Religión. Cardenal Tarancón, en Salamanca. 
 Todos los cristianos deben aceptar plenamente las directrices de la Conferencia Episcopal     
 
 Informaciones.    05/05/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

CARDENAL TARANCON, EN SALAMANCA:

«Todos los cristianos deben aceptar plenamente las directrices de la Conferencia

Episcopal»

SALAMANCA, 5. (INFORMACIONES.)—«Porque la Conferencia Episcopal es la, expresión

de todo el Episcopado, porque representa auténtica jr realmente al pueblo de

Dios de una nación, porgue su objetivo es precisamente buscar el mayor bien para

todas las Iglesias y no puede proponerse otro finalidad, que la de potenciad la

acción pastoral de las, mismas, la Conferencia tiene una autoridad moral única,

una fuerza extraordinaria en la orientación y en la realización de la misión

evangelizadora y merece, por tanto, de todos los cristianos la comprensión y la

aceptación plena de sus directrices», dijo en la Universidad Pontificia de

Salamanca el cardenal Enrique y Tarancón en un importante discurso pronunciado

en la clausura del simposio en dicha Universidad con representantes ilustres de

las diversas universidades católicas del mundo, sobre «Las Conferencias

Episcopales, hoy»

El cardenal, presidente Gs la Conferencia Episcopal Española, desautorizaba así

públicamente a los que pretenden desautorizar, tanto dentro de la Iglesia (entre

éstos se encuentra algún obispo) y en la sociedad civil, la doctrina y ¡os

mandatos de la Conferencia.

«Es curioso un hecno —dijo a este propósito— y, a mi juicio, muy "interesante.

Cuando la Conferencia de Metropolitanos no tenía el fundamento jurídico que

tienen actualmente las conferencias establecidas en el mismo Concilio, ni era

representativa del Episcopado, ejercía pacíficamente esas actividades de

carácter nacional con un reconocimiento, al menos práctico de todo, tanto de los

obispos —aunque algunos de ellos disintiesen de sus decisiones, pero siempre en

voz baja— como de la Administración del Estado, como de todo el pueblo de Dios.

Efe ahora precisamámente cuando el Concilio ha dado el espaldarazo dogmático-

jurídico a las Conferencias Episcopales, y éstas son auténticamente

representativas de todo el Episcopado, e incluso el Concilio les ha reconocido

una verdadera jurisdicción en algún sector pastoral, eJ litúrgico; es ahora,

digo, cuando surgen las reticencias, los recelos y hasta las «contestaciones»,

tanto en el campo estrictamente eclesial como en la sociedad.

Esto nos demuestra que si «I hecho de la existencia y de la autoridad de las

Conferencías Episcopales se lia puesto, al parecer, en litigio en estos últimos

tiempos, ño son siempre razones pastorales ni estrictamente eclesiales y ni aun

religiosas ías que lo explican.*

«Yo creo que la Conferencia Episcopal Española, después de unos años dé

«rodaje», ha llegado ya a su madurez, tanto alternamente como en el impacto que

sus documentos y decisiones hacen en la opinión pública. Efe verdad que nunca

quizá como ahora ha sido tan controvertida la Conferencia. Pero yo estoy

plenamente convencido de que los elogios y las críticas, las resonancias y los

silencios, las campañas que algunas veces se organizan contra la «nefanda»

Conferencia, y no digamos contra el pobre e inofensivo presidente de la misma,

son una prueba evidente de lo que estoy diciendo.»

«Kl cristianismo se encarnó tan perfectamente en nuestra Patria, que lo

religioso y lo patriótico quedaron íntimamente entrelazados, y lo sagrado y lo

humano, formando tradiciones y costumbres, influyeron notablemente en la misma

formación del carácter español. Aún recuerdo yo, en los años de República,

cuando se hizo ya clave y patente la persecución religiosa y alguien afirmó en

el parlamento que España había dejado de ser católica, aquel «slogan» tan

frecuente que todos admitíamos casi como dogma de fe. España no puede dejar de

ser católica sin dejar de ser España Esta realidad creó una conciencia

patriótico-católica o católico-patriótica que se había de escandalizar

necesariamente ante la declaración conciliar sobre «libertad religiosa» y que

hace muy difícil, aun ahora, la aplicación de las orientaciones del Concilio y

aun Ja marcha, aunque sea moderada, de la renovación, tanto interna como de cara

al mundo, que potenciada por el Concilio consideramos todos indispensable y

hasta urgente

EVOLUCIÓN

«España es una nación en evolución rapidísima y profunda. Tanto en el orden

económico, político y social como incluso en el religioso, se está iniciando una

.nueva era —una nueva sociedad— en la que la Iglesia no tan sólo tiene el deber

de seguir evangelizando, sino también el de influir positiva y eficazmente en su

estructuración para que sea fiel a los principios humanos y cristianos.

Ni en el orden sociopolitico ni en el orden religioso y eclesial que ahora nos

interesa, puede hacerse nada de provecho de cara a ese futuro inminente con

acciones esporádicas o con movimientos cerradas e insolidarios. Si en el orden

temporal el futuro será de quienes sean capaces de levantar una esperanza que

entusiasme a los grandes grupos de población, y especialmente a los jóvenes, en

el orden religioso y eclesial, tanto para determinar la postura correcta de la

Iglesia ante esa comunidad política con nueva filosofía, como para influir en su

misma estructuración present ando eficazmente los principios trascendentales —de

orden natural o revelado— que deben iluminarla, tan sólo se podrá conseguir

algún fruto con una acción conjunta y bien trabada de carácter nacional.»

DON FÉLIX MARTI, NUEVO PRESIDENTE DE PAX ROMANA

ROMA, 5. (EFE.) — El sociólogo español don Félix Martí, de treinta y siete años

de edad, ha sido elegido presidente del Movimiento Mundial de Intelectuales y

Estudiantes Católicos Fax Romana, en el vigésimo segundo congreso de esta

organización.

El nuevo presidente de Pax Romana, cargo en el que sustituye al matemático

francés Claude Picard, ha tenido activa participación en el XXII Congreso del

Movimiento de Intelectuales Católicos, al que han asistido 200 delegados de 45

patees.

el señor Martí es el cuarto presidente español de Pax Romana, cargo ai el que le

precedieron don Fernando Martín Sánchez-Juliá, don Ramón Sugranyes y don Joaquín

Rufe-Jiménez.

INFORMACIONES

 

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