Autor: Rodríguez, Pedro. 
   El Opus Dei     
 
 ABC.    12/02/1964.  Página: 32-33. Páginas: 2. Párrafos: 17. 

ABC. MIÉRCOLES 12 DE FEBRERO DE 1964. EDICIÓN DE LA MAÑANA.

PAG. 32.

EL OPUS DEI

Por su indudable Interés, reproducimos los dos trabajos siguientes, aparecidos

estos días en sendos periódicos madrileños. El primero, bajo el mismo epígrafe

que hemos tomado al reunir-los y con el antetítulo "Sin rodeos", ha visto la luz

en las páginas de "Pueblo"; el segundo, firmado por don Pedro Rodríguez,

presbítero del Opus Deí, se ha publicado en otro diario vespertino: "El

Alcázar". Ambos, se complementan.

Decía "Pueblo":

Don Alheño Ullastres no 09 uno de esos ministros chapados a la moderna que

apenas tienen comunicación con la opinión pública y cuando lo hacen nunca pasan

la frontera donde más allá está el atrevimiento, la indiscreción ó la

imprudencia, riño, por el contrario, es na político muy clásico por la claridad

de sus intervenciones, el modo de dirigirse a las gentes y la intrepidez de

abordar cuestiones de tratamiento delicado.

En el último número de la revista "Blanco y Negro" aparece una carta suya al

"New York Times", en la que expone afirmaciones y razo* namientos para ´señalar

que el Opus Dei—asociación de fieles a la que pertenece don Alberto Ullastres—no

es nn grupo político. Otros miembros del mismo instituto han manifestado alguna

vez en los periódicos este error de suponer al Opus Dei interesado en la

política. La verdad es que en los últimos años se ha hablado mocho del Opus Dei,

y todo el mundo anda intrigado sobre esta organización; nos parece necesario que

ge hable de esto francamente en los periódicos y no fuera de ellos, al amparo de

la maledicencia o del rumor, porque nos interesa a todos librar la empresa

política española de una atmósfera de tenebrosidades o de agitaciones ocultas.

No debe pasar con el Opus Dei aquello que decía Rostand que sucedía con algunos

acontecimientos históricos, respecto a que se sabia la verdad sobre ellos cuando

ya no interesaban a nadie. La carta de Ullastres al "New York Times" en réplica

a un articulo de uno de sus comentaristas más importantes, Sulzberger, nos

parece el documento más diáfano que se haya podido hacer público sobre esta

cuestión.

"El Opus Dei—dice el ministro de Comercio—no tiene ni puede tener puntos de

vista políticos o sociales, económicos o culturales, judiciales o militares, y

sus miembros no tienen en sus opiniones y actividades más uniformidad, límites y

directrices que las que—como el resto de los católicos—les marca el dogma y la

moral de su Iglesia." A este respecto señala en la misma carta don Alberto

Ullastres que su propia gestión de ministro de Comercio es criticada por otros

miembros del Opus Dei. Esto es verdad. En algunas ocasiones hemos oído

disentimientos con la política del ministro de Comercio a cargo de personas

conocidas de esa institución.

Sin embargo, lo que sorprende a los españoles—desconfiados como pueblo viejo y

escaldado—es la aparición súbita e intensa del Opus Dei a través" de sus

miembros en organismos culturales, en empresas industriales, en entidades

bañcarias y en altos puestos de la Administración. A nosotros DO se nos ocurrirá

nunca decir que esto sea injusto, pues conocemos a muchos miembros del Opus Dei

y tenemos una alta estimación de su preparación, de sus cualidades y de sus

servicios. Pero ¿cómo han llegado a todos esos puestos destacados sin que

función* un aparato coherente? Se hace difícil suponer—aunque aceptamos sin

reservas la .argumentación del señor Ullastres—que individualmente o

aisladamente se pueda llegar a todas partes en bloque y en muy poco tiempo:

espectacularmente.

Él suceso anterior de llegada en masa a las funciones políticas—porque a otras

no arribaron en número convincente—estuvo a cargo de los falangistas históricos.

