Autor: Sánchez Mazas, Rafael (***). 
   En el preámbulo     
 
 ABC.    03/12/1958.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

S 3 DE DICIEMBRE DE 1958.

EN EL PREÁMBULO

Desde luego, no se pone en duda la instauración de un régimen autoritario en Francia. Parece, asimismo, indiscutible que las corrientes victoriosas en las elecciones han obedecido a un vasto movimiento de reacción patriótica, superior a las previsiones más optimistas. Pero el patriotismo francés, desde la "escuela jacobina" a la, "escuela maurrasiana", asume´ muy diversas direcciones y formas.

La Constitución de la nueva y V República dice que "el pueblo francés proclama solemnemente su devoción por los principios de la soberanía nacional, tal como fueron establecidos en la Declaración dé 1789, confirmada y completada por el preámbulo de la Constitución de 1946".

Con perfecta observancia o "devoción" a los principios de 1789 y al "preámbulo" o "renovación de votos" de 1946, se produjo en la IV República todo cuanto ha movido la repulsa, casi torrencial, del pueblo francés en las últimas elecciones. Quizá, desde 1789, nunca hubo en Francia hombres tan líeles a los principios de 1789 coma los que gobernaron en Francia de 1946 a 1958. Así, el pueblo francés ha recusado con gran extensión y energía "los efectos" de una política, pero en la nueva Constitución va a conservar con renovado fervor—o "devoción", que dice el texto constitucional—"las causas".

Más que "por una determinada política" se ha votado en Francia "contra una determinada política", para que no vuelva jamás, pero se ha conservado amorosamente "el preámbulo". En política y en amor es muy peligroso "el preámbulo". Si se quiere evitar el riesgo, generalmente, hay que huir del "preámbulo". Vamos a ver si, a pesar del "preámbulo", y con el "preámbulo" a cuestas, se logra no recaer en la mala vida pasada. Para juzgar de lo que en adelante suceda, hay una, regla infalible. Si ciertos y bien calificados sectores de Inglaterra e Italia, por ejemplo, dicen que las cosas de Francia "van muy mal", será que "van bien", y si dicen que van "bastante bien", irán "rematadamente mal".

El voto negativo o repulsa del pueblo francés contra la política anterior parece inspirado en nobles sentimientos de regeneración moral y de amor patrio, pero este voto principalmente negativo es corto y débil en cuanto a las ideas. No afirma resueltamente ninguna doctrina, y no es fácil gobernar bien sin una doctrina. Se dirá que se ha votada así por algo superior a la doctrina misma, "por necesidad de salvación" frente a la catástrofe, y que eso querían decir los "Comités de Salvación", cansantes de todo este fregado.

Muchos demócratas de Francia y de fuera, para consolarse a sí mismos y acallar su miedo al fascismo, andan repitiéndose con esperanza: "Sí; De Gaulle es bueno,.. Es muy bueno... No, no, no; dictador no lo quiere ser. Es muy respetuoso." Por otro lado, Soustelle, el hombre de Argel, es el que triunfa y no se sabe si eso le entusiasma a De Gaulle demasiado. El momento, no claro todavía y en "su preámbulo", es decisivo para Francia y para Europa. En primer lugar, desde los días de Luis XIV, Francia es el centro de la polémica política europea y lo que pasa en Francia no sólo repercute en toda Europa, sino que, a escape, suscita, asimismo, repercusiones en América "latina".

En segundo lugar, es éste un instante en que muchos programas y métodos predominantes en Europa y fuera de Europa, hasta hoy tenidos por "indiscutibles y modernos", entran en crisis, inician su crisis en Francia y su debilidad empieza a revelarse ñor el mundo entero. Quédese esto para mañana u otro día.—***

 

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