Autor: Pero Sanz, José Miguel. 
 Se confirma la próxima revisión del actual. 
 El nuevo Concordato entre la Iglesia y España es necesario  :   
 Debe evitar futuros malentendidos. Cambio no equivale a supresión. 
 Nuevo Diario.    29/11/1968.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Se confirma la próxima revisión del actúal.

El nuevo concordato entre la IGLESIA Y ESPAÑA es necesario.

Debe evitar fufuros malentendidos © Cambio no equivale a supresión.

Se han confirmado los rumores que venían corriendo sobre la revisión del

Concordato entre la Santa Sede y el Estado español. Incluso se dice que son

inminentes las conversaciones oficiales que darán por resultado, en plazo no muy

lejano, un nuevo documento pactado.

Evidentemente, un cambio de circunstancias en los dos ámbitos —civil y

eclesiástico— exige dicha revisión. En efecto, el derecho público eclesiástico,

especialmente después del Concilio Vaticano II, ha experimentado un

replanteamiento: las cosas no Se enfocan hoy tanto desde el punto de vista

institucional de la Iglesia cara al "príncipe cristiano", cuanto del

reconocimiento de unos derechos fundamentales de !a persona humana —también en

materia religiosa— dentro de una sociedad democrática, puramente civil, de tipo

no paternalista.

A este modo de considerar las cosas, por parte de la Iglesia, suele corresponder

en los estados una configuración ciertamente más democrática y "transparente"

por así decirlo.

Esta nueva orientación Se las cosas —tanto en la Iglesia, como en los —estados—

pone sobre el tapete la necesidad de revisar los concordatos firmados en tiempos

anteriores: ahí está, por ejemplo, pl caso de Italia, y ahora el de España.

¿Para que?

El mencionado cambio de circunstancias no disminuye en absoluto la necesidad de

establecer un régimen pactado para definir las relaciones entre ambas

potestades.

De hecho, los concordatos firmados hasta el presente, lo han sido en dos tipos

de circunstancias, y con uno de dos objetivos.

Se han firmado concordatos en casos de perfecta concordia entre la Iglesia y el

Estado. La finalidad de estos pactos, establecidos sobre la base de mutua

benevolencia, tenían como fin determinar jurídicamente los términos concretos de

aquella concordia: Señalar con normas claras el modo de actuar con respecto a

materias —llamadas mixtas—, que ofrecen interés para las dos sociedades. El buen

entendimiento no es obstáculo para que las cosas estén bien definidas: más aún,

e] dejarlas sentadas con precisión evitará que los malentendidos rompan la

armonía.

En otras ocasiones, los concordatos han significado algo así como un

tratado de paz. Este tipo dé documentos seguían a periodos de vivas tensiones

entre la Iglesia y el Estado, o más concretamente, a épocas de opresión por

parte del poder civil. Con ellos se restablecía, o establecía, la libertad de la

Iglesia para trabajar por sus objetivos religiosos.

Vigencia permanente.

La disyuntiva es completa: o concordia o tiranteces. Y en cualquiera de los dos

casos siguen teniendo valor los objetivos que se propone un concordato. Lo que

puede cambiar es el contenido.

Ya queda señalado que muchos planteamientos han variado, hasta el punto de que

sea preciso elaborar un nuevo pacto, pero no suprimirlo. Esos cambios para nada

afectan a la finalidad del tratado. "Concordato", en efecto, no prejuzga -cuál

haya de ser su contenido; es como un recipiente vacío en el que habrá que

considerar qué líquido se echa, según los tiempos y coyunturas.

Cara al próximo acuerdo bilateral entre la Iglesia y el Estado español, será

preciso analizar cuidadosamente los nuevos principios que hayan de regir el

documento y las evoluciones de situación acontecidas desde 1953.

José Miguel PERO-SANZ

 

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