Autor: Landeta, Iñaki. 
 Un cambio de año bajo la sombra del sindrome golpista (VI). 
 El calvario de Carrillo y las purgas comunistas     
 
 Diario 16.    02/01/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 21. 

UN CAMBIO DE AÑO BAJO LA SOMBRA DEL SÍNDROME GOLPISTA (VI)

El calvario de Carrillo y las purgas comunistas

El año que ahora termina ha deparado al secretario general del PCE un verdadero «calvario político». El

hombre que más carisma tenía dentro de la organización más disciplinada y «papista» del país ha visto

desmoronarse parte de su liderazgo a lo largo de estos doce meses. La clave del arco de su poder ha

empezado a ser tambaleada desde el interior mismo de su partido por quienes han llegado a decir que

Santiago Carrillo está bloqueando el avance del eurocomunismo en España.

Iñaki LANCETA

El año empezó para los dirigentes del PCE con una violenta tormenta que cargó de electricidad el espacio

y estuvo a punto de dejar incomunicadas unas tierras especialmente expuestas al «viento del Este», ya que

las comunicaciones, tradicionalmente difíciles, quedaron gélidamente resbaladizas.

El partido de los comunistas catalanes (PSUC), tras un amplio debate donde los sectores opuestos a la

doctrina oficial del PCE tuvieron libertad de maniobra, como en ninguna otra región, aprobó en congreso

una resolución política exenta de referencias al eurocomunismo y entregó la dirección de la organización

a leninistas y pro soviéticos.

Después de un largo contencioso con la ejecutiva del PCE, frente a la cual los comunistas catalanes

exigían independencia para elaborar su política nacional, el PSUC se desvinculó del centralismo

democrático del Partido Comunista de España.

Eurocomunismo

La primavera del 79, tras las elecciones generales, Carrillo tendría que escuchar toda clase de censuras

desde el PSUC por haber reprochado a éste su campaña electoral excesivamente catalanista, justo lo

contrario de lo que pensaban en Cataluña.

El abandono del término «eurocomunismo» fue interpretado por la ejecutiva del PCE como un

quebrantamiento de los acuerdos entre el PSUC y el Partido Comunista de España. Al término de una

larga reunión, la dirección del PCE difundía un comunicado en donde, además de acusar al partido de los

comunistas catalanes de situarse en una posición administrativa anómala, apoyaba tácita mente la

exigencia de Carrillo de un congreso extraordinario del PSUC.

La celebración de un congreso extraordinario del PSUC como propugnaba Carrillo sólo fue defendida por

los dirigentes catalanes considerados más «socialdemócratas», denominados colectivamente «Bandera

Blanca», cuya presencia en la cúpula del partido se había debido más al apoyo de Carrillo que a su

representatividad entre la militancia.

Poder leninista

Descartada por los leninistas, principales dueños del poder en el PSUC, la convocatoria de un congreso

extraordinario, que a su juicio abriría una «dinámica infernal» que podría abocar al partido a la ruptura, la

propuesta de Carrillo no prosperó y pasaron varios meses hasta que en la primavera se normalizaron de

nuevo las relaciones entre los dirigentes de ambos partidos. Los orígenes de la «gran movida» habrían

estado, según explicación del eficaz y ponderado diputado del PSUC Jordi Solé Tura, en la exasperación

y radicalismo al que se habrían visto arrojados los trabajadores —«paro, inflación, crisis de valores y falta

de alternativas concretas»—; la tensión internacional que acentuaron los reflejos defensivos de muchos

comunistas y la frenética actividad de un sector —el pro soviético— ante la inhibición de la mayoría de

militantes.

Cuando los rigores del verano hacía ya estragos en Madrid —treinta y tres grados centígrados de máxima

las tesis federalistas aprobadas en la Conferencia del PCE de Euskadi (EPK) supusieron para Carrillo un

motivo más de sofoco.

