La consagración de un pueblo al corazón de Cristo es un reconocimiento público de los derechos de Dios sobre los individuos y las colectividades  :   
 El cardenal primado expuso en su homilía el sentido de este cincuentenario y las exigencias sociales que comporta. 
 ABC.    01/06/1969.  Página: 16-17. Páginas: 2. Párrafos: 25. 

DOMINGO 1 DE JUNIO DE 1969. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 16.

«LA CONSAGRACION PUBLICO DE UN PUEBLO AL CORAZON DE CRISTO ES UN RECONOCIMIENTO

PUBLICO DE LOS DERECHOS DE DIOS SOBRE LOS INDIVIDUOS Y LAS COLECTIVIDADES.

El cardenal primado expuso en su homilía el sentido de este cincuentenario y las

exigencias sociales que comporta.

La escena de ayer en el cerro de los Angeles olía a historia. Si la ceremonia—la

sencilla y bella concelebración—y los cantos —los magníficos salmos de Manzano y

un himno de Halffter—eran de hoy, el clima, el aire, los recuerdos evocaban

incesantes el ayer. Presidía la concelebración el cardenal primado, y junto a él

los arzobispos de Madrid, Barcelona y Valladolid; los obispos de Lugo, Coria-

Cáceres y León, y un ancho grupo de sacerdotes representando a todas las

regiones españolas y a los santuarios más famosos dedicados al Corazón de Jesús

en España.

La palabra del Papa—la profunda y aguda carta que publicábamos ayer en nuestras

páginas—tomaba sitio, en la voz del nuncio de Su Santidad, en la liturgia de la

Palabra, lo mismo que la fórmula de consagración la encontraría después en el

Ofertorio. Y la amplia homilía del cardenal primado enmarcaría toda la

ceremonia.

"Hace cincuenta años—comenzó diciendo—, en este mismo lugar, España reconocía

pública y solemnemente los derechos sociales de Jesucristo. Hace cincuenta años,

y por la voz de su primer magistrado, el Rey Alfonso XIII, España adquiría un

compromiso ante el mundo: el de respetar los derechos de Cristo en su ordenación

social. Porque ése es el significado áe la consagración colectiva que el Estado

español, en nombre propio y en el de todo el ´pueblo, hizo al Corazón de Cristo

en el centro geográfico de la Patria.

Hoy nos hemos reunido para conmemorar aquel acontecimiento en su cincuenta

aniversario. El Episcopado Español ha creído conveniente celebrar solemnemente

esta fecha, jubilar para recordar a todos los católicos españoles el significado

y las exigencias de aquel hecho,"

Monseñor Enrique Tarancón analizaba después el sentido actual áe la devoción al

Corazón de Jesús. Este culto—decía—se ha debilitado en algunos ambientes,

algunos dudan de su contenido teológico. Otros, juzgando por ciertas prácticas

externas, creen que favorece el sentimentalismo y la piedad ritualista y

externa,. Son bastantes los que disminuyen la importancia de las prácticas

piadosas, tan estimadas en otros tiempos, y los que casi proscriben el acto de

consagración característico de esta devoción. Las consagraciones colectivas,

sobre todo, por las que entidades o pueblos se ofrecen al Corazón de Cristo, son

consideradas por no pocos como actos meramente externos, sin verdadero contenido

humano y sin auténtica significación religiosa.

Aprovechando la coyuntura de esta fecha, es necesario proclamar que el culto al

Sagrado Corazón de Jesús ofrece las máximas garantías y ha sido uno de los

medios providenciales para intensificar la piedad eucarística y promover el

espíritu reparador, como recordó Pablo.