Pero la razón era bien clara. Nutrieron de combatientes y de ideales una guerra

y aspiraron a protagonizar la administración de la victoria. La vieja dase

política había sido aventada. Los falangistas tenían .nn aparato político

coherente que promocionaba los hombres públicos. Este movimiento se abriría

después para ponerse a disposición de la empresa política nacional, ensanchando

su base al mismo tiempo que se producían los acontecimientos normales de un

proceso constituyente que ya pertenece a la Historia. Vicente Marréro se ha

referido a todo esto en un libro atractivo, no acertado en todas sus páginas,

pero con una atmósfera de verismo en conjunto. –

Pero el ´Opus Dei alienta silenciosamente en la vida española muchos años—nace,

según parece, entre los años 20 y 30—, y nn día estalla en ministros,

catedráticos, banqueros,, economistas, investigadores y empresarios.-Todo esto

habrá sucedido por un designio providencial. Pero el hecho está ahí. Aparecieron

de la noche a la mañana unos hombres nuevos, sin tradición política, la mayor

parte sin servicios distinguidos en esa gran empresa de Ja guerra civil, de

donde surgió la generación política contemporánea. Muchos de ellos, como

decimos, poseen dotes sobresalientes de gobernantes y otros no tanto, como

ocurre en todos los movimientos, y todos ellos asegurara que no son políticos,

sino técnicos.

Creemos que fne Briand el que dijo aquello de que los hombres no necesitaban

entender a los políticos; son los políticos los que deben entender a los

hombres. Esta máxima la siguen al pie de la letra, y por eso a muchos de ellos

leí gusta Don Carlos III. No son políticos de abajo arriba, sino de arriba

abajo. Pueden ser liberales, pero no aspiran * ser demócratas.

En fin, no queremos que el tema del Opus Dei sea cuestión vedada o fruta

prohibida para los que tenemos la responsabilidad social del comentario

político. Ellos mismos no aspiran a que lo sea. No Lace mucho tiempo el

excepcional periodista y diplomático Manuel Aznar trató este mismo tema en "La

Vanguardia Española", de Barcelona, y todo esto nos lo ha sugerido ahora la

sugestiva carta de Alberto Ullastres que publica "Blanco y Negro".

UNA REALIDAD ESPIRITUAL

Decía "Él Alcázar":

"Me piden de "El Alcázar" urnas líneas sobre el Opus Dei con ocasión de un

artículo apa» recido ayer en "Pueblo". Una tranquila lectu-: ra de dicho

artículo—un "gallito"—me facilita el ordenar las ideas. La primera parte del

escrito afirma "sin rodeos", tomando ocasión de unas cartas de Ullastres a

"Blanco y Negro" y al "New York Times´], que el Opus Dei nada tiene que ver con

la política,´que sus miembros son libres en su actividad pública, etc. Todo

correcto. De pronto nn salto en el razonamiento, alguna reticencia y un

interrogante: ¿Cómo han llegado al "Poder" los hombres del Opus Deí? Y para

plantear el interrogante una comparación entre el fenómeno político de la

Falange y el Opus Dei. A partir de este salto y de esta comparación me doy

cuenta de que en el "artículo" no se ha entendido al Opus Dei: se contradicen

las dos partes, del mismo. De hecho ee politiza al Opus Dei. Exactamente lo

contrario de lo que señala la carta que da origen a su comentario.

Vayamos por partes. Las cosas quedan en ea punto cuando se considera al Opus Dei

como -es en realidad.

Y la realidad .consiste en que el Opus Dei es una asociación de fieles de la

Iglesia católica—una realidad espiritual—extendida por cincuenta y cuatro

países—una realidad universal en extensión—, de la que forman parte personas de

todos los niveles sociales, de todas las razas y profesiones—una realidad

universal en profundidad—, que tiene como fin promover la vida cristiana—una

realidad apostólica—en medio del mundo—una realidad .secular—.

