Autor: Cabellos, Carmelo . 
   Un festival de paradojas     
 
 Diario 16.    19/11/1981.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ANÁLISIS

Un festival de paradojas

Carmelo Cabellos

La crisis de los comunistas es un festival de paradojas, cuyo verdadero alcance, dimensión y «puesta en

valor» está quedando confundido en el mar de las purgas, expulsiones, ceses y otras zarandajas de más o

menos espectacular monta. La pelea interna, y particularmente sus rasgos externos, se ha limitado a una

guerra de buenos y malos. Los primeros son los que acatan las decisiones oficiales; los segundos, los que

apoyan a Lerchundi.

La primera paradoja se personaliza en el propio Roberto Lerchundi, detonante de la crisis. El dirigente

vasco, que apareció como uno de los líderes «renovadores» en el X Congreso del PCE, inicia sin solución

de continuidad un proceso de unificación con un partido, EIAEE, que es lo más lejano dül

«eurocomunismo» que decía defender y para constituir un partido comunista con tintes nacionalistas, y en

cierto modo independentista, pero fiel a los postulados soviéticos.

Pero la paradoja inicial no se queda ahí. El síndrome Lerchundi se extiende como una mancha de aceite y

le llueven simpatizantes, que no son otros que aquellos que fueron vencidos en el X Congreso comunista.

Y ahí están cayendo como víctimas carrillistas los hombres del ala derecha del PCE, precisamente por

defender o apoyar una opción, la vasca, que salta por el ala izquierda del carrillismo.

Esta puesta en escena del principio de que «los enemigos de mi enemigo son mis amigos» es el entorno

en el que se está desarrollando la crisis del PCE. Y ahí están los «eurísimos» o «eurorrenovadores», quie

nes para atacar las posiciones firmes y cuasiauto ritarías de Santiago Carrillo no vacilan en unir su apoyo

a ios pro soviéticos, Y todo esto ocurre en un momento en que los propios comunistas no han acabado de

digerir el camino de la legalidad y el ejercicio democrático del poder, aunque esto sea a niveles limitados.

Entre la añoranza de la «resistencia.» y la perspectiva de una considerable reducción de sus expectativas

electorales no era difícil prever el salto de la crisis. Así, lo que no encontró hueco o fuerza para saltar en

el último congreso, pese a la fuerte polémica levantada con respecto a las tendencias organizadas, lo ha

hecho ahora, con la disculpa del «affaire Lerchundi» y pese a todo este cúmulo de paradojas. Lo grave es

que la crisis interna de los comunistas lleva en algunos casos y, especialmente en el madrileño, a

resquebrajar el pacto municipal con los socialistas. Y eso no es lo peor, sino el espectáculo de fraude que

se ofrece a los electores cuando ven que aquellos a quienes eligieron caen de sus puestos y no

precisamente en razón a su gestión pública. Así es como se alimentan no ya las deserciones de militantes,

sino, lo que es peor, las ganas de votar. Y luego se habla del cacareado desencanto.

 

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