Libertad religiosa. Debate en las Cortes. 
 Aprobado el artículo 1º     
 
 Pueblo.    04/05/1967.  Página: 7,9. Páginas: 2. Párrafos: 52. 

DEBATE EN LAS CORTES

LARGAS DISCUSIONES!

O Sobre los limites de la práctica pública y privada de cualquier creencia 2.

Sobre la discriminación entre la religión verdadera y las demás.

El clima de interés y expectación con que nació el debate sobre el proyecto de

ley de Libertad Religiosa, se mantuvo en las sesiones de ayer.

A las 10,25 hay ya procuradores en el salón. Esta, tal vez, será recordada como

una de las sesiones con asistencia más numerosa.

Antes de comenzar la sesión, Fernando Herrero Tejedor, por la ponencia, se

acerca a la mesa de los periodistas. .Les saluda. Habla con ellos y les pide un

periódico. «No he tenido tiempo de ver ninguno esta mañana, ustedes tendrán...»,

pero en la mesa de los periodistas no había ningún periódico...

11,45.—Toma asiento en la presidencia de la comisión, don Joaquín Bau. Le

acompañan los miembros de la ponencia y el secretario de la comisión, marqués de

Valdeiglesias. Antes de entrar en el debate, el barón de Cárcer hace un ruego en

nombre de los procuradores de provincias: suspender las sesiones, a la vista de

la festividad de hoy, la Ascensión del Señor, durante viernes y sábado.

Gentilmente el señor Bau accede: «Nos esperan largas jornadas_ de trabajo —dice—

, pero es justo atender este ruego de los compañeros que no residen en Madrid.

Por tanto, la comisión, que no tendrá horas limites para su trabajo de hoy, se

reanudará el lunes a las diez y media de la mañana . Los señores procedentes de

provincias asientadas a las palabras de costumbre y alguno de ellos le envía con

la mano un gesto de gratitud.

• EL BIEN COMUN NACIONAL

Antes de entrar en el debate, el señor Herrero Tejedor, en nombre de la

ponencia, dice que el día anterior quedó por decidir la rúbrica del capítulo

primero, sobre el que el señor Lamo de Espinosa solicitó proponer a votación una

enmienda. El señor Herrero Tejedor dice que la ponencia mantiene la rúbrica

propuesta —«Del derecho civil a la libertad religiosa»—, y la comisión acuerda

unánimemente que así se refleje en el texto definitivo.

El debate lo abre el señor Barcena. Insiste en que en el apartado segundo del

artículo primero que se está estudiando se incluya, además de los establecidos

por las leyes —al referirse a las limitaciones—, el bien común nacional, como ya

había pedido don Blas Pinar.

Don Blas Pinar tiene ahora la palabra. La utiliza en esta su primera

intervención de hoy durante trece minutos. Todas sus palabras, para insistir, en

un resumen, en la necesidad de la inclusión del término «bien común nacional».

El señor Coronel de Palma se alinea seguidamente en los mismos conceptos que su

antecesor en el uso de la palabra. «No concibo—afirma— por qué la ponencia no

quiere admitir esta declaración y no concibo en realidad —reitera— que no esté

concebida en el bien común.» Ruega que la ponencia considere la enmienda que

tiene presentada en el sentido de agregar el término «bien común nacional».

LIMITACIÓN DE LA LIBERTAD RELIGIOSA

Y la ponencia en la persona de don Fernando Herrero Tejedor habla a

continuación. Señala: «La ponencia no está cerrada a la admisión de cualquier

enmienda. La ponencia tiene un profundo sentido de la responsabilidad para que

este proyecto de ley tenga una posición y una línea de continuidad que no se

pueda romper.» Y luego dice: «Si en el proyecto de ley se incluye «bien común»

en las limitaciones, lo que haríamos sería desvirtuar claramente el concepto de

libertad religiosa.»

El señor Sanz Orrio se muestra partidario de la supresión, por estimarlo

innecesario el párrafo que se discute. En este criterio abunda el marqués de

Valdeiglesias, secretario de la comisión.