Cuando una realidad como el Opus Dei se contempla en nn plano politice se atenta

a su naturaleza espiritual y se politiza. Entonces aparece como un fenómeno

político: se le considera español cuando es universal, se consideran unas

cuantas profesiones "brillantes" de algunos de sus miembros y se olvida a la

inmensa mayoría de sus socios: a los mineros, a los campesinos, a las madres de

familia, a las sirvientas, a loi maestros, a tas taxista»,

Comparar el Opus Dei y la Falange es maltratar* la naturaleza propia de arabos.

La Falange es una realidad política, el Opus Dei una realidad apostólica. Son

diríamos do» cosas heterogénea. Pertenecen a dos órdenes distintos. Son en

sentido estricto incomparables. Si »e comparan, el diagnóstico está viciado en

su base. La imagen que del Opus Dei se presenta después de ese análisis es en

rigor inexacta, falsa.

£1 Opus Dei, decía antes, es una realidad secular: ira miembros se consagran a

Dios, pero permanecen por vocación divina en medio del mundo. El que era

universitario sigue tiendo universitario; el qne era zapatero sigue eiendo

zapatero; el economista, economista; quien tenía vocación política sigue

adelante con ella. Eso que eran y signen siendo es lo que tienen que santificar:

su tarea profesional, BU vocación humana...

A partir de esta importante característica del espíritu del Opus Dei se resuelve

con una "decepcionante" sencillez el interrogante planteado en el artículo de

"Pueblo". ¿Que cómo llegan a la palestra pública loa hombres del Opus Dei?

Exactamente igual que todo el mundo. Igual que el minero pasa a capataz o que un

cajista llega a ser regente de taller o líder sindical. Viven en el mundo,

tienen vocación profesional y humana, les apasionan los problemas de su ambiente

y de su generación; tiene cada uno sus propias y libérrimas opiniones políticas;

están sometidos a la dialéctica de loa grupos sociales y políticos a loa que

cada uno pertenece...

¿Su historia militar en la guerra española? La de su generación: soldados,

alféreces provisionales—creo qne Ullastres es teniente—, etc.: un reflejo de la

vida española.

Cuando una generación pasa a ser generación rectora en un determinado país es

lógico qne haya miembros del Opus Dei en esa rectoría... Lo contrario seria,un

atentado contra la estadística, porque son muchos los miembros del Opus Dei. Y

cada uno llega a través de su noble actuación en el sector político al que

pertenece y al que sirve; los que son falangistas, a través de la presencia

política de la Falange. No hay misterio, sino claridad.

Y los que actúan en la vida pública son un pequeñísimo número en comparación al

conjunto de ana miembros, y lo hacen como todos los católicos: en el respeto

fiel a las directrices de la jerarquía eclesiástica. Cuando la jerarquía deja -

libertad a los católicos para colaborar con un régimen político o mantenerse

en,la oposición puede versé a miembros del Opus Dei que colaboran o están ´en la

oposición.

Por lo demás, la presencia de algunos hombres del Opus Dei en las tareas

políticas españolas es un fenómeno correlativo al de otras muchas asociaciones

dé fieles—A. C. N. de P. A. C. congregaciones marianas, cursillos de

cristiandad, etc.—, muchos de cuyos miembros han llena cío la vida política de

nuestro pala durante los últimos veinticinco años: Martín Artajo, ex presidente

de k Acción Católica y actual presidente de la A. C. N. de P.; Ruiz Jiménez,

presidente de Pax Romana y también miembro de la A. C. N. de P.; Ibáñez Martín,

Fernández Ladreda, etc., todos ellos ministros de diversos Gabinetes de Franco.

Y cuando éstos cesaron en «us cargos otros miembros de sus asociaciones fueron

llamados al servicio de la Administración.

Lo qne es el Opus Dei y lo que no es. Todo ello está clarísimo. Basta

informarse. Hay ya tanta cosa escrita... No es algo "novedoso" ´la carta del

ministro de Comercio. Y desde luego no es ni lo más diáfano ni lo más

autorizado. Ha habido tajantes declara dones oficiales del Opus Dei, algunas de

ellas reproducidas en el diario "Pueblo" —Pedro RODRÍGUEZ (presbítero del Opus

Dei).1*

 

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