Relaciones Iglesia-Estado: A la expectativa     
 
 Informaciones.    13/09/1975.  Páginas: 2. Párrafos: 20. 

Relaciones

ENCUESTA

Hemos realizado esta encuesta con el fin de tener, desde distintos puntos de

vista, una visión general de las relaciones Iglesia-Estado.

Diversas personas relacionadas con la Iglesia han contestado a nuestra pregunta:

¿Cuál es el estado actual de las relaciones Iglesia-Estado y cuáles son ios

principales problemas que, a su juicio, se pueden presentar en estas relaciones?

Responden esta vez sólo representantes de una de las partes en conflicto (la

Iglesia). El sábado próximo trataremos de ofrecer a nuestros lectores las

posiciones de los representantes del poder civil.

GIL-DELGADO:

«LA IGLESIA VA POR DELANTE» (CANÓNIGO DE SEVILLA, AUTOR DEL LIBRO «EL CONFLICTO

DE LAS RELACIONES IGLESIA-ESTADO»).

El problema Iglesia-Estado en España, actualmente, es un problema de

desproporción o desequilibrio díalectico. Utilizando un símil, es e) problema

resultante de dos personas que han podido ir bastante tiempo cogidas de la mano,

porque su ritmo era acompasado. El conflicto surge cuando una de las dos recibe

un impulso más vigoroso y acelerado. En este caso es la Iglesia española la que

se va por delante por su conexión con la Iglesia universal. Los impulsos del

desarrollo del laicado en tiempos de Pío XII, del «Aggiornamento» doctrinal del

Papa Juan XXIII y de la aceleración de! Concilio Vaticano II han supuesto para

la Iglesia española un avance dialético considerable con respecto al ideario

político del Régimen. En tales circunstancias no es extraño que la Iglesia se

vea enfrentada con determinadas instancias del hombre de la calle, que le son

presentadas a la misma en razón de su misión profética en el mundo y a las que

se siente abocada a responder, aunque no sea más que por motivos de

subsidiariedad. He aqui la raíz última de los conflictos concretos y del

conflicto genérico.

Por lo que respecta a los problemas concretos que aparecen más acuciantes, la

opinión pública los sitúa en la necesidad de la renovación del Concordato y,

dentro de ella, de los dos polos conflictivos:

nombramiento de obispos y vigencia del privilegio del Fuero para los clérigos.

Pero estas cosas no son más que los síntomas externos del desequilibrio

convivencia1. En el fondo está la cuestión de la aceptación o del rechace de esa

acelera ción dialéctrica de la propia Iglesia. Por eso precisamente parece que

¡as negociaciones concordatarias han evacuado el plano de los compromisos

operativos para ahondar en lo que en mi reciente libro, «Conflicto Iglesia-

Estado», he llamado «preámbulos del Concordato», es decir, esa misma cuestión de

la aceptación o rechace de la presencia profética de la Iglesia en la sociedad.

En última instancia, pues, el conflicto Iglesia-Estado en España es una

manifestación mas, muy seria e importante, del problema de la evolución política

del país. Su resolución está también condicionada al éxito o fracaso de tal

proceso evolutivo.

ISIDORO MARTIN: «DELIMITAR COMPETENCIAS (PROFESOR AGREGADO DE DERECHO CANÓNIGO

DE LA UNÍVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID)

No puede negarse que en el momento actual existe evidentemente una situación de

tensión respecto a las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Manifestaciones

externas de la misma son los numerosos arres tos a eclesiásticos, las multas

impuestas a consecuencia de homilías pronunciadas o publicadas, la entrada de la

fuerza pública en los templos, etc.

No es fácil determinar las causas de esta situación. En primer lugar, tenemos la

existencia de un Concordato que resulta anacrónico y desfasado en múltiples

aspectos, y que es origen de no pocas fricciones en las relaciones entre la

Iglesia y el Estado. Por otra parte, asistimos a una toma de conciencia cada vez

más profunda por parte de la jerarquía eclesiástica ante los problemas sociales

y políticos. Esta situación hace que actitudes y opiniones manifestadas en el

ejercicio de una acción que se estima como pastoral sean consideradas a veces

como intromisión en el terreno político.

En el fondo nos encontramos ante la tremenda dificultad de delimitar en la

práctica lo político y lo religioso y de quién debe llevar a cabo esa

delimitación. Es decir, del ejercicio de lo que jurídicamente se denomina «la

competencia de las competencias», en virtud de la cual una de las partes tiene

la última palabra sobre si una determinada actuación cabe calificarla como

religiosa o si incide en el terreno de lo político Esta dificultad puede

resultar agravada según la interpretación que se dé a determinadas afirmaciones

contenidas en nuestra legislación, tales como la de que España es un «Estado

católico» (ley de Sucesión, Ley Orgánica), o la de que «la nación española

considera como timbre de honor el acatamiento a la ley de Dios, según la docto!

na de la santa Igelsia católica apostólica y romana, única verdadera y fe

inseparable de la conciencia nacional que inspirará su legislación» (Ley de

Principios del Movimiento) , y en el Concordato, en el que se garantiza a la

Iglesia el «libre y pleno ejercicio de su poder espiritual y de su jurisdicción»

(artículo II)

En cuanto al futuro de estas relaciones, siempre es arriesgado hacer profecías.

