Autor: Miravitlles i Navarra, Jaume. 
   La semana internacional     
 
 Madrid.    31/01/1970.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

La semana internacional

Rusia y China

IA guerra de Corea, iniciada con la invasión de Corea del Sur por las tropas comunistas de Corea del Norte, empezó el año 1950. En 1953 se firmó un armisticio que dejaba las fronteras en el mismo lugar donde estaban antes de empezar las hostilidades; es decir, en el paralelo 38. En este mes de enero de 1970 no se ha firmado todavía un Tratado de paz. Lo mismo podemos decir con lo que hace referencia a Alemania y la unión Soviética. Terminada, de hecho, la guerra en el mes de mayo de 1945, no hay todavía un Tratado que estabilice, en la paz, la relación entre los Gobiernos de Moscú y de Bonn. Las negociaciones de París, en las que toman parte delegados del Vietcong, del Vietnam del Norte, sudvietnamitas y representantes norteamericanos, duran desde hace mas de un año, sin que se haya llegado al más mínimo resultado, y lo mismo podemos decir de las conversaciones en Varsovia entre los embajadores de los Estados Unidos y la China de Mao. Se sabe cuándo empieza una Conferencia con un país o con un grupo comunista; nunca se sabe cuándo y cómo terminará...

Si es así entre un país comunista y otro que no lo es, ¡qué será cuando se trate de una Conferencia entre dos países comunistas enemistados! Cuando empezaron las conversaciones de Pekín entre rusos y chinos para zanjar sus diferencias fronterizas, dije, parafraseando a Churchill, que aquello sería un "enigma envuelto en un misterio". Y así parece de oscura la situación. Nadie sabe nada de nada de lo que allá ocurre o no ocurre. Las negociaciones han sido Interrumpidas una vez y reanudadas hace sólo unos días. Las noticias indirectas que se tienen sobre su desarrollo son más bien pesimistas. Antes del encuentro se acordó una "tregua de comentarlos", por no decir "tregua de insultos". Tanto los órganos de expresión rusos como chinos dejaron, en efecto, de atacarse mutuamente. Paro aquel armisticio verbal duró sólo unos días y fue vulnerado unilateralmente por los hombres de Mao. Rusia continuó fiel a su política de silencio. Ahora, sin embargo, acaba de romperlo, y precisamente a través del órgano de Prensa del ministerio de Defensa del Gobierno de Moscú.

China, dice el portavoz de loa militares soviéticos, es un país que busca la hegemonía mundial y que adopta una posición netamente expansionista frente a sus vecinos. El verano pasado, el mismo diarlo habló muy seriamente de la necesidad de una "acción preventiva" contra China. Aquel país, decía entonces, y lo repite ahora, está desarrollando muy rápidamente su preparación militar, tanto en lo que se refiere a sus Ejércitos convencionales como a sus armas atómicas. En este momento, Mao no está en condiciones de desencadenar un conflicto armado. Por eso ha aceptado una negociación, que prolongará indefinidamente, para "dar tiempo al tiempo". Durante este intervalo, Pekín espera no sólo mejorar su posición militar, sino también su situación diplomática. De ahí su apertura hacia los Estados Unidos. Hasta ahora, las conversaciones entre los embajadores de Washington y Pekín en Varsovia tenían lugar en un castillo feudal cedido por el Gobierno polaco a las dos Delegaciones. Al reanudarse los contactos, las reuniones se celebran alternativamente en las Embajadas de los Estados Unidos y China, tal como lo hicieron en Finlandia los representantes de Washington y Moscú. El cambio de local tiene una doble significación: indica un más alto nivel en los contactos y la sospecha de que en el palacio feudal cedido generosamente por Polonia pudieran haber puestos de escucha al servicio de Moscú... Todo esto y mucho más nos dice el portavoz del Ejército rojo.

Estados Unidos y Canadá

Junto a una frontera dibujada en linea recta sobre un papel están situados dos gigantes geográficos: Canadá y listados Unidos. El primero tiene sobre el segundo una manifiesta inferioridad en lo que afecta al número de habitantes: 20 millones contra 200 millones, es decir 10 veces menos. Lo desproporción de fuerzas en otros capítulos, económicos, industriales, financieros, militares, es del mismo nivel y acaso superior todavía. En estas condiciones es natural que asistamos a una penetración a sentido único de Estados Unidos al Canadá que causa justificada alarma en los círculos oficiales de Otawa, la capital canadiense, y en la opinión pública nacional.

Uno de los sectores económicos que han sido más absorbidos por el capital norte, americano es el relativo a las fuentes de energía, y entre ellas, el petróleo. Se calcula que los norteamericanos controlan el 50 por 100 de aquella actividad tan Intimamente ligada a la soberanía nacional. Recientemente las cosas se han agravado más todavía. La Imperial Oil Company, subsidiaria de la Standard Oil americana, acaba de descubrir importantísimos yacimientos petrolíferos en el delta del rio Mackenzie, que cruza el distrito de aquel nombre y desemboca al mar de Beaufort, que baña las costas de Alaska, Estado norteamericano. Aquel descubrimiento viene pocas semanas después de la fabulosa hazaña del rompehielos "Manhattan", que venció por primera vez en la Historia el Inaccesible Nort West Fassage, capaz de poner en contacto a través de los hielos del Ártico las riquezas petrolíferas de la bahía de Prudhoe, en Alaska, con los centros industriales del Este americano y el Oeste europeo.

