Autor: Cortés-Cavanillas, Julián (ARGOS). 
   Del libro Marginalia política     
 
 ABC.    22/06/1975.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

EN POCAS LINEAS

DEL LIBRO «MARGINALIA POLÍTICA»

El recuerdo siempre es bueno y tantas veces puede resultar ejemplar para no cometer errores, sobre todo, políticos. Don José María. Gil Robles, en su libro «Marginalia política», exhuma una frase de don Antonio Maura, del discurso pronunciado el 26 de junto de 1919, en Molinar de Carranza, que dice: «La tolerancia significa enterarse cada cual de que tiene frente a sí a alguien que es hermano suyo, quien con el mismo derecho que él opina lo contrario y concibe de contraria manera la felicidad pública.» Y el comentarlo que hace de transcriptor reza: «Más allá de las incertidumbres del presente quiere mi optimismo cristiano ver la luz de un porvenir mejor. Pensando en la juventud española, sobre la que no deben pesar los yerros del pasado, quiero aplicar al futuro de la patria la paráfrasis del oráculo de Isaías sobre Idumea, henchido de esperanzas:

—¡Centinela! ¿Qué has visto en la noche?

—He visto venir la mañana...

Y en el libro «Marginalia política» hay una carta —entre otras varias del máximo interés— dirigida al entonces ministro de la Gobernación, don Camilo Alonso Vega, desde Milán, el 18 de julio de 1962. A propósito del famoso Congreso de Munich, en el que participó con otros españoles el señor Gil Robles, fue acusado ante las Cortes como «autor de una maniobra despreciable». Al final de dicha carta, después de varios pormenores sobre su viaje y su advertencia al Gobierno a dónde iba y por qué iba, dice: «En el comunicado hecho público al final del primer Consejo de Ministros ha anunciado el nuevo Gobierno su deseo de mantener una mayor comunicación con la opinión pública. Pero con dificultad podrá llegar la opinión a conocer toda la verdad a través de un monólogo. ¿Por qué no ensayar un diálogo, aunque sólo sea limitado al Congreso de Munich? Me parece que el tema lo justifica. ¿Por qué no se facilita a los Inculpados una ocasión de defenderse? ¿Por qué no se dan a conocer a la opinión pública todos, «absolutamente todos», los elementos de acusación y defensa? ¿Qué razón puede justificar el amordazar y maniatar al adversario para poder atacarle impunemente? Dejo su contestación a su conciencia de cristiano y militar.»—ARGOS.

 

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