Autor: Luca de Tena y Brunet, Torcuato (MERLÍN; ABC). 
 La Rosa y la Espada. 
 Do ut des     
 
 ABC.    25/01/1973.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

25 DE ENERO DE 1973. EDICIÓN BE LA MAÑANA. PAG. 19. LA ROSA Y

LA ESPADA DO UT DES

Por Torcuata LUCA DE TENA

Muy grande era desde hace tiempo en los españoles de. arraigada conciencia

cívica y religiosa el desasosiego por ia inadecuación del vigente Concordato

entre la Iglesia y el Estado con las actuales realidades sociopolíticas de

nuestro país. El Concordato había envejecido. Su anacronismo no es menor «iue ei

de un pacto entre Sociedades Anónimas inspirado en el Fuero Juzgo.

E! documento, especialmente lúcido y confortador, de los obispos españoles, que

se hizo público ante ayer, merece, a pesar de su extensión, ser leído y meditado

ñor cuantos muchas veces, movidos de buena fe, pero sin un profundo conocimiento

del tem», emiten opiniones ligeras, erróneas o apasionadas. T Se éstas ha habido

no pocas, estos últimos años, entre clérigos y seglares.

- Reconoce el importante y clarificador documento 3a inactualidad del pacto:

«Somos conscientes de que el actual Concordato no responde a las necesidades del

momento.»

No pretende la declaración episcopal, y h> dice textualmente, «»« su contenido

sea interpretado como un» base d* negociación. Toda negociación exige ua

intercambio .de opiniones y de cesiones mutuas. Pero, lo cierto es que, aun

aceptada esta prudente aclaración, no hay duda tfe que el texto episcopal fija.

la posición de la Iglesia en los más importantes de los temas aue habrían de ser

debatidos en caso de una revisión concordataria. Y lo hace con claridad en la

forma, core prudencia y firmeza en el fondo, y con un alto sentido de la

realidad. No se trata de nn conjunto.de palabras improvisadas, sino de un

documento ampliamente meditado, tanto en su coatenido como en la forma,

acertadísima, de s-u exposición. Sea éste nuestro primer aplauso a sus insignes

redactores y nuestra gratitud como ciudadanos católicos: o, »ara precisar aún

más, como «ciudadanos» y como «católicos», ya que ambos términos no son uno y lo

mismo.

Sin pretender hacer una enumeración completa de las concesiones que la actual

legislación concordada otorga al Estado español y las «ue el Estado español

otorga a la Iglesia, el escrito episcopal se detiene con especial atención en

dos de ellas; 1.°. el llamado «privilegio de fuero», que el Estado concede a los

eclesiásticos tanto en las causas civiles como criminales, y Z", la concesión

aue la Iglesia hace al Estado (denominado «privilegio de presentación») por

virtud del cual es al Jefe del Estado español a auien corresponde presentar —

Ilega-do el momento de la designación de obispos— el nombre del candidato para

cubrir cualquier sede vacante o el del coadjutor con derecho a sucesión.

Recuerda el documento que el Concilio Vaticano II declaró solemnemente «aue el

derecho de nombrar e instituir a los obispos es propio, peculiar y de suyo

exclusivo de la competente autoridad eclesiástica».

Bien, pero lo cierto es gae a pesar de tan solemne declaración, la Iglesia misma

—como reconoce Justamente el -documento a que nos referimos— había concedido a

las autoridades civiles de algunos países católicos los derechos a intervenir

esa sus nombramientos. Y éste es precisamente el caso de España.

Recuerda a. continuación el .texto episcopal «ue la Iglesia «rogé con toda

cortesía» a los Estados que ¡rozaban de este privilegio de presentación a

renunciar espantaneamenté a él. Y esto es lo aue a nuestro juicio, por muy

cortés «jue- fuera la petición, el Estado español no podía hacer de ninguna

manera sin negociar las contrapartidas consig-uientes. Ya aue 1» intervención

del Estado em. el nombramiento de los pbispos españoles no se hacía por

«costumbre)» o «tradición», sino por un pasto coa la Iglesia, misma. Y entre tas

partidas aue compensaban este privilegio concedido por la Iglesia, al Estado

estaba natía menos a«e este otro concedido por" el Estado a la Iglesia: el

«Privilegio del Fuero», según el euai los clérigos y religiosos afectados por

causas civiles o criminales no serían .juzgados por los Tribunales ordinarios

como todos ¡os demás ciudadanos, sino por un Juez eclesiástico.

¿Que la Iglesia considera excesivo el privilegio de presentación de obispos de

que goza el Estado español? Pues el pueblo español considera excesivo el

privilegio del fuero concedido por el Estado a la Iglesia. Y no puede ni debe

cederse en la renuncia a lo primero sin la evidente contrapartida de la renuncia

a lo segundo. Pues bien, el doeníuenío episcopal dice textualmente: «L>os

obispos españoles, temeáado en cuenta que...» «subsiste ei&rto trato de favor

para los clérigos y religiosos esn relación de presuntos delitos no directamente

ligados con su misión de Ministros dsl Evangelio, jioa pronunciamos en favor de

la renuncia completa al mismo».

Dicho esto, consideramos que los escollos mas arduos i»ara la redacción de un

nuevo Conearttaío o para la renuncia mutua a ambos privilegios han sido

grandemente allanados por esta prudente declaracion del Episcopado de cuya

publicación debemos felicitarnos todos los españoles.

 

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