Autor: RUY LÓPEZ. 
   El proyecto electoral de la oposición     
 
 Diario 16.    22/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

E1 proyecto electoral de la oposición

Ruy López

Durante mucho tiempo, el papel de la oposición ha sido en España el de censurar los proyectos y realizaciones del Gobierno. Cuando se le reprochaba este papel negativo, se olvidaba que se le estaba forzando a asumirlo, puesto que se le negaba toda participación en la vida política del país. Se fomentaba así una irresponsabilidad de la oposición, consecuencia de que no podía presentar planes concretos de actuación.

Parece que las cosas empiezan a cambiar en la nueva etapa política española: la oposición se ha visto forzada —y se le ha permitido— a elaborar proyectos concretos que puedan someterse a la critica de la opinión pública; son las servidumbres que tal circunstancia conlleva. Uno de los primeros pasos en esta dirección ha sido la publicación por la Prensa de las lineas fundamentales de un proyecto de ley electoral, elaborado por una comisión de la oposición para negociar con el Gobierno.

El proyecto muestra un considerable buen sentido, y una actitud razonable y previsora cara al futuro, huyendo tanto de una interpretación excesivamente favorecedora de los grandes partidos como sería un modelo tipo alemán— como de una Solución que fomentase un multipartidismo irresponsable. En este sentido, el proyecto de la oposición sigue una vía medía, reduciendo el porcentaje mínimo de votos exigíble para estar representado un partido en el Parlamento (frente al diez o quince por ciento de que se hablaba en la época de Fraga) a un 2,5 por 100, proponiendo, al mismo tiempo, un sistema de elección a doble vuelta para el Senado con el fin de fomentar asi las coaliciones. Se trata de un proyecto, por lo que conocemos, cuyas líneas generales muestran indudablemente un conocimiento de la realidad política española.

Ahora bien, no sólo el Gobierno ha de ser objeto de críticas, sino que el hecho de que la oposición haga propuestas supone también que las criticas han de volverse hada ella, al menos por parte de quienes so están sometidos a la disciplina de los partidos que la integran, Y, desde este punto de vista, cabe formular algunas objeciones al proyecto de ley electoral que, en sus grandes líneas, ha presentado recientemente la Prensa.

— En primer lugar cabe hacer alguna objeción a la propuesta de dos diputados como mínimo por

provincia. Como se ha indicado repetidamente, cuanto mayor sea el número de diputados "garantizados" a cada provincia, mayor será la preferencia electoral concedida a provincias poco pobladas, es decir, agrícolas y presumiblemente conservadoras: un organismo de claro matiz conservador pedía nada menos, hace poco, que cuatro diputados "garantizados" por provincia. ¿Qué razón hay para que la oposición no minimice, desde el principio, tal número, pidiendo que se reduzca a un solo diputado? Ello garantizaría».que ninguna provincia resultase sin un representante específico, ai mismo tiempo que eliminaría injusticias electorales.

— En segundo lugar, no se entiende por qué el proyecto no especifica que las listas de los partidos sean Moqueadas, de tal forma que no sólo no puedan incluirse candidatos de otras listas, sino que, además, sea intocable el orden en que los candidatos se presentan en ellas. Ello reforzaría la disciplina interna de los partidos, evitando luchas entre sus propios candidatos; disciplina, por otro lado, de la que, al parecer, no andan éstos sobrados, pero que es imprescindible para el buen funcionamiento de la maquinaría política.

— No se comprende bien por qué el porcentaje mínimo exigible ha de computarse a nivel de Audiencia Territorial. En primer lugar es falso el argumento de que las Audiencias Territoriales se correspondan con las regiones históricas. El País Vasco queda dividido entre dos Audiencias (Pamplona y Burgos), Castilla la Vieja en tres (Burgos, Madrid y Valladolid), Castilla la Nueva en dos (Albacete y Madrid), Andalucía en dos, etcétera. Haría falta, para adecuarlas a las circunstancias regionales, llevar a cabo tales reformas que no quedaría nada de la división original. Además, ¿quién se atreve a definir los límites ´´históricos" de una región?

Por otro lado, este criterio comportaría injusticias considerables: los partidos pequeños de Audiencias Territoriales de extensión reducida («uno Oviedo o Baleares) necesitarían un mínimo de votos muy inferior al requerido por partidos de zonas más pobladas (Cataluña, País Vasco, Madrid). Con lo que, en lugar de favorecer a los partidos regionalistas, se les vendría —comparativamente— a perjudicar.

Cabe preguntarse si no sería más simple reducir el mínimo exigible aun 1,5 por 100, o cura similar (lo que oscilaría alrededor de los doscientos mil votos) del total de votos emitidos, computable a nivel nacional, lo que ahorraría considerables problemas, sin duda alguna, por su mayor sencillez.

Efectivamente, si un partido, nacional o regional, no es capaz de reunir doscientos mil votos, parece que más vale que renuncie a desempeñar un papel fundamentalmente dé incordio y se integre en formaciones más amplias. Y, finalmente, si se pretende proteger a algún pequeño partido regionalista, más valdría una cláusula especificando que el mínimo nacional no se aplicaría a los partidos que presentasen candidatos en menos de cinco provincias, pongamos por caso.

— En cuanto a la distribución de restos a nivel de Audiencia Territorial tropieza con los inconvenientes apuntados más arriba con respecto al mínimo porcentaje exigible. Además, si se quiere proteger a los partidos pequeños sería más conveniente, para distribuir los restos, un colegio nacional, pero, si se quiere favorecer a los partidos grandes, entonces se pueden distribuir los restos a nivel provincial.

— Finalmente, respecto a los datos dados por la Prensa sobre la elección de los cuatro senadores provinciales, no se especifica si se prevé o no la representación de las minorías, o si, por el contrario, quien gana, gana los cuatro puestos, y quien pierde, pierde todo. Un sistema electoral similar al de la II República (es decir, basado en la reserva de un puesto para las minorías) remediaría un tanto la injusticia del sistema mayoritario. Cabe felicitar a la oposición por haber olvidado, según parece, el "sistema japonés" de que se habló, porque en definitiva hubiese resuelto algunos objetivos deseados por la misma, pero á la par hubiera originado muchos otros problemas en los que no se pensó.

En conclusión cabe felicitarse del nuevo clima reinante en nuestro país, .que permite ya algo rutinario en los países democráticos, como es la consulta a la oposición por parte del Gobierno. Pero lograda ya esta situación es obviamente necesario que los medios de información y crítica mantengan una atención constante a los proyectos de unos y otros, lo que obviamente no hubiera sido justo bajo )a pasadía dictadura.

 

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