OBJETIVO DE ESTA LEY: DEFENDER LA UNIDAD RELIGIOSA

El señor Valero Bermejo estima que la noción «bien común» debe permanecer, y

que, por otra parte, debe limitarse la moción que el texto hace a la «creencia

religiosa», ya que supone una apertura demasiado vaga que puede amenazar la

unidad religiosa de España que es —dice— «el objetivo fundamental de esta ley».

«Los sustantivos suelen morir asesinados a manos de los adjetivos». Con esta

cruda frase gramatical comienza su intervención el señor Muñoz Alonso, que se

muestra partidario de no incluir la expresión «bien común».

El señor Fueyo Alonso estima que debe sustituirse la frase «creencia religiosa»

por la de «toda religión», porque «creencia religiosa» puede dar pretexto a

sectas aberrantes.

Interviene don Alfredo López. «En las intervenciones de los procuradores •—

afirmase observa que tratan de defenderse de la libertad religiosa. Son

posiciones diferentes, y por tanto, limitativas. Somete a la consideración de a

ponencia la posibilidad de prescindir de este párrafo y dejar la cuestión de los

limites j para el artículo segundo.

El señor Martínez Esteruela se hace eco de tres preocupaciones:

1. La referencia «a la garantía de la profesión y práctica de las creencias

religiosas» está contenida en la Libertad Religiosa general del párrafo

primero.

2. Debe ser clarificado el sentido de la palabra «leyes». ¿Se refiere a

leyes votadas en las Cortes o a la altamente jurídica general?

3. «Bien común» y «orden público» son conceptos jurídicos

indeterminados. El juez que aplique esta ley no podrá remitirse a la

declaración conciliar y tendrá que aceptar la interpretación tradicional

que se dé a estos conceptos en nuestro ordenamiento jurídico y

estas interpretaciones no son aplicables al sentido de esta ley de Libertad

Religiosa.

PRIMERA INTERVENCIÓN DEL ARZOBISPO DE MADRID

Se levanta a continuación el doctor don Casimiro Morcillo. Va a intervenir el

arzobispo de Madrid por primera vez. «He vacilado mucho sobre si debía o no

hablar — dice— pero me creo obligado a hacerlo para adarar los términos «bien

común» y «orden público» al decir de la pastoral conciliar.

«El derecho de libertad religiosa se ajustará a las exigencias del bien común si

respeta el orden público que es parte del • bien común. El orden público

consiste en la tutela eficaz del derecho y en la pacífica compaginación del

misino, en la predicada paz pública que es la ordenada convivencia en la

verdadera justicia.»

El presidente de la comisión, don Joaquín Bau, concede una pausa de veinte

minutos a los señores procuradores.

Nuevamente hace uso de la palabra don Blas Pinar, que matiza la que es la

religión verdadera, que proviene de la revelación, es decir, la religión

católica. Señala que si su tesis no prospera en cuanto a la inclusión de «bien

común nacional», pide a la ponencia que se inviertan los términos en que está

redactado el número dos de este artículo primero para decir en vez de «pública y

privada», «privada y pública», señalando también que las limitaciones al

ejercicio de la libertad religiosa deberán quedar taxativamente implícitas que

son las que le impongan las leyes y el bien común nacional.

© LA PRESIDENCIA RUEGA BREVEDAD

La presidencia interviene l´ara señalar a los señores procuradores que ha sido

generosa en cuanto al uso del tiempo. Les recuerda la brevedad y concisión en

sus intervenciones.

También dice el señor Bau que la presidencia «considera necesario alterar el

orden de las intervenciones para conceder la palabra a la ponencia», en nombre

de la cual habla ahora don Roberto Reyes Morales.

El señor Reyes propone una nueva redacción, en nombre de la ponencia, al

debatido apartado segundo del artículo primero. Esta nueva redacción es la

siguiente:

«El Estado garantiza la profesión y práctica privada y pública de cualquier

religión, con las limitaciones establecidas en el artículo segundo de esta ley.»

Antes de que sea sometida a votación, la presidencia concede la palabra a los

señores Cotoruelo y Lamo de Espinosa, como también al señor Coronel de Palma.

® APROBADO EL APAR-TADO SEGUNDO

A ellos contesta el señor Reyes Morales y, por último, se somete a votación la

nueva redacción dada por la ponencia, que es aprobada, con sólo tres votos en

contra, en la forma siguiente:

«La profesión y práctica privada y pública de cualquier religión será

garantizada por el Estado, sin otras limitaciones que las establecídas por el

artículo segundo.»

