Autor: Vilar, Sergio. 
   La interminable crisis del PCE     
 
 Diario 16.    14/11/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

SERGIO VILAR

Escritor

La interminable crisis del PCE

Probablemente, ahora todos queden convencidos de que el eurocomunismo de

Carrillo y compañía no es más que una retahíla de frases publicitarias,

rupestres, pedestres y sietemesinas, con escaso fundamento real.

Lo vengo diciendo desde hace unos cinco años, contra la corriente de ingenuos

formada por la mayoría de militantes del PCE y contra la corriente de cuantos

confunden las palabras con los hechos. El eurocomunismo apenas se ha traducido

en la práctica, porque ya como teoría era y es casi inexistente.

La propaganda ha engañado a mucha gente: y en esto sí que hay que reconocer no

sólo a Carrillo, sino a casi todos los equipos burocráticos de los partidos

comunistas, que poseen un sistema sumamente eficaz para la difusión de nociones.

Es tanto más eficaz, o sea: penetra tanto más en el cerebro de las personas,

cuanto las fórmulas publicitarias son más rudimentarias, más simplistas. Es

asimismo tanto más eficaz cuanto de forma más dogmática se propague. Son reglas

elementales de toda campaña publicitaria.

Los equipos burocráticos de los partidos comunistas forman parte de los mejores

publicitarios del mundo. Entre ellos están los carrillistas, que, asimismo,

instrumentalizan el slogan político con super-repetitiva machaconería: hasta tal

punto que ellos mismos acaban creyéndose a pies juntillas la fórmula que

preconizan.

No otro puede ser el caso de personas como Azcárate: de formación moscovita,

stalinista durante décadas, fiel carrillista desde siempre, al parecer ha

acabado creyéndose lo que no ha sido más que una farsa monumental: ¡Azcárate se

ha tomado en serio el eurocomunismo, a pesar de estar tan próximo al ilusionista

Carrillo, mago en mover los hilos de cuantos polichinelas calcula que le

convienen para llevar adelante como sea su empresa teatral!

Adorables ingenuos Los demás, los más jóvenes, Pilar Brabo, Segura, Sartorius,

Zaldivar: ¡adorables ingenuos! Creían que en el PCE se podía desarrollar una

vida democrática. Las palabras zalameras de Carrillo (es un hombre que, cuando

quiere, sabe ser extraordinariamente cordial y simpático) les embriagaron, hasta

convertirse en fervientes carrillistas, sin darse cuenta de que toda la

democracia que preconizaba don Santiago era «hacia afuera» del partido (y aun

con muchas reservas).

Es preciso analizar a fondo la ideología para-totalitaria que Carrillo y

compañía difundieron durante dos o tres años en la sociedad española con su

obstinada proposición de «un Gobierno de concentración».

En cualquier caso, lo que no comprendieron Azcárate y sus jóvenes amigos es que

el diálogo democrático se podía desarrollar siempre y cuando manifestaran con

entusiasmo su acuerdo en todo lo que dijera Carrillo. Si no, la democracia en el

PCE no vale. Así es la paradoja.

El problema de fondo de estos distinguidos expulsados es que, como en el caso

de la inmensa mayoría de dirigentes comunistas, tienen una formación teórica

endeble.

Arbitrariedades

Esta falta de instrumentos teóricos les lleva a confundir constantemente los

ritmos de transformación de lo real, confunden lo superficial con lo profundo,

creen que cualquier movimiento coyuntural produce cambios en las estructuras,

cuando éstas y las relaciones que vienen del pasado no se transforman más que

a través de un tiempo de larga duración.

Pero estos expulsados —como otros— han caído igualmente en otras

equivocaciones, archilamentables por cuanto son repetitivas, esto es: son

errores en los que ya incurrieron muchísimos otros dirigentes comunistas en

todas las latitudes: el grave error de ser creyentes fervorosos en el culto a

la personalidad; en el presente caso, a la personalidad de Carrillo.

Ese culto a la personalidad les ha llevado, principalmente a Azcárate, a

apoyar dogmáticamente numerosas arbitrariedades del secretario general del

PCE. ¿Con qué derecho pueden Azcárate y compañía quejarse del «Führerprinzip»

que ahora Carrillo les aplica a ellos? ¿Por qué no protestó Azcárate cuando

Carrillo expulsó del PC a otros dirigentes, como Comorera, Claudín y Semprún?

¿Por qué Azcárate y los demás no se solidarizaron cuando otros, como Tamames,

decidieron marcharse por las buenas antes de que los expulsaran? Es una de

las cadenas productivas de alienación en los partidos comunistas: forman

opresores y represores de militantes y a la vez crean un sistema de opresión y

represión entre dirigentes, según normas antiquísimas, impera la ley del más

fuerte, la ley de la selva o del mar; el pez grande devora al pequeño.

Por eso yo estoy preocupadísimo por el porvenir de un joven rubio, hace años

aparentemente angelical, mi antiguo buen amigo Enrique Curiel. En esta crisis

del PCE le han dado uno de los papeles de fiscal o, mejor dicho, de inquisidor,

puesto que eso de pedir a los demás «que se retracten» es típicamente

inquisitorial. Curiel (probablemente por delegación expresa de Carrillo) ha

querido sacarles el «demonio» del cuerpo a los expulsados. ¡Ay, Curiel, Curiel!,

suerte tiene que Carrillo ya es viejo y que no puede durar mucho, pero aun así,

Curiel también corre el riesgo de que un buen día le expulsen.

¿Y entonces? Una política, la eurocomunista, a la que pocos años después le

sale una rama que se define como eurorrenovadora, es que nunca propuso

realmente nada nuevo. Está por ver también si los eurorrenovadores van a renovar

algo o no. De momento, creo que no, porque no acaban de liberarse del lenguaje

del «padre» (Carrillo), como ya predije en un articulo publicado en estas

mismas páginas con motivo del último congreso del PCE («Edipos en el PCE») y

en mi libro «El disidente». Porque, entre otras cosas, no se dan cuenta que

siguen apoyando los planes de su política en la parte muerta del pensamiento

de Marx. Habrá más crisis.

«... Impera la ley del más fuerte, la ley de la selva o del mar; el pez grande

devora al pequeño.»

 

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