La Iglesia y el estado se ayudan y se apoyan mutuamente en sus funciones  :   
 Carta pastoral del arzobispo de Valencia, Doctor Olaechea. 
 ABC.    14/07/1962.  Página: 45-48. Páginas: 4. Párrafos: 28. 

A B C. SÁBADO 14 DE JULIO DE 1962. EDICIÓN BE LA MAÑANA.

PAG. 45

«LA IGLESIA Y EL ESTADO SE AYUDAN Y SE APOYAN MUTUAMENTE EN SUS

FUNCIONES»

"Justo es que una y otra potestad no sólo eviten invadir el campo ajeno sino

que concuerden entre sí"

CARTA PASTORAL DEL ARZOBISPO DE VALENCIA, DOCTOR OLÁECHEA.

Valencia 12. .El arzobispo de Valencia, doctor Olaechea, ha dirigido a los

fieles de la archidiócesis una pastoral, cuyo texto fes el siguiente:

"La carta abierta-que tuve el honor de dirigir a los queridos diarios de

Valencia, para los que guardamos todo el afecto v gratitud, carta que apareció

publicada, como era nuestro deseo, en, lugar preferente, nos ´¡nueve a

escribiros casi como una, glosa de un asunto, del que, no pocos hablan, aun

personas, por otrá parte, "bueñas, pero no siempre ni con la serenidad ni con la

reflexión y la delicadeza que el mismo requiere. Nos proponemos con esta" carta

"pastoral recordaros verdades fácilmente olvidadas y que creemos de verdadera

impórtentela.

Os vamos a escribir sobre la Iglesia y el Estado de España; es decir, sobre la

soberanía e independencia- de la Iglesia ´y la relación que han mantenido hasta

el présenle ambas soberanos e independíenles potestades.

Desglosaremos, por tanto, el asunto, tratando: Primero, de la soberanía de la

Iglesia y su independencia de todos los regímenes y Gobiernos, en el

cumplimiento de su divina misión. Segundo, de la concordia y no separación de la

Iglesia y del Estado de España, y de la ventaja de traer la concordia a las dos

soberanas e independientes potestades; y, como consecuencia, tercero, de la

qratitud de la Iglesia en España a los regímenes y Gobiernos que no se opusieron

al cumplimiento de su divina misión, y, mayor aún, a los que orientaron y

orientan su gestión y las disposiciones legales, en función del valor eterno de

la persona humana.

Al tratar el asunto, ciertamente delicado, no queremos ser sombra de molestia,

para nadie, ni podemos dejar de decir la verdad con toda claridad.

LA MISIÓN PERPETUA DE LA IGLESIA

En la perpetuidad de la Iglesia van con Pedro todos sus predecesores, vicarios

de Cristo en la Tierra. En esa perpetuidad van los predecesores de los otros

apóstoles, los obispos, que unidos con el Vicario de Cristo en la Tierra y por

disposición divina, ejercen jurisdicción ordinaria no delegada. Jurisdicción

delegada dada por los obispos tienen los sacerdotes. La Iglesia, con fin propio,

superior, por su espiritualidad a todos Los fines terrenos, con fin exclusivo y

los medios para llevarlos a cabo, es sociedad soberanía, independiente y

perfecta. Su, soberanía e independencia la lia sostenido siempre la Iglesia, ya,

ante quienes con la idea de defenderla, pretendieron usurpar en todo o en parte

su divina misión, ya ante quienes se opusieron a la difusión de su doctrina, a

la santificación de las almas. "Es necesario -- decia San Pedro al Sanedrín—

obedecer a Dios antes que a los hombres." Cuando la dificultad, de los tiempos,

la ardua penetración de los Evangelios en los ´stratos sociales, la escasez de

obispos y sacerdotes aconseja, la Iglesia ordena la acción de los apóstoles

seglares, con los cuales contó siempre desde su origen. Y créa la Acción

Católica, para mayor eficacia en la difusión de sus enseñanzas, y para estímulo

de virtud y celo de los otros fieles, al ver la ejemplaridad y el sacrificio de

los designados por día, de los delegados por ella como brazos largos de su

jerarquía. En concreto, es el obispo del lugar el responsable de esa enseñanza,

de esa actuación, pues del obispo del lugar reciben, y no de otro, la delegación

que tienen los apóstoles de la Acción Católica de su diócesis.

