Autor: Martín Descalzo, José Luis. 
   No hay errores formales de doctrina en el Misal de la Comunidad     
 
 ABC.    17/01/1973.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

A B C MIÉRCOLES 13 DE ENERO DE 1973

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY

«NO HAY ERRORES FORMALES DE DOCTRINA EN EL MISAL DE LA COMUNIDAD»

"Los juicios emitidos contra sus autores suponen una difamación", dictamina la

Comisión encargada de su estudio

«No hay errores formales áe doctrina en el "Misal de la comunidad", ha

dictaminado la Comisión especial que, presidida por el obispo de Salamanca, fue

encargada de su estudio por la Comisión´Episcopal para la Doctrina de la Fe.

Esta es la conclusión fundamental de la nota publicada ayer por el Obispado de

Salamanca y que pone fin a un asunto en el que se ha sembrado inútilmente

confusión en algo que pudo´ resolverse —como de hecho se ha resuelto— con un

simple esfuerzo de diálogo.

Este «Misal de la comunidad» fue publicado en el pasado mes de julio por cinco

editoriales de reconocido prestigio —Regina, Paulinas, Marova, Propaganda

Popular Católica y Verbo Divino—, con la aprobación oficial del Obispado de

Salamanca. Los comentarios de los textos litúrgicos —debidos a los profesores

Maldonado, Floristán, Burgaleta, González Ruis, Pardo y González Núñes— trataban

de buscar un nuevo camino con un lenguaje vivo y un intento de hallar en los

textos litúrgicos respuesta a los problemas concretos que vive la comunidad que

ha de manejarlos. No trataban de ofrecer, como es lógico, una exposición

dogmática completa, en cada una de sus páginas —un misal no es un catecismo ni

menos un tratado de dogma—, sino de presentar sugerencias que avivaran la

meditación y la je de los fieles.

Muchas de sus expresiones eran mejorables e incluso discutibles; su misino

estilo no carecía de un culteranismo que dejaba mucho que desear como lenguaje

del hombre de la calle. Pero los mismos autores proyectaban una sucesiva

mejoría, de un libro que como el misal suele contar con fáciles reediciones.

Las protestas de algunos grupos hicieron que el presidente de la Comisión para

la Doctrina de la Fe, monseñor Castán Lacoma,. pidiera informes a algunos

teólogos sobre dicho misal. En el pasado agosto uno de estos teólogos

informadores •—sin que se hubiera reunido nunca la, Comisión Episcopal para

estudiar el problema— decidió publicar su informe en una revista yue lo presentó

con el alarmante título de «Un misal que pone en peligro la fe del pueblo´». El

contenido de este articulo fue repetida e insistentemente divulgado por una

agencia, nacional y recogido por algunos boletines episcopales. A todo esto, ni

se había reunido nunca, la Comisión Episcopal para, la ´Doctrina de la Fe para

estudiar este asunto, ni se había consultado ni comunicado nada a los autores y

editores del misal y ni siquiera se había, enviado .comunicación o informe

alguno al obispo responsable del imprimatur», el de Salamanca.

Este torpe procedimiento de acudir a la polémica pública sin haber realizado el

más mínimo intento de diálogo hizo que en la reunión celebrada el pasado 13 de

noviembre varios de tos miembros de ta Comisión Episcopal —especialmente

monseñores Méndez Asensio y Capmany— protestasen y pidieran que el asunto se

pusiera en manos del obispo de Salamanca, ofreciéndole los servicios de la

Comisión Episcopal, de sus expertos y de su Secretariado para, eH estudio de la

cuestión y la revisión ote unos textos que ni los mismos autores consideraron

nunca, intocables ni definitivos.

Llevada asi te cuestión a sus caucas verdaderamente eclesiales, el pasado día 13

se celebró la reunión de esta Comisión, presidida, por el obispo ae Salamanca,

el canonista, encargado asi Niñil Obstan, Lamberto de Echeverría, el director

del Secretariado de la Comisión Episcopal, don Luis. Martínez; los tres teólogos

y especialistas señalados por la misma Comisión Episcopal, profesores Muñoz

Iglesias, Espeja y García Suáres, junto con los autores y editores del misal. La

reunión fue tan fácil como era de prever y se encarriló por el canino del

diálogo, lo que se había enturbiado por el del inútil escándalo. Las

conclusiones de esta reunión quedan ´perfectamente reflejadas por la nota que,

aprobada por unanimidad por todos los reunidos, ha sido distribuida, por el

Obispado de Salamanca. Su texto integro dice así:

«En los locales de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y convocada

por el señor obispo de Salamanca, que tenía para ello un especial encargo de

dicha Comisión, se ha celebradlo el día 13 ana reunión para estudiar el asunto

del «Misal de la comunidad». .A la reunión, presidida por el mismo señor obispo,

han concurrido´ el director del Secretariado de la Comisión, las tres teólogos

gue últimamente habían dictaminado sobre el misal y los autores y editores del

mismo.

Todos los reunidos han lamentado los juicios vertidos en artículos y noticias

periodísticas, sin haber oído a ios autores acerca del contenido del misal,

estimando que, al no haber en la obra errores formales de doctrina, muchos de

esos juicios suponían una difamación de los autores hecha en condiciones tales

que se les privaba d« eficaz defensa. Y en este sentido elevarán un informe a la

Comisión.

El principal objeto d« la reunión, que se ha estimado plenamente conseguido, lia

sido establecer un clima de colaboración entre la representación episcopal, los

teólogos consultores de la Comisión y los autores, en orden a an

perfeccionamiento del misal. Está prevista ana nueva edición ya inminente en la

que se aspira a conservar en su integridad los valores positivos que tuvo la

primera y a aumentarlos incluso con más cuidada formulación de algunos extremos.

Se hace así una primera ¡experiencia, cuyo valor a nadie se ocultará, de

colaboración positiva, para lograr poner en manos del pueblo fiel un misal que

contribuya a enriquecer con sentido actual su fe y su vida liturgica.»

Junto a esta nota, que la Comisión aprobó por unanimidad, se elaboró un informe

a la Comisión «Episcopal para la doctrina de la fe. informe Que ha sido enviado

al presidente de la misma junto a una carta en la que el obispo de Salamanca

reitera su protesta por los procedimientos seguidos en este asunto, no

precisamente aptos para salvar la fe del pueblo aue se trata de proteger.—J. L.

MARTIN DESCALZO.

 

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