El primitivo texto de la ponencia decía,:

«Será garantizada la profesión y práctica pública y privada de cualquier

creencia religiosa, sin otra limitación que las establecidas por las leyes.»

En el momento de entrar a discutir el número tercero de este primer artículo es

la una y treinta y cinco, En la sala de sesiones de la comisión hay 54

procuradores.

Don Joaquín Bau concede la palabra al señor Matéu de Ros.

Se pasa a continuación al estudio del párrafo tercero del artículo primero. La

ponencia lo ha redactado así:

«El ejercicio del derecho a la libertad religiosa ha de ser compatible, en todo

caso, con el especial reconocimiento atribuido a la Iglesia Católica en el

ordenamiento jurídico español.»

Todas las enmiendas presentadas insisten en que se incluya en el párrafo una

fórmula afirmativa de que la Iglesia Católica es la única verdadera. En este

sentido se pronuncian los señores Barcena, Coronel de Palma, Pastor Nieto, Tena

Artigas, Lamo de Espinosa, barón de Cárcer, y Gómez de Aranda. Entre los textos

citados, en apoyo de sus intervenciones, están el artículo segundo de la ley de

Principios del Movimiento y el párrafo primero del artículo sexto del Fuero de

los Españoles.

LIMITACIONES TAMBIÉN PARA LA IGLESIA CATÓLICA

El señor Muñoz González pide que se traslade este párrafo al artículo segundo.

El señor Matéu Je Ros intervino intensamente para que ello afecte no sólo a las

religiones acatólicas, sino también a la católica.

«Los privilegios que se concedan a la religión católica pueden ser aprovechados

por ciertos grupos o asociaciones católicas para la consecución de fines no

permitidos.»

La última intervención de la mañana está a cargo del barón de Cárcer, el cual

dice que «lo que pedimos es que en este momento aquí, que se va a conceder a

todas las religiones una amplia libertad, lo que pido —reitera— es que se

reconozca también el privilegio que tiene la religión católica». Como se ve, es

una postura antagónica a la del señor Matéu de Ros. El barón de Cárcer termina

diciendo: «La declaración de este privilegio es total y absolutamente

democrática, ya que la religión católica "es la de la total mayoría de los

españoles, y en un régimen democrático el pensamiento y la decisión de la

mayoría es siempre la que vence.»

A las 14,35, don Joaquín Bau, presidente de la comisión, levanta la sesión.

SESIÓN DE LA TARDE

La sesión de tarde se acre con la defensa de las enmiendas presentadas al número

tercero del articulo primero. Tenían presentadas ios señores Matéu de Ros,

Barcena, Coronel de Palma, Nieto García, Tena Artigas. Muñoz González, Mangiano,

Lucas Oriol, Pinar, Gómez Aranda y Villegas Girón.

Pon Joaquín Bau concede la palabra a don Blas Pinar.

«Decíamos esta mañana —dijo—que la ley no debe ser discriminatoria.» Pausa de

menos de un segundo, para continuar: «Creo que sí, que debe ser discriminatoria,

que algún reflejo positivo debe quedar en el texto por razón de un principio

fundamental de justicia, que si exige que a cada uno se le dé lo suyo no quiere

decir que a todos se les dé lo mismo, A la religión católica no se le concede su

plenitud de derechos no por el respeto a la dignidad humana, sino por ser la

verdadera.»

• LA LIBERTAD RELIGIOSA, COMPATIBLE CON LA CONFESIONALIDAD DEL ESTADO

Sitúa ahora sus palabras en un nuevo punto de arranque, en lo que califica de

plataforma de despegue para esta ley: el artículo sexto del Fuero de los

Españoles, que reconoce la confesionalidad del Estado. «Por eso —dice ahora— el

derecho a la libertad religiosa, de acuerdo con la dignidad humana, tiene que

ser compatible, clarísimamente compatible, con la confesionalidad católica del

Estado. Y propongo—levanta en su mano derecha el breve espacio de una blanca

cuartilla—esta enmienda «in voce» al número tercero del artículo primero: «El

ejercicio del derecho que regula esta ley y la profesión y práctica privada y

pública de cualquier religión ha de ser compatible, en todo caso, con la

confesionalidad del Estado, y con los derechos que a la Iglesia católica, como

única y verdadera, se reconocen en el ordenamiento constitucional español.»