AUTORIDAD ABSOLUTA DE LOS OBISPOS EN SUS DIÓCESIS

Permitid que os aclare este extremo. Toda la Iglesia está sujeta a la

jurisdicción del supremo jerarca, Vicario de Cristo en la Tierra, el cual "tiene

potestad verdaderamente episcopal ordinaria e inmediata en todas y cada una de

las Iglesias y en todos y cada, uno de los pastores y fieles, independientemente

de toda humana potestad". No hay jurisdicciones intermedias. Arzobispo

metropolitano es titulo de honor y procedencia, sin jusrisdicción fuera de su

diocesis. Primado es título de mayor honor yt procedencia, sin jusrisdicción

fuera de su diócesis. La Conferencia de Metropolitanos, las Comisiones

Episcopales dependen de ella, pues ella las crea, con el "nihil obstal" de la

Santa Sede, aun siendo ella instituida en virtud de estatutos emanados de la

Santa Sede, para dar la procedente eficacia y unidad nacional al sentir de los

obispos da lugar en España, aun sometiendo ella,- como somete, sus conclusionel

al "nihil obstat" de la Santa Sede, aun siendo, como es, ejemplar de serena

prudencia y experiencia depurada; aun contando virtualmenle sus escritos con el

"placel" de los obispos de lugar de las diversas provincias eclesiásticas, no

tiene jusrisdicción sobre ningún obispo de lugar en su propia- diócesis. Natural

es que éste haga suyas las normas de la Conferencia de Metropolitanos; pero

libremente, pues ha de obrar como Dios le inspire para su diócesis, y sólo es

responsable de su obra ante Dios y el Vicario de Cristo en la Tierra.

Y si esto decimos, ainadísimos hijos, de los arzobispos metropolitanos, primado

y Conferencia, de Metropolitanos, ya podéis pensar, y con no menos razon, que

también lo diremos de las normas e indicaciones que llegan al obispo del lugar

por parte de la Junta Nacional de Acción Católica, de los Consejos Nacionales de

las cuatro ramas o de sus filiales especializadas. Natural es, también, que esas

normas e indicaciones el obispo del lugar las haga suyas, pues los presidentes

de la Junta Nacional de Acción Católica, de las cuatro ramas nacionales y sus

filiales especializadas, gozan de toda la confianza y gratitud de la Iglesia,

son nombrados por la Conferencia de Metropolitanos en función de Junta Suprema

de la Acción Católica, y no cursan normasio indicaciones sin madura reflexión, y

en proporción de lo delicado de los asuntos, sin superior consejo; pero tales

normas o indicaciones no atan al obispo del lugar ni le libran de su personal

responsabilidad. Pues sólo tienen valor en su diócesis, repetimos.

EL CLERO DE PARIS, AUTORIZADO A PRESCINDIR DE LA SOTANA

La "Semaine Religeuse", de París, de fecha del 30 de junio, publicó una

disposición del cardenal Feltin por la que autoriza al clero de su diócesis a

prescindir de la sotana. Podrán vestir de negro o gris oscuro, con alzacuello

romano.

Después de explicar las razones que acónsejan esta autorización, la parte

dispositira de la ordenanza dice:

"Artículo primero. — En la diócesis de París el hábito eclesiástico es

la sotana. El vestido a lo "clergyman", negro o gris oscuro, con alzacuello

romano, como signa distintivo de clérigo, queda autorizado.

Artículo segundo.—En la elección del hábito eclesiástico el clero deberá tener

muy en cuenta la opinión de los fieles y las necesidades pastorales.

Artículo tercero.—La sotana es obligatoría en la iglesia y en los actos

culturales.

Artículo cuarto.—El vestido civil queda absolutamente prohibido a los clérigos,

salvo autorización personal escrita del ordinario del lugar de origen o del

lugar de residencia.

Artículo quinto.—Los artículos 33 y 35 de los estatutos sinodales quedan

derogados y sustituidos por las disposiciones de la presente ordenanza.

Artículo sexto.—La presente ordenanza entrará en vigor a partir del primero do

julio de 1962."

Cada prelado decidirá en su diócesis si debe seguir o no el´ejemplo´de París.

puesto que él las hace suyas, y sólo porgue él las hace suyas. El responsable,

pues, es el obispo del lugar.