- Es verdad—precisaba después—que en todas las obras humanas, aun las más

sublimes, hay que contar con la imperfección, y en todos los actos externos

puede meterse subrepticiamente la rutina o el afán exhibicionista, perdiendo,

entonces autenticidad y oscureciendo su significado religioso. Cabe el peligro,

además, de que tos actos externos de culto, particularmente aquellos que tienen

un carácter público y masivo, como estas consagraciones colectivas, lleguen a

valorarse única o principalmente por su aparato exterior, convirtiéndose en

meras apariencias sin verdad religiosa y casi sin contenido humano. 7 no me

atrevería a decir que hayamos evitado siempre estos escollos. El Señor denunció

este abuso por medio de los profetas´, "No me traigáis más dones vacíos, más

incienso execrable... Vuestras solemnidades y fiestas las detesto; se me han

vuelto una carga que no soporto más." (Is. 1,13-14.)

SENTIDO DE LA CONSAGRACIÓN Monseñor Enrique Tarancón se preguntaba a

continuación por el sentido que tiene actualmente una consagración pública y

social:

La consagración de un pueblo al Corazón de Cristo es, ante todo, un acto de fe

público y social por el que se reconocen y confiesan los derechos inalienables

de Dios sobre los individuos y las colectividades. Es, además, un compromiso

formal y colectivo de traducir en realizaciones prácticas, en el ordenamiento

social de este pueblo, los derechos del hombre, iluminados por te Revelacion

hecha en Cristo y en su Iglesia.

«No debe extraña que una sociedad se confiesa catolica haga profesion publica de

su fe»

(Cárdenal ENRIQUE Y TARÁNCON)

En nuestros días se tiende a destacar el compromiso personal que entraña, la fe

y el carácter interno y personalisimo que debe tener la religión. Y esto es

justo. Pero no hasta el extramo que querer circunscribir la religión al terreno

puramente individual. Son las personas, ciertamente, las que deben aceptar

libremente el mensaje de salvación y las que deben vivir la vida divina que

Jesucristo nos comunicó. Pero el hombre, naturalmente social, nace, vive y se

desarrolla en las colectividades, sujetas también a las leyes de Dios e

iluminadas por la Revelación del Evangelio.

Este reconocimiento público de la Ley de Cristo que se expresa por el acto de

consagración, no sólo es legítimo, sino consecuente; casi me atrevería a decir

obligatorio, en una sociedad que sea y se confiese cristiana.

Es verdad que la realidad terrena tiene sus •propias leyes. Goza de verdadera

autonomía. Pero "no es independiente de Dios", como afirma el Concilio (G. S.

36). Social y publicamente deben reconocerse los derechos del Dios Creador.

Cuando se habla hoy día de la "ciudad plenamente secularizada", debe entenderse

rectamente en el sentido de la legitima "autonomía de la realidad terrena". Pero

no de tal modo que sea necesario proscribir esos actos públicos y sociales de

fe, como •las consagraciones colectivas al Sagrado Corazón. El Concilio condenó

este concento extremoso de secularización´. "Si autonomía de lo temporal quiere

decir—afirma el Concilio—que la realidad creada es independiente de Dios y que

los hombres pueden usarla sin referencia al Creador, no hay creyente alguno a,

quien se le escape la falsedad envuelta en tales palabras."

(G. S. 36.)

No debe extrañar que una sociedad que se confiesa católica y que lo es realmente

en su totalidad moral, con los defectos y fallos ineludibles en toda profesión

masiva. pero con verdadera autenticidad, haga profesión pública de su fe y que

reconozca los derechos que han de respetarse en la comunidad social.

LAS CONSECUENCIAS SOCIALES BE LA CONSAGRACIÓN

En la segunda parte de su homilía el arzobispo de Toledo se preguntaba por las

consecuencias sociales de esta consagración. Y decía:

Lo primero a que nos obliga esta consagración colectiva es al reconocimiento y

respeto individual y social de la dignidad de la persona humana y de todos los

derechos que dimanan de esa dignidad. Por eso nos dice el Concilio: "El orden

social, pues, y su progresivo desarrollo deben en todo momento subordinarse al

bien de la persona." (G. S., n. 26.) Y añade: "Cuanto atenta contra la vida,

cuanto viola la integridad de la persona, cuanto ofende la dignidad de la

persona... es totalmente contrario al honor debido al Creador." (G. S., n. 27.)

