Autor: Martín Descalzo, José Luis. 
   Bajo el signo de la reconciliación se abrió ayer la XIX Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española     
 
 ABC.    27/11/1973.  Página: 39. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY

BAJO EL SIGNO DE LA RECONCILIACIÓN SE ABRIÓ AYER LA XIX ASAMBLEA PLENARIA DE LA

CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA

Los prelados subrayaron con un aplauso la unión del Episcopado con el Papa y con

su representante en España

«QUE LA FE NO SEA NUNCA CAUSA DE DIVISIÓN ENTRE LOS ESPAÑOLES», DIJO EL CARDENAL

TARANCON EN SU DISCURSO

Clima sereno en la apertura de la XIX Asamblea Plenaria del Episcopado. El

ambiente de la casa de ejercicios del Pinar de Chamartin ha ido ganando en

sencillez a lo largo de las Asambleas. Y en la que ayer abrió sus puertas no se

registraba nada parecido a la tensión. Algún períodista que ayer por primera ves

acudía a las sesiones mostraba su asombro por el. aire de fraternidad y

sencillez ´de los obispos, por la falta de empaque del ambiente. «No tiene nada

que ver con lo que la gente se imagina´», decía.

Tampoco eran muchas las noticias. El aire de politización que se presentía en

semanas pasadas no aparecía por lugar alguno.

´En rigor —aparte del importante discurso´ leída emocionadamente por e*

presidente de la Asamblea— la única «noticia», lo único novedoso, que el aplauso

de todos los obispos —iodos sin excepciones visibles—al nuncio de Su Santidad,

cuando ayer su gestión fue cálidamente elogiada por el cardenal Tarancón. Son

parcos los obispos en aplausos. No recuerdo que en ninguna de las anteriores

Asambleas se interrumpiera el discurso del presidente para aplaudir. El cálido

aplauso a monseñor Dadaglio era por ello novedad.

Noticia también, en cierto modo, la progresiva apertura a la Prensa. El telón

del secreto comienza a convertirse en cortina de discreción, mantenido sólo el

secreto para lo que realmente deba serlo.

Hoy la crónica se reduce, pues, a resumir las muchas importantes cosas que el

cardenal presidente dijo en los quince folios de su discurso. Palabras a la vez

serenas y comprometidas, que ni esquivan problemas^ ni abren heridas. En ellas

parece resumirse —mejor que en ninguna impresión del periodista— el espíritu

déla Asamblea que ayer comenzó la obediencia & sus mandatos, sino la docilidad

absoluta a sus deseos e insinuaciones— se manifieste con toda claridad delante

de los fieles.

Y es de justicia —y cumplo al hacerlo un gratísimo deber— manifestar

públicamente nuestra gratitud a Pablo VI por las atenciones, las deferencias y

la confianza que nos ha manifestado en todas las ocasiones.

Más de una vez me he sentido hondamente conmovido en las distintas visitas —

largas y amistosas— que le he tenido que hacer por la amabilidad como me trataba

—amabilidad que iba dirigida a todo e! Episcopado— por la confianza que

manifestaba a nuestra Conferencia y hasta por la esperanza que me infundía

cuando, quizá, en algunos momentos por circunstancias especiales me sentía yo un

poco triste y acongojado. «Dominus conservet eum». " Y, ¿me perdonará el señor

nuncio que nos acompaña . si añado que el representante del Papa en España

facilita al máximo nuestra reconciliación y comunión con él -porque encontramos

siempre en sn trato una comprensión, un deseo de ayuda y.- sobre todo, un

corazón auténticamente pastoral que comparte perfectamente nuestras

preocupaciones de pastores y nos da aliento en nuestros desfallecimientos?

Dios se lo pague, señor nuncio, y puedo asegurarle que todos los obispos

españoles le queremos, le comprendemos y le agradecemos su sincera colabor.

—P. MARTIN DESCALZO.

 

< Volver