A ruegos del señor Bau, de la comisión, deposita el texto de la enmienda en la

mesa de la presidencia.

Habla ahora el señor Villegas Girón. Tiene presentada enmienda. La mantiene en

sus términos literales y dice que en el texto de la ponencia, ;>se incluye un

concepto enormemente confuso —el de la compatibilidad—, que califica, al

referirse al sentido que le ha dado la ponencia como declaración inoperante e

inoportunas.

Seis de la tarde. Termina aquí la defensa de las enmiendas. Se va a proceder a

conceder la palabra a los señores procuradores que la tienen pedida», anuncia el

presidente don Joaquín Bau que, cordial, vuelve a recordar ante la facundia de

los señores procuradores: «Por favor, señores procuradores, no lo tomen a

descortesía, pero concreten, resuman, el tiempo corre y el tiempo se gasta...,

la presidencia ha sido generosa con la concesión de tiempo..., recuerden esta

cordial advertencia».

Es ahora el señor Cotoruelo, el que pasa a usar su derecho a la palabra. Asi, no

somos más o menos católicos para afirmar la condición de verdadera de la

religión católica. Considero innecesaria y nasta inoportuna esta declaración La

declaración, aun siendo dogma, dicha aquí, resultaría dogmática. Creo que esta

declaración carece de operatividad y su eco internacional no debe despreciarse.

Don Carlos Pinilla consume ahora su turno. «Creo que con la mejor buena fe se

está desorbitando todo.

Se nos pide el que dictemos una norma para que los españole´ que viven a

extramuros de la religión católica puedan ejercer su derecho. Libertad, sí, para

el que con buena fe quiera practicar, ejercitando un derecho, su religión; pero

también prudencia, señores procuradores; prudencia que aconseja que no se nos

pueda introducir nadie.»

Entre los que opinan que la afirmación «religión verdadera» debe ser insertada

en el artículo primero y los que opinan lo contrario, el señor Valero Bermejo

ofrece la solución de incluirlo en el preámbulo del proyecto.

El señor Fueyo se levanta. ¿A qué libertad religioso nos ´´estamos refiriendo

aquí?» —se pregunta. El señor Fueyo repasa las diferentes concepciones de

libertad religiosa a través de la historia: doctrinas humanistas, iluministas y

textos constitucionales actuales. «La libertad religiosa que estas Cortes pueden

aprobar es la fundada teológicamente, es decir, fundada en la declaración

conciliar. Por otra parte, no cabe olvidar que la religión es también una forma

de integración política».

El señor Herrero Tejedor, ponente, responde a los enmendantes. «El juicio de

valor respecto a la veracidad de la religión católica —comienza diciendo— está

expuesto en las normas constitucionales y es ahí justamente donde encuentra su

sitio exacto. La ponencia se muestra de acuerdo a que la afirmación de la

veracidad sea Incluida en el preámbulo. Lo qup intenta el párrafo tercero no es

afirmar la veracidad de la religión católica, que ya está afirmada, sino

conjugar la libertad religioso con el hecho de la confesionalidad del Estado

español».

OTRA INTERVENCIÓN DE BLAS PESAR

Interviene una vez más el señor Pinar, y sus palabras daran lugar a ciertas

protestas de algunos procuradores. «Hay que ser consecuentes — comienza

diciendo—. Si se estima que la afirmación de veracidad de la Iglesia Católica no

debe incluirse en este articulo, también puede pedirse 3ue sea derogado el punto

secundo de los Principios del Movimiento. Hay que ser dogmaticos puesto que

nuestra religión es dogmática. Si en esta ley no decimos que la Iglesia Católica

es la única y verdadera, daremos la impresion de que empezamos a dudar de esa

veracidad. Basados en la doctrina teológica, es preciso afirmar en el texto de

la ley la confesionalidad y la veracidad de nuestra religión.» E: señor Pinar

prosigue con su ametralladora dialéctica: «No nos debe pesar la presión

internacional. No hay pueblo mas despreciable que el que realiza una política de

mendicidad, implorando a sus enemigos. El protestantismo busca en esta ley su

revancha. No soy partidario —finaliza diciendo el señor Pinar— de 1levar la

afirmación de veracidad al preámbulo, porque éste no tiene fuerza legal.»