"Aunque existen diversidades justas entre los hombres, sin embargo, la igual

dignidad de la persona exige que se llegue a una situación social más humana y

más justa. Resulta escandaloso el hecho de las excesivas desigualdades

económicas y sociales que se dan entre los miembros o los pueblos de una misma

familia humana." (G. S., n. 29.)

Este puede ser un punto de reflexión muy provechoso para todos en esta fiesta

jubilar de la consagración. Porque si es cierto que no se puede conseguir

siempre de una manera rápida ese ideal, ya que existen condicionamientos

económicos y sociales que pueden entorpecer más o menos su realización, es

evidente que al consagrarnos socialmente al Corazón de Jesús, nos comprometemos

todos públicamente a poner el máximo esfuerzo para ir realizándolo con la mayor

rapidez posible.

¿Hemos considerado todos—autoridades y subditos, clérigos y seglares—que el

honor externo que puede suponer esta consagración y el hecho de que la imagen

del Sagrado Corazón presida desde este cerro la. geografía nacional, nos obliga,

a no vivir tranquilos hasta que la convivencia social ofrezca esas garantías?

Muchos han afirmada que los católicas españoles tenemos poco desarrollada la

conciencia social. Si esto es cierto, es ésta una culpa que debemos confesar

públicamente y de la que debiéramos encomendarnos para ser auténticos en esta

conmemoración que estamos celebrando.

LA RELIGIÓN EN LA VIDA

"No siempre—precisaba después—se utiliza correctamente el concepto de lo

religioso. Algunos reducen la religión a los actos de culto y de piedad, como si

la religión no debiera influir en toda la vida y en toda las actividades del

hombre. Hacemos religión cuando asistimos a los actos litúrgicos, cuando nos

dirigimos personalmente a Dios desde lo íntimo de nuestra conciencia, cuando

procuramos que se respeten los derechos de Cristo y de su Iglesia. Pero también

hacemos religión cuando promovemos la justicia social, cuando exigimos que se

respeten los postulados de la ley natural y los derechos de la persona humana,

cuando procuramos desterrar de la sociedad aquellos elementos que impiden o

dificultan la convivencia pacifica entre los hombres, Esto es lo que nos dice el

Apóstol Santiago: "La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es

ésta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones." (Sant, 1, 27.)

La consagración colectiva, hermanos, nos impone guisa como deber primario esta

tarea."

Y concluía después su homilía con estas palabras :

"Nuestra consagración individual y colectiva nos obliga a adentrarnos en el

abismo insondable de la caridad de Cristo; a vencer con el amor todos los

obstáculos que podría oponer nuestro egoísmo a la práctica de la justicia, de la

verdad y de la libertad.

Aquí sobre el altar, centro de nuestra geografía y de nuestro pueblo cristiano,

ponemos hoy la ofrenda y la súplica de nuestro deseo de perfeccionamiento

individual y social. Sobre este mismo altar Cristo se nos da como testimonio de

ese amor que necesitamos para procurar todos esa convivencia pacífica entre los

hombres.

Dios quiera, hermanos, que todos sepamos cumplir el compromiso que esta imagen

nos recuerda, para, que nuestra patria sepa realisar, cada día con mayor

perfección, el orden social cristiano. Que individual y colectivamente sintamos

esta ayuda para cumplir siempre y en todo te voluntad de Dios.

Tras la homilía del cardenal primado, en la oración de los fieles, cuatro

matrimonios de las varias regiones españolas leerían —en catalán, vascuence,

gallego y castellano—peticiones "por todas las familias de España, por la

promoción social y económica de todos los trabajadores, para que todas las

regiones de España tengan prosperidad espiritual y material, para que la Iglesia

de Dios sea testimonio de amor y de unidad".

Y en la hora de la comunión eran necesarios ciento cincuenta sacerdotes para

poder llegar a los miles de fieles—nos har hablado de hasta quince mil—que

deseaban comulgar. La bendición papal y el canto de la "Salve" ponían remate a

esta brillante página de nuestra Historia patria.

 

< Volver