Autor: Fuente y de la Fuente, Licinio de la. 
   Con talante democrático     
 
 El País.    13/10/1976.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

ELPAIS miércoles 13 de octubre de 1976

Con talante democrático

LICINIO DE LA FUENTE

Nació en 1923 en Noez (Toledo). Licenciado en Derecho, ingresó en el Cuerpo de Abogados del Estado

en 1950. Vicepresidente del Gobierno y ministro de Trabajo desde enero de 1974 hasta marzo de 1975. Es

consejero nacional del grupo de «los cuarenta». Es uno de los promotores de la recién creada A lianza

Popular.

Para quienes, con la mejor buena fe y espíritu de servicio a nuestra Patria, iniciamos el sábado, con la

promoción de Alianza Popular, la andadura difícil pero ilusionada de ofrecer a España una opción política

importante, armonizando posturas personales y lir mando discrepancias, para llegar a constituir un grupo

político de amplia base, como suelen ser los partidos que hacen viables las democracias, la lectura del

editorial del domingo de EL PAIS constituyó una triste sorpresa.

Yo. al menos, intuía, por otros comentarios anteriores, la discrepancia del periódico con nuestra, postura,

con loque sonaos y representarnos, y esperaba una acogida no demasiado favorable. Sin embargo, no

esperaba ni el tono, ni la agresividad «del comentario, que supone incluso juicios, descalificaciones y

matices personales que, al dañarnos.a nosotros, dañan también, a mi entender la objetividad del periódico.

Un periódico qué en tan breve espacio de tiempo se ha abierto camino en el panorama informativo

español, lo que dice mucho de la capacidad profesional de quienes lo hacen.

Me ha disgustado leer el editorial por un doble motivo. Por nosotros y por el periódico. Pero hay un

motivo superior para mi disgusto: sentiría que este fuera el talante con el que se dirimieran nuestras

futuras discrepancias políticas, en esta nueva democracia que intentamos construir.

Pero este no va a ser ni un artículo de queja, ni un artículo polémico con el periódico, al que Alianza

Popular ha contestado ya como grupo. El político, por otra parte, tiene que «encajar» los juicios adversos,

incluso cuando sean tan duros como los de EL PAIS. O quedarse en casa ocupándose de sus cosas. Tal ha

sido mi manera de entender la labor informativa en mi ya larga vida de responsabilidades públicas. Creo

que son muchos los profesionales del periodismo que podrían atestiguarlo! En cuanto a lo que nosotros y

nuestra alianza pueda llegar a ser, dejemos que él juicio siga a los hechos, y ño hablemos desde los

«prejuicios», que es lo qué algunos están haciendo para descalificarnos de antemano.

Lo que me propongo, esencialmente en este artículo, es tomar este incidente corno pretexto, para hacer

algunas consideraciones acerca de lo importante que es el talante democrático, para ´construir una

democracia.

Somos muy dados a pensar que todo o casi todo depende de las leyes y poco de las conductas.

Modifiquemos la Constitución, pensamos, y tendremos un nuevo estilo de vida, una nueva e ideal

democracia. Así nos hemos pasado siglo y medio, desde aquella primera Constitución de Cádiz, que

definía a España como una nación de hombres justos y benéficos, sin perjuicio de que estos hombres

justos y benéficos estuvieran todo el siglo XIX y parte del XX persiguiéndose y matándose unos a otros,

entre revueltas, pronunciamientos y guerras civiles.

La nueva democracia que entre todos vamos a´ intentar construir, sé va a basar, por supuesto; en cambios

importantes de nuestra Constitución, dé acuerdo con lo que decida nuestro pueblo. Nosotros hemos

reconocido que esos cambios son necesarios y convenientes. Yo, lo dije públicamente en un artículo que

escribí el mismo día de la muerte, de Francisco Franco y los que había venido propiciando desde tiempo

antes. Pero importa subrayar, que el carácter de la vida democrática en España, no va a depender sólo de

las reformas constitucionales.

Una amplia gama de opciones políticas va a ser ofrecida al pueblo español en relación con la solución de

sus problemas y la organización dé su futura convivencía. Si por la superación dé personalismos, éstas

opciones fueran pocas é importantes, como ocurre en la mayor parte de los países occidentales, se

facilitaría la elección del pueblo y el Gobierno del país, y en ello hemos pensado nosotros al constituir la

alianza. Sería deseable que, uniéndose los diversos gru|pcs afines, llegaran á articularse

también otras dos o tres coaliciones de las que se habla por ahí. Por ejemplo, una importante opción

socialista y alguna otra de las que están en proyecto. A mí todo esto me parecería positivo. Y evitaría o

reduciría los grupos radicalizados de extrerna izquierda o de extrema derecha.

En cualquier caso, tres o cuatro grandes formaciones políticas, acompañadas de algunos otros pequeños

partidos, constituirían el espectro electoral deseable, en las circunstancias actuales, cara a las próximas

elecciones, Aceptar esto y tratar de contribuir a que esto se produzca y puede ser tan importante como las

puras modificaciones constitucionales en el, futuro democrático de España.

Conseguir, además, que la diversidad. de opciones no se consideren como ejércitos en pie de guerra.

Aceptar al contrario como discrepante y no como enemigo. Discutir las ventajas y los inconvenientes de

las distintas soluciones con objetividad, desde los problemas y los intereses de España, y no desde los

ángulos puramente personalistas... Todo esto forma parte de lo que yo lla, mo el talante democrático, que.

para mí es tan importante, o más que las leyes que configuren las nuevas instituciones, o los

procedimientos electorales.

Llegar a que las posiciones de izquierda tengan una fuerte dosis de sentido nacional, de respeto por la ley

y el orden, por la seguridad y la paz; y las de derechas una profunda sensibilidad por los problemas

sociales, y el realismo suficiente para resolverlos haciendo los sacrificios económicos que sean

necesarios; y conseguir que unos y otros no tengan sentido revanchista, sino de continuidad (lo que no

excluye cambios y reformas), nos llevaría de verdad a una democracia de corte occidental, en la que

puede cambiar el partido dominante, sin convulsiones ni cambios radicales en la política nacional.

Todo esto necesita no sólo leyes, no sólo normas. Necesita grandes dosis de respeto, comprensión y

tolerancia para las posturas discrepantes, grandes dosis de superación de toda clase de personalismos,

grandes dosis de talante democrático. Podría resultar que de nuestro talante democrático para afrontar la

nueva situación dependa, mucho más de lo que creemos nuestro futuro próximo.

Y como quiero alejar del lector la idea de cualquier clase de «oportunismo» o veleidad circunstancial en

estos criterios, quiero terminar repitiendo lo que dije en .1969 en mi primera intervención en las Cortes

como ministro de Trabajo. Dije entonces, y repito ahora, que «tengo la convicción profunda de que el

diálogo y el entendimiento entre todos han de ser, la base de nuestra convivencia; de que siempre puede

haber un punto de entendimiento y de concordia entre "posiciones inicialmente discrepantes; y de que el

servicio a la comunidad exige de nosotros ese entendimiento y esa concordia; exige de nosotros la

generosidad de renunciar a, una parte de lo que consideramos nuestra verdad,, para encontrar lo que

pueda ser la verdad de todos»,

 

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