En breve intervención, el SE ñor Domínguez pide que se sustituyan las palabras

«Iglesia Católica» por «religión católica».

Los señores Martínez Esteruelas y Matéu de Ros se muestran conformes con la

redacción dada a este párrafo tercero por la ponencia.

CATÓLICOS CATÓLICOS Y CATÓLICOS TIBIOS.

Don Alfredo López, subsecretario de Justicia, defiende el artículo: «El

proyecto —dice— no ha nacido de una transacción, sino de un equilibrio entre la

unidad católica de nuestra Patria y la libertad religiosa.

Hacer desaparecer este párrafo sería grave, ya que éste constituye un reflejo

del artículo VI del Fuero de los Españoles. El campo de despegue al que se

refería el señor Pinar se parece más bien a un campo de permanencia. Lo que hay

que hacer es despegar. Esta tarde los procuradores van llegando a un tono tan

polémico que en algún momento parece que los que estamos de acuerdo somos unos

católicos tibios. Lo que importa realmente es la confesionalidad sustancial

definida en los Principios del Movimiento Nacional. Reiterar este principio no

es necesario.»

Otra lanza en defensa de la declaración explícita de la «confesionalidad del

pueblo español en el texto de la ley» la esgrime el barón de Cárcer: «Si en

muchas ocasiones —dice— se ha proclamado la confesionalidad del pueblo español,

lo que sería improcedente en otro tipo de leyes lo considero conveniente, y no

puede molestar a nadie que se declare aquí. A toda libertad hay que poner un

límite, para que no sea abuso; por eso ese límite lo considero necesario. Pido

se declare y refuerce la protección oficial a la religión católica, que es la

del Estado, la del pueblo español.»

Una voz nueva se escucha ahora. La del procurador señor Zamanillo: «No pensaba

intervenir —anuncia que ya lo hará cuando se discuta la ley del Consejo

Nacional, de la que es miembro de la ponencia—.

pero lo hace —afirma— por las tremendas y grandes dudas que le han entrado al no

acabar de comprender las razones que se aducen a introducir dos palabras, sólo

dos palabras: "religión verdadera", en este número tercero del artículo

primero.»

La presidencia concede unos minutos de aplazamiento. «Lo ha pedido la ponencia»,

afirma don Joaquín Bau. Los cinco minutos son doce.

• QUEDA APROBADO EL APARTADO TERCERO

La campanilla presidencial llama al salón. Hay, como en la mañana, buen número

de procuradores. Son ahora más de cincuenta. «Se reanuda la sesión —dice don

Joaquín Bau—; tiene la palabra, en nombre de la ponencia, el señor Herrero

Tejedor»: «Aprovechando este momento de pausa en el debate, la ponencia, bueno —

se rectifica humorísticamente a sí mismo—. la "mini-ponencia", ha redactado un

nuevo texto al número tercero del artículo primero.» Lo lee: «El ejercicio del

derecho a la libertad religiosa, concebido según la doctrina católica, ha de ser

compatible, en todo caso, con la confesionalidad del Estado español proclamada

en sus Leyes Fundamentales.»

«¿Se aprueba?», pregunta el presidente. Y la rúbrica de un firme y sonoro

campanillazo deja aprobado el número tercero del artículo primero, con el voto

en contra del miembro de la comisión señor Arcenegui.

Y a continuación —ocho y veinte de la noche— don Joaquín Bau levanta la sesión.

--Hasta el proximo lunes a las diez y media, señores procuradores. (De Cifra.)

ESTO SE DISCUTIÓ

La comisión de los Cortes que estudia el proyecto de ley sobre libertad

religiosa discutió, en las sesiones de la mañana y de la tarde de ayer, los

apartados segundo y tercero del articulo primero propuesto por la ponencia con

el siguiente texto:

1 «El Estado español reconoce el derecho a la libertad religiosa, fundado en la

dignidad de la persona humana, y asegura la protección necesaria para que nadie

sea coaccionado ni perturbado en su ejercicio legítimo.