Recalcamos esto, amadísimos hijos, porque no son pocos los que creen, aun

buenos católicos, que las normas e indicaciones nacionales de la Acción Católica

son del estilo de las normas e indicaciones que les llegan a los señores

gobernadores civiles del Poder central. No. Los señores gobernadores civiles, al

llevar a cabo esas normas obedecen a su superior. El obispo del lugar, al llevar

a cabo las que él recibe, si no provienen del Vicario de Cristo en la Tierra o

de las Sagradas Congregaciones que le representan, se obedece a sí propio: es

decir, las lleva o no a cabo en su diócesis, según el Señor le inspire, no por

imposición de ningún superior. No queremos terminar este punto referente a la

soberanía c independencia de la Iglesia, tan luminosamente expuesto por León

XIII, sin recordaros que ésta no deja de decir a sus hijos el error en que

incurren y el mal que le hacen al pretender enfeudarla en sus preferencias

terrenas, dé regímenes o Gobiernos, y de la injusticia que cometen y del mal que

hacen al creerla enfeudada en los regímenes o Gobiernos que prefieren los otros.

No achaquéis jamás, amadísimos lujos, pues incurriríais en ese error y en esa

injusticia, a polarización terrena ni las palabras, ni la gestión de quien,

sucesor de los ´Apóstoles, sólo tiene de mira el suspiro del Padre, Nuestro.

"Venga, a nosotros tu reino" ; reino que no es de este mundo, pera que en este

valle de lágrimas empieza y en él se gana, pues la corona inmortal de la otra

vida es premio del cumplir la voluntad de Dios en la tierra, como los ángeles la

cumplen, en el cielo.

MUTUO APOYO DE LA IGLESIA Y EL ESTADO

11} Concordia y no separación de la Iglesia y el Estado en España.

No es un ideal en sí la separación de la Iglesia y del Estado. No es conforme a

la recta rasan ni a la enseñanza, de la Iglesia. La separación de la Iglesia del

Estado podrá ser, como mal menor, solución forzosa en naciones de distintos

credos o de credo católico-muy débil. Ideal en sí, conforme a la recia rasan y a

la enseñanza de la Iglesia, es la concordia entre ambas soberanas e

independientes potestades; y cuanto más cordial sea ella, más ideal será. La

razón es clara: el Estado, gerente del bien común, que es el bien de la

colectividad en cnanto redunda en bien de todos y cada tino de los ciudadanos de

ella, tiende directamente a lograrlo. Pero tiende indirectamente con ello a.

poner a cada ciudadano en la mejor ocasión para cumplir el plan de la

Providencia Divina, sobre sí. La Iglesia, maestra en sus lides de las enseñanzas

de Jesucristo y madre santificadora de las almas, tiende directamente al

cumplimiento de ese plan de la Providencia Divina por cada fiel; pero ilustrando

las mentes con las verdades de la fe y robusteciendo las almas con la virtud

tiende indirectamente a que sean sus fieles los mejores ciudadanos del Estado,

los mejores concurrentes al bien común. Esas dos funciones, pues, no sólo no se

oponen, no sólo no se estorban, sino que mutuamente se ayudan y apoyan. Obran

las dos soberanas c independíenles potestades sobre los mismos sujetos: fieles y

ciudadanos; el Estado, en función directa del bien terreno; la Iglesia en

función directa del bien espiritual y superior: concurriendo, cada una, por su

parte, al fin de la otra. Justo es que la Iglesia y el Estado, no sólo para

editar invasión en campo ajeno, sino para, hacer más eficaces los esfuerzos,

concuerden entre sí y no se separen como dos fuerzas que mutuamente se

desconocen o que, tienen fines opuestos. A esa concordancia tendió siempre

España y esa concordancia esta en vigor al presente.

Merced a la conclusión del Concordato establecido por ambas soberanas c

independieres potestades. El Vicario de Cristo en la Tierra tiene como

representante y transmisor suyo, y auténtico de su vos en la interpretación del

Concordato a su nuncio en España. Ninguna de las dos soberanas e independientes

potestades se puede salir de su diócesis. No fallan quienes, aun con el deseo

sincero de servir a la Iglesia, desearían que ésta se mostrara parte en cosas

que no son suyas, ya en pro ya en contra de ellas. Otros desearían que en la

defensa de su misión o del derecho natural, del cual es la Iglesia, intérprete

auténtico, se proyectara ella con dureza y no con la caridad que Ie es

propia. Más de una vez hemos oído impresiones de esta suerte, aun de labios

católicos: ´´¿Por qué no habla la Iglesia? Otros, sin pensar las

palabras, dicen; "Si los curas que mandan en España hablaran..."