La necesidad de renovación del Concordato resulta evidente. Por otra parte, la

dilación en las negociaciones suscita, como es natural, una lógica impaciencia.

No parece, sin embargo, que se haya renunciado al instrumento concor-

datario como fórmula de regulación de estas relaciones.

La Conferencia Episcopal española se pronunció en enero de 1973 sobre los

denominados privilegios contenidos en el Concordato, que deben desaparecer como

garantía de unas relaciones armónicas. En todo caso, la libertad de la Iglesia

para dar su juicio moral sobre cuestiones políticas debe de quedar garantiza da,

según expresa claramente la «Gaudium et Spes».

Conviene, por tanto, como ya apuntó la Conferencia Episcopal en la ocasión

citada, no apresurarse a la hora de calificar sin más como «políticas»

determinadas actitudes y opiniones de los miembros de la jerarquía eclesiástica.

JOSÉ MARÍA DE LLANOS: «SE LES PASARA EL ENFADO» (SACERDOTE).

Contesta un sacerdote desde la penumbra y la perplejidad. Yo comparo las

relaciones Iglesia-Estado como unas relaciones entre novios y que en la

actualidad están de «morros», que quiere decir que aunque están en dificultades

no han roto, y que se les pasará el enfado. Los problemas son, como esa las

parejas de novios, los típicos de dos personas con mentalidades distintas.

Cuando las relaciones están en su mejor momento, ambos dicen que persiguen lo

mismo, pero en el fondo no es verdad. Como las parejas actuales, en las

relaciones Iglesia-Estado cada uno quiere ir por su lado, tener independencia,

aunque continúen los lazos de unión.

La situación actual en las relaciones Iglesia-Estado en España es la misma que

atravesaron otros países hace años: ni la Iglesia quiere estar sometida al

Estado, ni éste quiere depender de nadie. Esta situación es consecuencia de la

«maduración», tanto de la Iglesia como del Estado.

JOSÉ MARÍA DIEZ-ALEGRIA: «EL CONFLICTO TENDERÍA A AUMENTAR» (SACERDOTE).

Desde luego, no soy persona enterada de la marcha diplomática de las cosas.

Puedo dar una impresión como hombre de la calle. Las relaciones Iglesia-Estado

en España hoy, si se comparan con las de hace veinte años, son muy cantitativas,

pero tampoco hay que exagerar esto, porque una gran parte de los fieles

practicantes, el clero y de la jerarquía, mantienen las posiciones de hace

veinte años o unas posiciones en todo caso muy moderadas. En cambio, algunos

sectores minoritarios, pero importante, de la Iglesia, por ejemplo sacerdotes,

han llegado a una tensión conflictiva grave. De hecho. la evolución de la

Iglesia, y también la de los órganos de Gobierno de nuestro país en este

momento, nacen pensar que el conflicto tenderá más a aumentar que a disminuir

pero no se prevé por ahora una ruptura y enfrentamienio radical entre jerarquía

eclesiástica y órganos de Gobierno del Estado español.

MONSEÑOR ALBERTO INIESTA: «SI LAS COSAS SIGUEN COMO ESTÁN SE AGUDIZARA LA

CONFLICTIVIDAD» (OBISPO AUXILIAR DE MADRID).

«Puedo tener ana opinión a nivel de ciudadano o de cristiano español, pero no

puedo opinar, porque no los conozco acerca de datos especiales secretos; quizá

esto lo sepan los obispos grandes, pero a los obispos pequeños no no informan.

Creo, salta a a vista, que existe una conflictividad en las relaciones Iglesia-

Estado. Las noticias, las homilías, los encarcelamientos, las discrepancias,

unas aparecen y otras muchas no y solo la gente enterada, la que lee entre

líneas —«se difícil y practicado deporte de leer entre líneas—, los conoce. Esas

noticias reflejan las dificultades y diferencias entre ¡a Iglesia y el Estado;

es una realidad que existe.

En cuanto al futuro de estas relaciones eso es difícil de prever, porque hay una

serie de datos coyunturales que estarían constantemente influyendo en estas

relaciones, y eso por supuesto no depende de mi el que se realice, y menos aún

que los pueda vaticinar Lo que si puedo decir es que reconsiderando dos o tres

años atrás las tensiones Iglesia -Estado se van agudizando cada vez más. Si las

cosas siguen nada más que como están, da la impresión de que la conflictividad

existente se agudizará cada vez más.»

MONSEÑOR ECHARREN: «LA IGLESIA DEBE ENCARNARSE EN LOS POBRES Y OPRIMIDOS»

(OBISPO AUXILIAR DE MADRID).