Por otro lado, el petróleo crudo de la provincia canadiense de Alberta ha encontrado un mercado natural en el centro cada vez más portentoso de Chicago. La eliminación del canal de Suez como centro mundial de transportes, las crecientes dificultades en Libia y en Oriente Medio inclinan a las grandes Compañías norteamericanas hacia el petróleo potencialmente inextinguible de los mares del Norte europeos y del Ártico canadiense. La importancia creciente de la industria japonesa y de las instalaciones en la costa occidental de los Estados Unidos desplaza hacia el Pacífico el eje del mundo.

Es en función de estas nuevas realidades geopolíticas que existe en Estados Unidos una corriente muy favorable a un Acuerdo general con el Canadá. El señor Ball, que fue subsecretario de Estado en el Gobierno del Presidente Johnson, acaba de declarar el Interés que su país tiene por la formación de una especie de Mercado Común con el Canadá. Si el Mercado Común Europeo—ha dicho—se inició a través de Tratados sobre el carbón y el acero, el Mercado Común entre Estados Unidos y el Canadá podría fundamentarse sobre una especie de asociación de las industrias energéticas: petróleo, gas natural, electricidad, sistemas hidráulicos, energía nuclear, etc. La proximidad de ambos países, la desproporción de fuerzas entre el uno y el otro, el fabuloso dinamismo de las grandes Empresas norteamericanas ha producido en el Canadá una reacción defensiva semejante a la que tiene lugar en Hispanoamérica. Es evidente que entre Estados Unidos y los países situados al sur del rio Bravo existen diferencias de lengua, cultura, tradición, que los dividen en dos mundos perfectamente diferenciados. Con el Canadá no ocurre lo mismo. La minoría católica de lengua francesa, centralizada sobre todo en la región de Quebec, es mayoritariamente agrícola y rural. Las auténticas fuentes de riquezas del Canadá, la alta industria, la alta Banca y las altas organizaciones financieras están en manos de la mayoría anglosajona y protestante. Es decir, tienen la misma estructura étnica y cultural que la élite dirigente de los Estados Unidos. Una asociación teóricamente basada en la igualdad entre aquellos dos países se traduciría fatal e Inevitablemente en la hegemonía de los Estados Unidos sobre el Canadá.

Así, pues, le ha sido planteado el problema al "premier" Trudeau por un diputado de la oposición conservadora, al comentar la insinuación del señor Ball Es necesario—faa dicho—asegurar en todo contacto con loa Estados Unidos la Independencia y soberanía del Canadá. Le ha contestado Trudeau que "nada en su país estaba en venta" y que en todo caso sabría defender los intereses vitales de la nación. El problema de las relaciones entre Estados Unidos y Canadá sobrepasa el diálogo entre Trudeau y el alarmado conservador para plantear una, cuestión de alcance universal: mientras el dinamismo arrollador de la economía moderna impone la constitución de grandes unidades regionales, los Estados modernos, hijos de una tradición histórica secular o milenaria, eternizan su fraccionamiento. A través de distintas filosofías la solución consiste en la posibilidad de descentralizar la economía y descentralizar la política

Israel y Nasser

Asistimos en Oriente Medio a una situación militar que tiene muchos paralelismos con la de la guerra francoalemana, desde principios de 1939 hasta la guerra relámpago, que culminó con la fulminante toma de París el verano de 1940. Durante casi todo un año aquel frente estuvo totalmente inmovilizado, dando lugar a la expresión "dróle de guerre", la guerra extraña. Se enfrentaban, en efecto, dos distintas estrategias. Francia, bajo la dirección del general Gamelin, creía en una guerra inmóvil, de posiciones. La "Línea Maginot", considerada teóricamente Inexpugnable, era la base y la justificación de aquella filosofía. Frente a aquella concepción estática los estrategas alemanes inventaron la "guerra relámpago", llevada a cabo por divisiones totalmente motorizadas y extremadamente móviles. Durante los primeros meses parecía que, en efecto, se había impuesto la teoría francesa. En realidad, el Estado Mayor alemán le daba los últimos toques a su estrategia y se producía en la primavera y verano de 1940 la operación militar más rápida y contundente de todos los tiempos.

Teniendo en cuenta las diferencias de lugar 7 tiempo, nos encontramos ante una situación muy semejante en el Oriente Medio. Las conquistas logradas por Israel durante la "guerra de los seis días" han culminado en una extraña paradoja: los ejércitos judíos se han encerrado dentro de un sistema de "fronteras naturales" del que no pueden ni entrar ni salir. El marco que envuelve las formaciones israelíes está constituido por el canal y el golfo de Suez, que las separa de Egipto; por el río Jordán, que delimita su frente ante Jordania; por los Altos de Golan, en la frontera siria, y, por los nuevos Altos del Hermon, situados en Libia. En cualquier momento Israel podría romper uno de aquellos cuatro frentes y situarse en El Cairo, Ammán, Damasco o Beirut. Pero es muy dudoso que los dirigentes Israelíes caigan en el error de ampliar todavía más sus líneas de comunicación.