2 Será garantizada la profesión y práctica pública y privada de cualquier

creencia religiosa, sin otros límites que los establecidos por las leyes. 3 El

ejercicio del derecho a la libertad religiosa no tendrá más limitaciones que las

derivadas del acatamiento a las leyes, del respeto a la religión católica,

profesada por la mayoría del pueblo español, y a las otras confesiones

religiosas; a la moral, a la paz y a la convivencia públicas, y a los legítimos

derechos anejos como exigencias del orden público.»

Tras largas y apasionadas discusiones, ayer quedó aprobado el artículo primero

del proyecto de ley sobre libertad religiosa, que, en sus tres apartados, queda

redactado de la forma que sigue:

1 «El Estado español reconoce el derecho a la libertad religiosa fundado en la

dignidad de la persona humana, y asegura a ésta, con la protección necesaria, la

inmunidad de toda coacción en el ejercicio legítimo de tal derecho.

2 La profesión y práctica privada y pública de cualquier religión será

garantizada por el Estado, sin otras limitaciones que las establecidas

en el articulo segundo.

3 El ejercicio del derecho a la libertad religiosa, concebido según la doctrina

católica, ha de ser compatible en todo caso con la confesionalidad del Estado

español proclamada en sus Leyes Fundamentales.»

ALGUNAS INTERVENCIONES

En la sesión de ayer por la mañana fue ampliamente debatido el párrafo 2 del

artícu1o primero, que decía así en el proyecto: «En consecuencia, será

garantizada la profesión y práctica pública y privada de cualquier creencia, sin

otros limites que los establecidos por las leyes.» Recogemos a continuación

algunos aspectos de las opiniones de varios procuradores:

BLAS PIÑAR

Propone en una enmienda que se agregue a los límites «los impuestos por el bien

común».

BARCENA

«No tenemos miedo a la libertad religiosa, sino a que nuestra unidad se vea

minada por un proselitismo perjudicial. Debemos mantener lo que ha sido nuestro

timbre de gloria: la unidad católica. La inclusión del término "bien común

nacional", dejará perfecto el proyecto en una también perfecta línea conciliar.»

MARQUES DE VALDEIGLESIAS

«El apartado segundo del artículo primero, que es lo que se discute, es una

explicitación innecesaria que vendría a enredar las cosas. En una ley tan

vidriosa como ésta debe de precisarse mucho, porque el Concilio cada cual lo

interpreta a su manera, y aquí estamos viviendo esa realidad. Mi tesis es

suprimir el párrafo, pero puesto a aceptarlo, estaría de acuerdo con Piñar en

añadir "el bien común".»

VALERO BERMEJO

«Lo que debemos defender aquí es la unidad religiosa española, haciéndola

compatible con el Concilio.»

MUÑOZ ALONSO

«No se trata aquí de bien común, sino de bien común nacional, como limitación a

la libertad religiosa. Y esta moción es contraproducente, porque hay muchas

verdaderas religiones fuera de la católica. (Protestas de algunos procuradores.)

Lo que ocurre, es que entre las verdaderas religiones hay una que es la

verdadera: la católica. Bien común nacional no es un concepto convincente, esto

puede dar lugar a pensar que otras religiones deben contar, y esto, en general,

no es cierto.»

DOCTOR MORCILLO

Lee textos conciliares y pontificios en los que se define y precisa «el bien

común». Sobre si se debe incluir o no en el párrafo sometido a debate, o incluso

suprimir ese párrafo, «es un asunto —dijo— sobro el que un obispo procurador no

tiene nada que decir. Son ustedes los que tienen que decidir».

CORONEL DE PALMA

«La religión católica no es verdadera porque lo declaren las Leyes Fundamentales

del Estado español.

Pero el Estado español sí es católico por ser el catolicismo la religión

verdadera. El Concilio mantiene en esto su doctrina tradicional. El Estado debe

proteger la religión verdadera» Y se debe declarar expresamente en este texto

legal el reconocimiento de la religión católica como única religión verdadera.

Esta declaración es perfectamente compatible con el reconocimiento del derecho

de libertad religiosa.»