Hace unas semanas tuve ocasión de definir las relaciones Iglesia-Estado como

"normalmente tensas". Pienso que su estado actual sigue respondiendo a esa misma

definición.

La Iglesia en España, a partir del Concilio Vaticano U, está intentando asumir

con una especial intensidad unas postura que no es nueva, pero que la teníamos

bastante olvidada.

De una parte, "los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los

hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a

la vez los gozos y las esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de

Cristo" (G. S. I). De esta manera la Iglesia se ve impulsada a encarnarse con la

totalidad de los hombres en sus sentimientos más profundos, desidentificándose

de los grupos, clases y estratos más privilegiados y que en un momento dado

pudieron monopolizarla. El esfuerzo por encarnarse especialmente con los pobres,

con los débiles, con los marginados y los que sufren, supone que se vaya

desidentificando con los ricos y con los poderosos. Ello no supone que no desee

que se salven los ricos, pero les dice claramente que su salvación ha de pasar

por las bienaventuranzas y les advierte, llena de amor, "que ¡ay de vosotros los

ricos! porque habéis recibido vuestro consuelo" (Le. 6, 24).

Por otra parte, "Cristo fue enviado por el Padre a evangelizar a los pobres y

levantar a los oprimidos (Lc. 4, 18); así también la Iglesia abraza con su amor

a todos los afligidos por la debilidad humana; más aún reconoce en los pobres y

en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en

remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo" (L. G. 8.). Ello

significa que, cada día más, la Iglesia debe encarnarse en los pobres y

oprimidos, con los que el "mundo" considera perdidos y, en consecuencia, se ha

de desidentificar cada día más respecto a los ricos y poderosos, aquellos que el

"mundo" considera seguros y salvados.

La Iglesia en España va tomando conciencia de que la señal mesiánica por

excelencia es que "los pobres son evangelizados" y ha comenzado a pensar, hablar

y actuar en consecuencia.

Sé que todo lo dicho no pasa de ser hoy, en parte al menos, una búsqueda y una

intención en la Iglesia. Pero se ha puesto a caminar en este rumbo, y ios

cristianos comenzamos a ir con ella. «Cristo realizó la obra de redención en

pobreza y persecución, de igual modo la Iglesia está destinada a recorrer el

mismo camino a fin de comunicar los frutos de salvación a ¡os hombres.» (L G.

8.)

En este contexto pienso que se deben situar no pocas de las tensiones que hoy

vivimos. Y desde este contexto surgen casi todos los problemas Entender la

Iglesia y su misión cíe otra manera que la esbozada supone no poder comprender

una gran parte de lo que la Iglesia real hace, quiere y busca La Iglesia, por

ejemplo, tiene que pedir a los ciudadanos que respeten a los gestores del bien

común, sean de la tendencia que sean (Ofr. San Pablo.) Pero la Iglesia. con

igual fuerza, debe pedir a los gobernantes que amen y respeten a los ciudadanos,

sean de la tendencia que sean. La Iglesia debe pedir a los ciudadanos que

respeten y cumplan las leyes justas. Pero simultáneamente debe pedir a las

leyes, a los que las promulgan y a los que las aplican, que respeten y amen a

todos los ciudadanos, sean de la tendencia que sean, que respeten sus libertades

y demás derechos fundamentales y que, por encima de todo, respeten su dignidad

de personas. Así hay que entender a San Pablo, y el «dad al César lo que es del

César y a Dios lo que es de Dios», evitando la tentación de querer dar al César

lo que es de Dios y a Dios lo que es del César.

Por amor a los oprimidos y opresores, la Iglesia tiene la grave obligación de

denunciar todo lo que se oponga a la paz y al amor a .a verdad y a la justicia,

a la libertad y a la santidad, es decir, a las notas del Reino. Ha de ser

conciencia crítica de la sociedad para liberar a los opresores y a los oprimidos

del pecado y del sufrimiento Este es el sentido de la grave obligación de la

denuncia profética.

La Iglesia está en el mundo para anunciar a Cristo, su salvación, su mensaje, el

Reino, y no para legitimar poder alguno, sea del tipo que sea. Muchos sectores

de nuestra sociedad no acaban de comprender todo esto, y de ahí surgen multitud

de conflictos. Todo aquel que no comprenda a la Iglesia como ella se está

comprendiendo a sí misma a la luz del mensaje y del magisterio, no puede menos

que sentirse frente a ella. Ella, sin embargo,, debe seguir amando,

especialmente a los pobres; debe seguir predicando la buena nueva, pase lo que

pase, aunque se sienta débil, y debe hacerlo desde la fuerza de la palabra y

desde la libertad profunda que le ofrece Cristo, el único Señor para los

creyentes.

Los problemas que pueden presentarse son muchos. Pero pienso que son meras

anécdotas dentro del gran cuadro de la comprensión evangélica de las relaciones

de la Iglesia con el mundo.

 

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