerse?

Porque si hubieran de ser las mismas que en 1953, más valía entonces dejar las

cosas, como están. Pero es que. realmente, hay nuevas perspectivas en el tema de

las relaciones Iglesia-Estado.

Concretamenté el futuro contrato habrá de establecerse a partir—entre otros— de

dos principios supremos: el derecho natural a la libertad religiosa en la

sociedad civil y un cambio fundamental en torno al concepto de

"confesionalidad".

Libertad.

Al abordar el tema, la Iglesia, en el último Concilio, recuerda primero la

libertad civil de todas las confesiones religiosas, y sólo en ese contexto, y

establecido dicho presupuesto, exige el reconocimiento de la propia autonomía y

su respeto por parte de jos Estados.

La declaración de libertad civil en materia religiosa señala algunos aspectos ce

esos derechos naturales, que han de garantizarse juridicamente para cualquier

comunidad, incluida —por supuesto— la misma Iglesia: libertad de regirse y

ordenarse seguí sus propias normas a ,a consecución de ios fines espirituales

propios; libertad en la selección, formación, nombramiento y traslado de los

propios ministros; libertad de comúnicación , predicación y enseñanza de su

doctrina; derecho de propiedad; derecho a establecer asociaciones educativas,

culturales, caritativas, sociales: libertad efectiva de los padres en la

elección de centros formativos para sus hijos, etcétera. (Por supuesto que esta;

libertades exigen, de cada comunidad religiosa, el respeto a los derechos

ajenos, el cumplimiento de los deberes para con los demás y para con el bien

común. De forma que deben impedirse los abusos desleales.)

La Iglesia defiende estas libertades, en primer lugar para todos y después para

sí misma, no como un privilegio singular. En efecto, enseña que "el poder civil

debe evitar que la igualdad jurídica de los ciudadanos, la cual pertenece al

bien común de la sociedad, jamás, ni abierta ni ocultamente, sea lesionada por

motivos religiosos, ni que se establezca entre aquéllos discriminación alguna".

Y esto,

tanto en países de mayoría católica con respecto a los miembros de otras

confesiones, como con respecto a la Iglesia- en los lugares en que sus hijos son

minoría.

El concordato nuevo ha de construirse a partir de esta premisa de forma que en

absoluto se empañe esta libertad general, sino que más bien sea el documento una

consecuencia de ella a la luz —por otra parte— de un segundo criterio.

¿Confesionalidad?

La segunda novedad en el orden de los principios la constituye el enfoque dado

por la Iglesia, en el Concilio, al tema de la "confesionalidad" del Estado. En

efecto, no se excluye Ja licitud de que "en atención a peculiares circunstancias

de los pueblos, se otorgue a una comunidad religiosa determinada un especial

reconocimiento civil en el ordenamiento jurídico de ]a sociedad".

Ahora bien, con un planteamiento nuevo:

Esa "confesionalidad" ya no es una tesis irrefutable, sino más bien

una hipótesis.

No fundada sobre un reconocimiento "dogmático de la verdad de una religión por

parte del Estado, a quien no compete tal juicio.

Sino más bien como una consideración civil en atención a la realidad

sociológica del pueblo (expresando, por así decir, el común sentir y creer de

los ciudadanos).

De forma que tal consideración especial es legítima para cualquier confesión

arraigada especialmente en una nación, no sólo para la Iglesia.

Y teniendo en cuenta siempre, "la necesidad de que al mismo tiempo se reconozca

y respete a todos los ciudadanos y comunidades religiosas el derecho a la

libertad en materia religiosa."

Autonomías.

Supuestos esos dos enfoques de base, que justifican la preparación de un nuevo

concordato, e iluminan sus rasgos de fondo, el propósito que ha de regir las

conversaciones es bien claro: asegurar la libertad de la Iglesia.

En efecto, enseña el Concilio que "la libertad de la Iglesia es el principio

fundamental en las relaciones entre la Iglesia y los poderes públicos y toda el

orden civil." Junto a este principio está la legítima autonomía del orden

temporal, y el respeto a las funciones propias del Estado.

Es decir, que no se trata, en absoluto, de crear implicaciones de naturaleza

política en la vida de la Iglesia, ni religiosas en el Estado. Precisamente, el

pacto ha de buscar la autonomía legítima de ambas esferas, y para ello dejar

sentadas las cosas bien claras en las zonas fronterizas.

Defendida la libertad de todos, reclama después la Iglesia libertad para sí.

Cuando el tema se ve de este modo, carece ya de sentido hablar de privilegios

como objeto del Concordato: poco, o mejor aún, nada tienen que ver los

privilegios.

Jose Miguel PERO SANZ «CONCORDATO Y PRIVILEGIOS."

 

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