Los partidarios de Roberto Lerchundi, el joven secretario general que había deshancado del poder al

histórico Ramón Ormazábal, consiguieron que los delegados vascos acudieran al X Congreso del PCE

con el mandato de defender la federalización del Partido Comunista. El estrecho margen de victoria —

114 votos a favor y 96 en contra— anunciaría las fuertes tensiones internas que generaría en el futuro una

decisión de envergadura emanada de la misma correlación de fuerzas.

Las corrientes

El PC de Euskadi, junto con el de Madrid, fue el único que consiguió aprobar en su Conferencia la

defensa de las corrientes de opinión, que podrían funcionar y expresarse con libertad, en tanto no se

constituyesen en fracciones organizadas.

Llamado a capítulo por el propio Carrillo, antes de que comenzara el congreso estatal del PCE, Lerchundi

se mostró impermeable ante el chaparrón de presiones para que renunciase a la defensa de la

federalización del partido e incluyese en la ejecutiva vasca a un hombre de su confianza, Ignacio Latierro.

En el propio Madrid, el líder del PCE se encontró sorprendentemente atenazado entre «renovadores» y

«pro soviéticos», que en un pacto «contra natura» conseguían que de la Conferencia provincial saliese

una legitimación de las corrientes de opinión. Carrillo descalificó a los renovadores —que tildó de

«señoritos»— y les cerró el paso para la ejecutiva provincial en el «filtro» de la comisión de candidaturas.

Los preparativos del X Congreso revelaron en Andalucía y Valencia, por ejemplo, cierta ofensiva contra

los dirigentes cuyas posiciones renovadoras eran más conocidas. Los diputados Emerit Bono y Pilar

Braba, así como el que fuera secretario general valenciano, Ernest García, fueron excluidos del Comité

Central del PC del País Valenciano.

En la conferencia del PC de Andalucía, diez candidatos «eurocomunistas» al Comité Central renunciaron,

por su parte, a la elección, después de defender, y ver rechazado, el reconocimiento de las corrientes de

opinión. El nuevo secretario general, Felipe Alcaraz, ni defendía las corrientes ni cuestionaba la

continuidad de Carrillo en la secretaría general del PCE.

Carrillo aplastó

El X Congreso, celebrado en Madrid a finales de julio y principios de agosto, aprobó por un 70 por 100

de los votos el informe del líder del partido y siguió a éste en todas sus tesis. Pero Carrillo no pudo

librarse de unas críticas como las que no había tenido nunca que soportar en un Congreso de su propia

organización.

Un mes después, el secretario general del PCE entraba en una nueva «estación» de su calvario. EJ comité

central de los comunistas vascos decidían la unificación con el partido de Mario Onaindía, EIA, integrado

en la coalición abertzale Euskadiko Ezkerra.

Los hombres de Lertchundi, que hicieron prosperar su opinión frente al «sucursalismo» de Ramón

Ormazábal, recibieron como respuesta del secretariado del PCE la disolución del Comité Central del

EPK. Sin embargo, el tiempo demostraría que nada impediría ya la unificación de los seguidores de

Lertchundi con EIA.

La escisión

En estos momentos EPK y EIA están a la espera del congreso de unificación, tras ser aprobados, por Jas

respectivas organizaciones, los documentos necesarios.

Las Navidades siempre abren un paréntesis de tranquilidad, pero este año Santiago Carrillo no podrá

endulzar ni con el turrón el trago amargo de los cinco miembros del Comité Central del PCE expulsados

por haber organizado una conferencia de Lertchundi y Onaindía en Madrid.

Y no podrá olvidarlo porque la talla política de un Manuel Azcárate —íntimo colaborador suyo durante

muchos años, y uno de los «cerebros» eurocomunistas del PCE—, y de una Pilar Brabo —íntima

colaboradora suya recién llegada a Madrid desde el exilio francés— le harán temer por su propia

estabilidad en la cúspide, poderosa y misteriosa, del PCE.

 

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