Autor: Crespo García, Pedro. 
   El país de octubre     
 
 ABC.    24/09/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

MERIDIANO NACIONAL

El país de octubre

* AMBIENTE.—Nuestro embajador en las Naciones Unidas manifiesta abiertamente que ha llegado la hora de marcharnos del Sahara, rogando a la IV Comisión que se ocupe cuanto antes del tema El señor Cortina va a Nueva York; «in extremis», fiándolo todo a su carta personal, a tratar con Kissinger el tema de las bases. Los hombrea del Servicio Técnico Comercial de Constructores de Bienes de Equipo, Sercobe, afirman que «el próximo ejercicio de 1976 se presenta aún con peores augurios que el presente de 1975 que atravesamos».

Se detecta, en suma, un derrotismo cierto, una sensación de precariedad, traducidos en desconfianza; en medrosida des varias.

Las reuniones en la Presidencia del Gobierno, el mutismo de su titular, el hecho de que el señor Solís no yaya a Bad Kreuth, declinando la invitación del Partido Cristiano-Social, por su «apretada agenda de trabajo y sus tareas oficiales». Todo parece contribuir a crear un clima de oscuridades. Un clima que se generaliza injustamente, que se magnifica y exfiende a todos los niveles, como si fuera a cerrarse el calendario.

* OCTUBRE.—Hay, sin duda, un deseo claro, en algunos sectores, de que se piense, masivamente, que los problemas de la hora presente no tienen solución. Para ellos, siguiendo a Ray Bradbury —el campo de la «ciencia-ficción» es casi ilimitado—, este podría ser «...el país donde siempre está haciéndose tarde», el país «donde se demoran la oscuridad y el crepúsculo, y la medianoche no se mueve»: el «país de octubre».

Sin embargo, aunque el tiempo juegue activamente en contra del Gobierno, urgiéndole decisiones que están en el ánimo de todos, resulta injusta esa generalización que engloba al país entero, como si no fuéramos a pasar al mes de noviembre, como si se recortase nuestro futuro nacional.

* TENSIÓN.—Indiscutiblemente existe una tensión. El país, aún en septiembre, aunque se haya iniciado ya el otoño, espera esas decisiones del Gobierno. Aguarda, también, en uno y otro sentido, explicaciones. Necesita reposar su confianza, apoyar su seguridad de futuro inmediato.

En el campo de la economía, no cabe dudarlo, se ha elegido´ la postura más difícil, la que menos concesiones hace a la galería, a la espectacularidad. Se pretende controlar la inflación hasta donde se pueda, mientras se confía en que el producto nacional bruto no descienda y se vigila que el paro no se acentúe.

* EQUILIBRIO.—Es un momento, este que vivimos, en el cual el equilibrio se hace tan necesario como difícil. Hay que jugar procurando no pasarse. Y el juego se hace endiabladamente difícil, con presiones e injerencias del exterior y del interior, y con unos problemas que el asunto del terrorismo no habrá agravado, pero que tampoco ha contribuido, precisamente, a solucionar.

Sin embargo, pensar que estamos en un callejón sin salida sólo favorece posiciones extremistas. Por supuesto, hay soluciones. La confianza en la gestión del, Gobierno no puede haberse deteriorado hasta tal extremo. No sería justo.

En lo político y en lo económico, e lógico tira y afloja que refleja las tensiones de un organismo vivo habrá de solventarse en una flexibilidad que aleje peligros de rompimiento. Una reactivación sin prioridades nos llevaría, quizá, a una situación inflacionista insostenible. La hora de los aplausos no se adivina cercana en muchos sectores, pero esto no debe ser un impedimento para nuestros políticos.—Pedro CRESPO

 

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