BARÓN DE CÁRCER

«Vamos a hacer un favor, a conceder un derecho a una pequeña minoría. Pero no

vamos a ser tontos. La religión católica tiene unos privilegios. Nuestra

situación es privilegiada. Democráticamente somos la mayoría. Nuestros derechos

de católicos están respaldados democráticamente.»

Recogemos algunas de las intervenciones que se produjeron a lo largo de la

sesión de la tarde, durante el debate del número 3 del articulo primero.

BLAS PIÑAR

«Si esta ley ha de ser discriminatoria, creo que algún reflejo positivo debe

quedar en el texto de un principio fundamental de la justicia: dar a cada uno lo

suyo. Que no es dar a cada uno lo mismo. Por las mismas razones, a las

confesiones acatólicas, el derecho a la libertad sé le otorgará en virtud de la

dignidad humana, a la religión católica se le concederá esta plenitud de

derechos por ser la religión verdadera.»

COTORRUELO

«No somos más o menos católicos porque tratemos de afirmar la condición

"verdadera" de la religión católica. Me parece innecesario en este caso hacerlo

y además inoportuno. No debe olvidarse que a pesar de que la ley queda en las

fronteras de nuestro país, toda ley de libertad religiosa tiene un ámbito

supranacional.

Esto constituye un alarde de dogmatismo, aunque en este caso el dogma sea

verdadero. Si ocasionase algún beneficio, yo sería el primero en apoyarlo. Pero

creo que no tiene eficacia operativa. Cuando me refiero a esta universalidad, me

conduzco como católico. Afirmar que la religión católica es la verdadera, en un

texto legal, diría que es un "acto de provocación" a todas las personas de otras

religiones, que constituyen mayoría en el mundo.»

CARLOS PÍNULA

«Si alguien entrase al ámbito de esta sesión se sentiría sorprendido y se

preguntaría si estaba en una sesión de una comisión de las Cortes Españolas o en

una asamblea de carácter religioso. Todos los que estamos aquí somos católicos.

Pero parece que tenemos la obsesión de dejarlo dicho. De la misma manera que

España no dejó de ser católica cuando así se dijo desde el banco azul, ahora no

lo será más porque lo fijemos en el texto de esta ley.

Sin embargo, no permitamos que al amparo de una libertad religiosa mal entendida

se cuelen los partidos políticos.»

VALERO BERMEJO

«Una interpretación equivocada puede hacer creer en la calle que aquí se está

revisando ese principio

segundo de los Principios Fundamentales, que es irrevisable. ¿Vamos a dejar que

el laicismo entre en todas las sociedades? No olvidemos que somos cabeza de un

mundo muy importantes el hispanoamericano, que nos sigue y continúa precisamente

en su vinculación a la religión católica.»

BLAS PINAR

«La revancha -del protestantismo se busca en todo momento y se está buscando

ahora. Lo peor que nos podría ocurrir, para no merecer el respeto de los pueblos

que están pendientes de nosotros, es hacer concesiones a la galería. No hay

pueblo más despreciable que el que hace una política de mendicidad, implorando

la sonrisa de los enemigos».

(Varios señores procuradores: «¡Muy bien! ¡Muy bien!»)

MARTÍNEZ ESTERUELAS

«Yo creo que la expresión de confesionalidad del Estado, no ha salido jamás de

los libros de texto o los tratados de los especialistas. La fórmula utilizada

por la ponencia y el proyecto del Gobierno es, a mi parecer, suficiente. Si la

confesionalidad del Estado se puede traer aquí a colación es únicamente como

límite de la libertad religiosa.»

MATEU DE ROS

«Si cada vez que hagamos una norma tenemos que hacer una declaración de la

confesionalidad del Estado español, estas abundancias resultarían más bien

innecesarias. Sobre todo cuando esas declaraciones ya están hechas en leyes de

rango fundamental.»

ALFREDO LÓPEZ (subsecretario de Justicia)

«Se ha hablado aquí de reconocimiento de la religión católica y no a la Iglesia

católica. Siempre que el Concilio habla de religión, se refiere a la Iglesia

Católica de Jesucristo. No sería un paso acertado reconocer un derecho a la

religión católica y no a la Iglesia católica».

 

< Volver