Nasser, que es evidentemente el líder político más inteligente del mundo árabe, intenta repetir contra Israel una táctica semejante, aunque con más probabilidades de éxito que la de Gamelin. Es decir, sostener una "drôle de guerre" con el mínimo de movimiento, destinada única y exclusivamente a desgastar las energías militares, económicas y también psicológicas de las fuerzas judías. Con sus cien millones de habitantes, con una extensión territorial quizá cien veces superior a la de Israel, con una economía elemental y primaria, sin centros vitales y neurálgicos, el mundo árabe puede continuar indefinidamente aquella "guerra extraña" No asi Israel, de una población infinitamente menor, encerrada en un territorio exiguo, literalmente cuajado de centros económicos, culturales, científicos, vitales. Un Inteligente observador de aquella escena dice que la estrategia político-militar de los israelíes tiene ante ella tres caminos de desarrollo: la guerra, la paz o la dimisión del Presidente Nasser. Es evidente que el Jefe egipcio tratará de taponar aquellas tres vías de acción. Su estrategia no puede ser más elemental ni negativa: ni guerra, ni paz, ni dimisión. Si es capaz de mantenerse en aquellas tres líneas, y Nasser ha probado en otras ocasiones su tremenda capacidad de quedarse en su sitio, les plantea a los ejércitos israelíes y al Gobierno de Tel-Aviv un problema casi insoluble.

Francia y el Mediterráneo

El general De Gaulle fue el filósofo de la política de "grandeur", mediante la cual quería asegurar la presencia de Francia en los cuatro puntos cardinales de la Tierra. Durante su presidencia, en efecto, el Presidente francés fue un gran viajero y visitó prácticamente todos los grandes países del mundo. En sus discursos en Canadá pronunció un imprudente "¡Viva el Quebec libre!" que constituía ana intolerable intervención en la polillo» interior de aquel país. En su periplo hispanoamericano se dedicó a exaltar la influencia cultural francesa, sin referirse nunca a la gran influencia de España a través de su lengua, su tradición y su historia. En el curso de su estancia en Colombia pronunció De Gaulle en Bogotá un discurso tan exaltado, que provocó una curiosa respuesta del entonces Presidente, señor Valencia, y actual embajador de aquel país en España. Al terminar su discurso, también exaltado y como consecuencia de un "lapsus" probablemente automático, el Presidente colombiano exclamó: "¡Viva Colombia! ¡Viva España!" (El protocolo, naturalmente, exigía un "¡Viva Francia!".) Durante su estancia en la capital de Camboya, De Gaulle se autodesignó arbitro de la guerra del Vietnam y dio lecciones y consejos a Washington. Moscú. Pekín. Hanoi y Saigón.

Ahora bien, desaparecido De Gaulle de la escena política francesa, superado el Pacto de amistad con Bonn, eliminada la posibilidad de jugar otra ves al veto en el Mercado Común, no le queda a Francia y a su actual Presidente, Pompidou, ningún camino para afirmar de una manera espectacular su presencia en el mundo. De ahí que haya aprovechado la oportunidad del golpe de Estado en Libia, que separó a aquel país de la zona de influencia anglonorteamericana, para penetrar en una posición mediterránea. Sus ventas de material bélico al Irak y a Libia constituyen un paso hacia la afirmación de una política exterior independiente. En principio, ni Washington ni Londres verían con malos ojos una nueva presencia gala en un mar que continúa siendo "el de las decisiones", si no a la escala mundial, a la escala europea. Un país occidental amigo de los árabes es susceptible de contribuir al equilibrio alejando el peligro de una excesiva penetración soviética. Pero Pompidou na fallado, más que en el fondo de su aspiración, en la forma que la ha hecho efectiva: cien aviones Mirage son muchos aviones Mirage. El anuncio de aquella venta masiva ha sido hecho público después de una reunión de representantes de Egipto, Sudán y Libia, en la que se habían unificado sus planes militares. Fuerzas armadas de Libia, de un volumen puramente simbólico, pero políticamente muy significativo, ya han hecho su aparición en el frente egipcio. Los aviones que Francia ha vendido a Libia pueden pasar, a través del Pacto de unificación El Cairo-Kartum Trípoli, a las Fuerzas Aéreas egipcias.

Washington ha reaccionado contra este aspecto de la política francesa y ha insinuado que aceptará el requerimiento de Golda Meij sobre el envío de 50 aviones Phantom. Se está produciendo así en Oriente Medio una "escalada a lo Vietnam´´ que puede tener trágicas consecuencias.

31 DE ENERO DE 1970 MADRID

Vista por JAUME MIRAVITLLES

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