Autor: Ibáñez, Juan G.. 
 José María Mohedano, también acusa a Carrillo de ejercer poder personal. 
 En el Partido Comunista ha desaparecido el debate político     
 
 Diario 16.    26/03/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 31. 

José María Mohedano, uno de los más prestigiosos abogados comunistas, ha abandonado el PCE

desencantado de un partido «que ha sido convertido en una máquina electoral por la dirección» y en el

que han desaparecido el debate político, según declaró a DIARIO 16.

Miembro de la acusación privada en el juicio sobre la «matanza de Atocha», Mohedano revela que la

apertura registrada en el IX Congreso no fue promovida por la dirección sino por sectores de la base.

Afirma que en tres años la militancia ha disminuido un 30 por 100 y reprocha a Carrillo la utilización de

un poder personal que trasciende ostensiblemente el propio del cargo.

José María Mohedano, también acusa a Carrillo de ejercer poder personal

«En el Partido Comunista ha desaparecido el debate político»

"El partido se ha convertido en una máquina electoral"

Juan G. Ibáñez

DIARIO 16 Qué razones hay para que un militante como usted, convencido eurocomunista, se haya

decidido a abandonar el PCE?

Mohedano — Creo que cuando uno se va de un sitio debe recordar por qué entró. Yo ingresé en el PCE

cuando tenía veinte años, después de una larga reflexión, por razones políticas y éticas.

Me parecía que el proyecto de sociedad y la estrategia del PCE para derrocar el franquismo era lo más

coherente en aquellos momentos, a pesar de los errores y faltas de acierto en las previsiones de la

dirección que luego el tiempo reveló.

Desde la vuelta de la dirección del partido, que estaba en París, ha habido una inadecuación de la política

seguida con el proyecto eurocomunista, que sinceramente habíamos estado defendiendo dentro de

España.

Hace dieciocho o veinte meses empecé a plantear mis discrepancias y a través de todo este tiempo me he

convencido de que las razones éticas y políticas por las que entré en el partido habían ido desapareciendo.

Así que esperé a que concluyeran los procesos electorales y comuniqué a varios miembros de la dirección

y a los responsables de mi agrupación de base que me daba de baja.

DIARIO 16 ¿Cree que el eurocomunismo está sostenido por unas expectativas electorales, que de otro

modo no podrían ver satisfechas determinados Partidos Comunistas?

Mohedano — El futuro del proyecto eurocomunista está condicionado por la existencia de un modelo

claro de sociedad, de una lucha política y por unos resultados electorales, dicho sea sin sentido jerárquico.

Pienso que ni en cuanto a la lucha política ni a los resultados electorales se ha seguido el camino para

afianzar ese proyecto eurocomunista.

El PCE, y la izquierda en general, no han asimilado que la marginación popular resultante de la política

de consenso se ha convertido en uno de los peores enemigos de la democracia. Una marginación tanto

más grave cuanto que el eurocomunismo propugna el protagonismo creciente y directo de las masas en la

vida política.

La dirección no promovió la apertura

En segundo lugar, pienso, con todo respeto, que al PCE nada le ha beneficiado que su equipo dirigente

sea el mismo que por imposiciones del sectarismo de la III Internacional construyó la ideología y la

organización del partido según el modelo estalinista.

No es cierto que la apertura que ha tenido lugar en el partido proceda de una decisión de Santiago

Carrillo. Ha sido fruto de un mimetismo respecto al Partido Comunista Italiano y de la presión de las

nuevas generaciones comunistas, que habían actuado con notable autonomía mientras la dirección del

PCE se encontraba en París.

Por tanto, el mérito de la dirección no ha sido promover esa apertura sino haberla asumido.

El problema además está en hacer realidad ese principio eurocomunista de la alianza entre las fuerzas del

trabajo y la cultura. Si el PCE no presenta a los sectores profesionales e intelectuales un proyecto político

y cultural acorde, superando los planteamientos puramente obreristas, difícilmente va a tener en ellos la

presencia que necesita.