LA IGLESIA, AJENA A TODO "CLERICALISMO"

La verdad es, amadísimos hijos; Primero, que ni los curas mandan, ni quieren

jamás •mandar en España, ni en ninguna parte, sino en el terreno de su misión

divina y no en otro; segundo, que la Iglesia de España habla: a) Por las cartas

pastorale. de los obispos, b) Por los documentos colectivos expresivos, claros y

prudentes que llevan la firma de la Conferencia de Metropolitanos y el "placel"

virtual de los obispos de lugar; y en esas cartas pastorales y en esos

documentos colectivos la Iqlesia de España no ha dejado de hacer llegar su voz a

la otra soberana e independíenle potestad. Para que su doctrina general o

social, no sólo en los principios generales, sino en las aplicaciones concretas,

aparezca clara en la gestión de esa potestad y en las disposiciones legales. c)

Que la Iglesia, ajena del todo a "clericalismos", es decir, ajena del todo a

meterse en técnicas políticas, sociales y económicas, cree que no es de su

incumbencia, sino de las de los regímenes, Gobiernos y ciudadanos, todas

aquellas cosas que Dios ha dejado a la Ubre disputa de los hombres. d) Es más:

cree que la prudencia y la oportunidad política de las aplicaciones concretas de

su doctrina social, sin negar jamás ni nublar siquiera la luz de esa doctrina,

no son cosas suyas; son cosas de los ciudadanos, son cosas del gerente del bien

común, que es el Estado, e) Que la Iglesia habla y escribe con la delicadeza y

cariño de mía madre a sus hijos; sin ira, sin acritud, con cariñosa,:

comprensión para todos, sin estridencias de voz, sin airear asuntos que se

pueden resolver en "familia"; atenta, sin embargo, a evitar por cuanto puede el

escándalo de los débiles ante una presunta mudes o cobardía. f) Que la Iglesia

no sólo no dificulta a los fieles el cumplimiento leal de los deberes de

ciudadanía, sino que los empuja a él, no teniendo por buenos hijos a los malos

ciudadanos, a los no cumplidores de las justas leyes sociales y fiscales, a los

que por cobardía, por pereza, por retraimiento egoísta dejan de intervenir en el

gobierno de la cosa pública, en esas determinaciones concretas de la técnica

política, social y económica que pide la ciudad o la patria. Siempre dentro del

acatamiento a la autoridad legítimamente constituida, a la deferencia a las

justas leyes, la Iglesia deja a sus hijos que piensen y actúen como mejor les

parezca para el bien común, según su leal saber y entender. Ella sentirá que sus

hijos, en la gestión ciudadana, sufran y sufrira con ellos, y hará por ello,

como madre, cuanto pueda; pero no se mostrará jamás parte en asunto que no es de

su incumbencia. Se mostraría parte si sufrieran los fieles por la defensa de la

fe, por la defensa de la moral, por lo que es en ella intransferible. Es decir,

se mostraría parte si la otra soberana e independiente potestad locara, como se

dijo un día, al altar. De otra suerte, no.

GRATITUD DE LA IGLESIA AL NUEVO ESTADO

C) Gratitud de la Iglesia en España a los regímenes y Gobiernos, que no se han

opuesto a su divina misión, y más aún a los que le ayudaron y ayudan a llevarla

a cabo.

Dando un vistazo atrás vemos que cuando terminó la Monarquía la Iglesia, no

enfeudada, como decimos, en ningún régimen, acató lealmente el de la República

para seguir en la misión que Jesucristo le

encomendara, pero en la carta pastoral del más eminente representante de la

jerarquía eclesiástica en España no dejó de elevarse en aquellos días un canto

de reconocimiento a aquel régimen multisecular, que a través del tiempo había

hecho tanto en pro de la misma, le había ayudado tanto a cumplir su divina

misión y a alumbrar un nuevo mundo al amor del Evangelio. La Iglesia, maestra y

ejemplar de todas las virtudes, guarda imperecedera gratitud a la Monarquía

española. No nos extendemos en detalles por no hacernos harto prolijos, y porque

estos detalles viven aún en el re-cnerdo de todos. Acaló lealmenle la Iglesia,

como decimos, a la República y siguió su misión santificadora en ella, tanto

como la tristeza de los tiempos le permitieron.

