Autor: ;Juan, José Vicente de. 
   Más allá de la euforia     
 
 Madrid.    31/01/1970.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Más allá de la euforia

Negociaciones España-M. C. E. UN NUEVO APLAZAMIENTO

Según los datos facilitados, un arancel por parte española de ocho pesetas por cada cien kilos de queso holandés, los productos petrolíferos y el tema del depósito de los importadores españoles son el único cabo que queda por atar para llegar a la firma de un Acuerdo preferencial entre España y la Comunidad Económica Europea. Las negociaciones celebradas esta semana darán paso a lo que se perfila como último "round", a celebrar en los últimos días del próximo febrero.

Con ello culmina, si bien de forma tímida, un haz de aspiraciones de gran parte de la sociedad española: la integración europea. Y decimos que tímidamente porque en un principio, cuando comenzaba la década de los sesenta, la política oficial española tenía sus ojos puestos en la plena integración, como un miembro más, en el Mercado Común. La situación de aquellos países que negociaban un Tratado preferencial parecía en nuestras esferas oficiales poco airosa o insuficiente para nuestro caso.

El tiempo, sin embargo, ha cuidado de poner más o menos las cosas en su sitió, y asi resulta que hoy el régimen preferencial parece lo máximo a que podemos aspirar.

A pesar de todo ello, no cabe duda que si en febrero no surge nada nuevo la aproximación a Europa será un hecho.

Pero está claro que la nueva situación requiere una meditada consideración por parte de todos. Seguramente a partir de este año los empresarios y financieros españoles se van a enfrentar con una situación bien distinta a la de los últimos tiempos; un terreno de juego en el que apenas van a ser capaces de divisar los horizontes; un tiempo en el que la información de todo tipo tiene que ser la base operativa de cada día para hacer frente no ya a unas coyunturas que se presumen nuevas, sino incluso a un replanteamiento estructural en profundidad.

Porque por encima de otras consideraciones, cuando por la pequeña pantalla velamos hace unos días a nuestra numerosa Delegación en Bruselas discutiendo y proponiendo cifras de toda índole, nos asaltó una duda: ¿Hasta qué punto son conscientes los hombres de nuestra economía de lo que se negocia en Europa? ¿Qué parte han tomado en determinar lo que podíamos ofrecer o tenemos que exigir?

 

< Volver