Por otra parte, mi marcha del partido no es un caso particular. Aunque de forma anónima, muchos

militantes que habían participado muy activamente en la política durante los años sesenta y setenta se han

ido marchando de la organización. En el plazo de los tres últimos años la militancia ha disminuido en un

treinta por ciento.

DIARIO 16 Esta falta de apoyo electoral, ¿cree que puede convertir en una tentación permanente el pacto

con la UCD, en detrimento del PSOE, al estilo de lo ocurrido tras las primeras elecciones?

Mohedano — Ha habido una mala imitación de la política del PCI, cuando el PCE no tiene la fuerza de

los comunistas italianos y la situación política española no se parece a la de Italia.

Hay una explicación de índole interna: no ha habido debate político dentro del partido para elaborar una

estrategia. Desde que la dirección volvió de París comenzaron las luchas por el poder y la política empezó

a estar en manos de muy pocas personas.

Cuando los hechos han demostrado que la UCD desempeña el papel que le corresponde, de partido de

derechas, se ha abandonado de golpe la tesis del Gobierno de concentración y se ha sustituido por la de

«política de concentración».

Cada vez está más claro que hay que pasar a la oposición. No descartó que se vuelvan a producir acuerdos

con la UCD, pero creo que las bases no lo iban a recibir muy bien, y en todo caso exigirían que tuvieran

carácter transitorio y restringido.

DIARIO 16 ¿Se puede hablar en el PCE de un «sector crítico» del estilo del que surgió, por ejemplo, en

el PSOE, que combata organizadamente las tesis de la dirección?

Mohedano — No hay nada organizado como «tendencia» o como corriente «critica», entre otras razones

porque no existe vida política interna, no hay debate político y, por tanto, las discrepancias no pueden

cristalizar.

Las únicas corrientes, si se pueden llamar así, son los denominados «equipos», más o menos dirigidos a la

conquista de parcelas de poder dentro del partido y en los que participa una minoría de los militantes. En

el PCE lo que hay es una insatisfacción generalizada, que es diferente. Y si hay esa situación de

desencanto es porque el partido se ha convertido en una máquina electoral. Entre el partido de clase que

proclamó Marx y el partido como aparato del Estado, que es a lo que está tendiendo el PCE, hay ya una

distancia insalvable.

DIARIO 16 ¿Cómo se explican expulsiones de prestigiosos militantes y dirigentes —el caso del PC de

Asturias y de Alvarez Areces— que apoyan decididamente el proyecto eurocomunista desde hace

tiempo?

Mohedano — Se trata de gente que habían actuado del modo más democrático y eurocomunista, no sólo

dentro del partido sino en la sociedad.

Se habían mostrado en contra del consenso, de la reducción del partido a máquina electoral y habían

planteado la necesidad de una renovación de la dirección, pero chocaron con los elementos

incondicionales de Carrillo en Asturias.

A veces el poder personal de Santiago supera con creces las atribuciones del secretario general. Santiago

ha tenido la tendencia a rodearse de incondicionales, a su persona, lo que no quería decir siempre que

fueran los más capacitados, aunque los hay y mucho.

«Tini» Areces y otros quisieron llegar más lejos que la dirección del partido.

Yo comparto con ellos, por ejemplo, la crítica del abandono de la lucha en los movimientos de masas,

abandono que se ha producido cuando no se podían controlar burocráticamente esos movimientos.

DIARIO 16 ¿Es cierto que tiene intención de ingresar en el PSOE?

Mohedano — Tengo que decir que soy monógamo en cuanto a afiliaciones políticas. No siento ninguna

alegría por irme del PCE, porque es reconocer el fracaso de un proyecto político con el que me he sentido

identificado. Y tampoco quiero desatar un escándalo. En cuanto al PSOE, nunca he pensado en pedir el

ingreso.

 

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