No fue la República la realidad de orden y de progreso que esperaban los que

preferían tal. Fue ella lo que fue. Tal vez nadie la juzgó con más justicia y

energía que los que, perdida la ilusión, esperaban "otra cosa," otra cosa". No

queremos poner de relieve la negrura de las- citas. Dio la ola de la persecución

una- corona gloriosísima de mártires a la Iglesia de España. La Iglesia mártir

agradeció con las palabras del supremo jerarca de la misma "a los restauradores

del orden" la ardua, la heroica misión que se habían impuesto, y tanto en la

guerra como después de la victoria no sólo no encontró en el caudillaje

oposición a su misión divina, sino que encontró aliento y apoyo de toda suerte

para llevarla a cabo. No sería la Iglesia en España justa y noble, aun siendo

ajena del todo a enfeudarse en regímenes en gobierno, si no elevara a diario una

fervorosa ovación a Dios por el Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos,

Su Excelencia don Francisco Franco Bahainonde, pues en él y en sus Gobiernos ha

encontrado y encuentra cordial cooperación para la mejor formación espiritual de

los españoles.

La- religión católica, enseñada en todas las escuelas y grados de la educación

nacional, desde la elemental a la universitaria; la legislación sobre el

matrimonio; los viejos Seminarios remozados y los otrás levantados de planta con

decoro, y sin lujo.

14 DE JULIO DE 1962. EDICIÓN

la reconstrucción de las parroquias derruidas por "a ceguera de la, persecución

y el levantamiento de tantas otras que urgían; la restauración de célebres,

monasterios, ¡éstas y otras son las benemerencias con la Iglesia en España, por

parte del régimen! No detallamos más, ¿Ideal? Si lo tiene sinceramente. de mira,

si examina sinceramente a lograrlo, loado sea Dios.

LA IGLESIA NO SE ENFEUDA EN NINGÚN RÉGIMEN

En resumen, amadísimos hijos. Primero: La Iglesia Católica nuestra Madre es

soberana independiente y perfecta. En el cumplimiento de su divina misión

dependen toda ella, y en todo, de su cabeza visible el Vicario de Cristo en la

Tierra, y no se enfeuda en ningún régimen y en ningún Gobierno.

Segundo: Ella depende, cada diócesis, del obispo del lugar, unido al Vicario de

Cristo en la tierra, y no tiene más superior que, él y y las Sagradas

Congregaciones Romanas, en los asuntos que él les encomienda.

Tercero: Ni el primado ni el arzobispo, metropolitano ni la misma Conferencia de

Metropolitanos , tienen jurisdicción sobre el obispo del lugar, ni le libran de

la responsabilidad personal de sus actos.

Cuarto: Las normas o indicaciones que no le llegan al obispo del lugar del

Vicario de Cristo en la Tierra o de las Sagradas Congregaciones que le

representan, sólo tienen valor para sus diócesis, si él las hace suyas y en

cuanto el las hace suyas. El obispo del lugar es, pues, el responsable, si se

dieran -un día rotes o malas inteligencias con la oirá soberana, e independiente

potestad; pero su prudencia es garantía de que ningún roce ni ningún

malentendido durara.

CONCLUSIONES

Primero. La separación de la Iglesia y el Estado no es un ideal en sí, ni es

conforme a la recta ni a las enseñanzas de la Iglesia. La concordia entre ambas

soberanas e independientes potestades trae ventajas a las dos: sin salirse, de

su propio campo. El Concordato concluido entre el listado español y la Santa

Sede detalla los asuntos convenidos. El nuncio de Su Santidad en España, es su

representante en nuestra Patria é intérprete del Concordato, como transmisor

auténtico de la voz de la Santa Sede.

Segundo. La Iglesia en España habla siempre como Madre por las pastorales de los

obispos de los lugares y por los documentos colectivos que, llevando

virtualmente el "placet" de los mismos, aparecen firmados por la Conferencia de

Metropolitanos.

Tercero. La Iglesia en España, ajena como tal a las técnicas políticas sociales

y económicas propias´ de regímenes y Gobiernos, no ha dejado ´de decir a los

fieles que en calidad de ciudadanos no se retraigan y actúen, salvo la-

integridad de la fe y la moral, con toda libertad y como Dios les inspire en

todas las cosas dejadas por El a la libre disputa de los hombres.

La Iglesia, en España guarda, imperecedera, gratitud a los regímenes que, como

la Monarquía,-no se han opuesto a su divina misión y la han apoyado y apoyan,

como el presente.

Sólo nos queda, para terminar esta carta, repetir las palabras que cada, día

decimos los sacerdotes, en España: "A tu siervo, Señor, el Caudillo, Francisco,

con el Ejército y el pueblo, que le has encomendado, líbrale de toda,

adversidad, da paz y bienestar a nuestros tiempos."

Fiat. Recibid, amadísimos hijos, nuestra más cordial bendición. Valencia, 24 de

junio. Fiesta de la Natividad de San Juan Bautista, de 1962. Marcelino,

arzobispo de Valencia,."—Mancheta.

 

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